La gracia en los Macedonios: el evangelio.

La gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia y que hizo que estas iglesias dieran (monetaria y físicamente) más allá de sus fuerzas –aun estando en gran prueba de aflicción y siendo profundamente pobres, esta gracia, implicó el comprender y abrazar (creer) el evangelio de Jesucristo de parte de los cristianos en Macedonia. En 2 Corintios 8:9 dice: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”. Nótese que este versículo comienza con la siguiente afirmación: “conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo”.

¿En qué consiste esta gracia de nuestro Señor Jesucristo? Consiste, en primer lugar, en que Jesucristo «siendo rico… por amor a vosotros se hizo pobre». ¿Quién es Jesucristo? Él es el Salvador (Jesús), el Mesías prometido (Cristo), pero también Él es el Señor (Dios mismo). Como Dios, Él es glorioso desde antes de la creación del mundo (Jn. 17:5); a Él le pertenece el oro y la plata (Hag. 2:8); Él es tan rico que Él es quien da las riquezas a los ricos (1 Ti. 6:17); Él no solamente es dueño del oro y la plata, sino también del mundo y todo lo que en él hay (Sal. 50:12). Sin embargo, se hizo pobre. “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros” –dice Juan 1:14; cuando Jesús nació, sus padres terrenales lo acostaron en un pesebre [cajón donde se echa la comida a los animales] ya que no había lugar para ellos en el Mesón (Lc. 2:7). En Filipenses 2:7,8 se dice acerca de Jesucristo: “se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Y preguntamos: Señor Jesucristo, ¿qué había en tu corazón al hacer esto? ¿Por qué te humillaste tanto? Él nos responde a través de 2 Corintios 8:9: “por amor a vosotros”.

Esta gracia de nuestro Señor Jesucristo consiste, en segundo lugar, en lo siguiente: “para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”. Anteriormente vimos el por qué (razón o causa): amor a ti y a mí. Ahora vemos el para qué (propósito): nuestra riqueza espiritual. Jesucristo bajó, para subirnos a nosotros; se humilló, para llevarnos a la gloria; no se salvó (Mt. 27:40-43), para salvarnos a nosotros. Nosotros llegamos a ser ricos por medio de Su pobreza, fuimos enriquecidos a expensas de Su pobreza. Todo esto no fue un accidente, sino un acto consciente, intencional y amoroso de nuestro Señor Jesucristo. Por Su obediencia hasta la muerte de cruz hemos sido enriquecidos con la adopción como hijos de Dios, hemos sido enriquecidos con la segura aceptación delante de Dios Padre, hemos sido enriquecidos con la redención, hemos sido enriquecidos con el perdón de pecados, hemos sido enriquecidos con la morada de Su Santo Espíritu en nosotros, hemos sido enriquecidos con una gran herencia reservada en los cielos.

El comprender y abrazar esto llevó a las iglesias de Macedonia a dar (monetaria y físicamente). ¿Nos llevará esta gracia a algo menos? ¿No abunda más nuestro amor por Jesucristo al contemplar Su gran amor por nosotros? ¿No es el dar (monetaria y físicamente), especialmente para suplir las necesidades de otros cristianos, una de las formas de demostrar la sinceridad de nuestro amor hacia Aquel por cuya pobreza llegamos a ser ricos?

1ra parte; 2da parte

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