Ensalzado al ser justificado.

Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos…

Yo, de pie y a cierta distancia,
no quiero ni mirar hacia arriba;
con mi puño mi pecho golpeo
y al Dios misericordioso apelo.

Mi mal pensar hoy te confieso,
de mi mal obrar me arrepiento;
voy al Único que puede justificar
y, lleno de gracia, perdón dispensar.

Mi confianza está sólo en Aquel
que cumplió tu ley perfectamente,
solamente por Su justo obrar
me atrevo a esta oración articular.

No merezco en tu presencia estar,
aun uno señala a mi mal obrar.
Aunque, yo soy un gran pecador,
Jesús es el más grande Salvador.

Por Misael Susaña. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni distribuida, de ninguna manera, sin el permiso del autor.

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