Tripp sobre “La labor de criar adolescentes”.

Nosotros no somos los autores del cambio; nunca seremos nada más y nada menos que instrumentos en las manos de Aquel que crea el cambio. No debemos tratar de hacer Su trabajo, sino ser personas que entienden lo que significa orar sin cesar.

En todo esto, debemos recordar las verdades de la Palabra. No estamos solos (Jos. 1:1-9). Dios es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Sal. 46). Él está obrando en cada situación, ubicación y relación para alcanzar lo que es bueno (Ro. 8:28ss). Él está obrando en nosotros para lograr cosas que son más grande de lo que pedimos o entendemos (Ef. 3:14-20). No necesitamos temer nuestras debilidades, porque Su gracia es suficiente y Su fuerza se perfecciona cuando somos débiles (2 Co. 12:7-10). Ya se nos ha dado todo lo que necesitamos para hacer la voluntad de Dios (2 Pe. 1:3-4). Dios ha prometido darnos sabiduría sin favoritismo (Stg. 1:5). Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad (1 Jn. 1:9). Debido a la victoriosa obra de Cristo, nuestra labor en Su nombre no es en vano (1 Co. 15:58). El día se acerca cuando esta lucha acabará y no habrá más pecado ni dolor (1 Co. 15:50-57).

¿Qué hacen estas promesas para nosotros? Cambian totalmente la manera en la cual nosotros pensamos acerca de nuestra labor de criar adolescentes. Nuestra meta no puede ser la supervivencia. Esta meta es demasiado baja porque olvida las gloriosas cosas que Dios está haciendo en nosotros y ha prometido hacer a través de nosotros. Tenemos una maravillosa oportunidad –la de ser a diario parte de la gloriosa obra de redención de Dios–. ¡No hay más grande llamamiento! Debemos ver nuestra labor de criar como más que un deber. Es un gran privilegio. ¿Cómo puede ser que Dios nos confiara una labor tan significativa? Tenemos que abrazar nuestro llamamiento con esperanza. ¡Él está aquí, Él está obrando! ¡Tenemos una razón para levantarnos en la mañana y recordarnos que nuestras vidas tienen propósito y significado eterno! Tenemos una razón para salir en fe y hacer con valor las cosas que Dios nos ha llamado a hacer mientras criamos a nuestros adolescentes.

Este artículo es un extracto tomado de: Paul David Tripp. Age of Opportunity [Edad de Oportunidad], pp. 252, 253. Traducción de Misael Susaña.

Fe y conducta.

Después de que el autor de Hebreos ha mostrado la superioridad de Cristo, ha animado a sus lectores a continuar en la fe y los ha advertido en contra de la apostasía; el pasa a dar algunas exhortaciones finales en el capítulo 13. Y dentro de esas exhortaciones se encuentra la siguiente: “Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe” (v. 7). Aunque el texto no dice literalmente “pastores”, sin duda alguna los incluye; ya que los pastores son aquellos que guían y hablan la Palabra de Dios.

El llamamiento allí es a que imitemos la fe de nuestros pastores, considerando el resultado de su conducta. Al ver el resultado de la conducta de nuestros pastores, sabemos que vale la pena tener fe.

Ahora, algo claro que se nos enseña en Hebreos es que los creyentes no van a obtener todo lo que Dios les ha prometido de este lado del cielo (Heb. 11:39). Pero el resultado de la conducta de ellos que tienen fe todavía puede ser visto en su paciencia: “a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12); en el gozo en medio de la aflicción: “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión” (Heb. 10:34); en el buen testimonio de parte de Dios: “Y todos éstos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa” (Heb. 11:39). Y es que la fe viva, la fe verdadera, siempre se reflejará en la conducta –y en una buena conducta–. Dicho negativamente, en palabras de Santiago, la fe sin las obras está muerta (Stg. 2:17).

Permítanme resaltar que el llamamiento no es que aquellos que están siendo discipulados por el pastor imiten su estilo de predicación, tampoco es un llamamiento a ser indulgente con tus pecados porque tu pastor también peca. El llamamiento es a imitar su fe.

A LOS PASTORES

Ahora, este versículo no habla solamente a ti y a mí; este versículo habla implícitamente a los pastores. Es deber de los pastores, aparte de guiar y hablar la Palabra, ser modelos de fe que otros puedan imitar. Ellos deben ser «ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1 Ti. 4:12). Y por si acaso todavía no lo has entendido, una conducta ejemplar es mucho más que una conducta aceptable. Los pastores deben ser capaces de decir públicamente: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” (1 Co. 11:1).

Pastor, recuerda que aquellos que te dan sus oídos también tienen sus ojos en ti. Por lo tanto, que la Palabra de Dios que hablas sea también aplicada a tu conducta.

Müller: alimentó a 10,000 por la oración y la fe.

George Müller

George Müller fue un pastor y misionero que nació en Alemania el 27 de septiembre de 1805 y murió en Inglaterra el 10 de marzo de 1898. Müller es mejor conocido por su trabajo con los huérfanos. Motivado por la situación de los huérfanos de Inglaterra en ese entonces (en 1834 había alojamiento para 3,600 niños) y con dolor por la incredulidad de muchos que profesaban ser creyentes, Müller construyó cinco grandes casas para huérfanos y cuidó a 10,024 huérfanos a lo largo de su vida.

Refiriéndose a las casas para los huérfanos, Müller dijo: “Necesitaba ser algo que pudiera ser visto incluso por el ojo natural. Si yo, un hombre pobre, simplemente por la oración y la fe, obtenía, sin pedirle a ningún individuo, los recursos para establecer y llevar adelante una Casa de Huérfanos; eso sería algo que, con la bendición de Dios, podría ser un medio para fortalecer la fe de los hijos de Dios además de ser un testimonio a la conciencia de las inconversos, de la realidad de las cosas de Dios. Esta, entonces, fue la razón principal de crear una Casa de Huérfanos… que Dios sea magnificado por el hecho de que los huérfanos bajo mi cuidado son provistos con todo lo que necesitan tan solo por medio de la oración y la fe, sin yo ni mis colaboradores pedirle a nadie, y así se pueda ver que Dios es TODAVÍA FIEL y TODAVÍA ESCUCHA LAS ORACIONES” (Mueller, Narrative). Continúa leyendo Müller: alimentó a 10,000 por la oración y la fe.

Sé fuerte y valiente.

Josué, hijo de Nun, fue uno de los doce espías enviados a reconocer la tierra que Dios había prometido dar a los hijos de Israel (Canaán). De los doce espías, Josué fue uno de los dos que sobrevivió; porque a diferencia de los otros diez, Josué había dado un buen informe de la tierra y había invitado al pueblo a confiar en Dios.

CaballeroDespués de la muerte de Moisés, Dios le dijo a Josué: “tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría” (Josué 1:6). Así que aquí tenemos a Josué, frente a un pueblo que todavía no había poseído la tierra prometida. Y que para poseerla tenía que enfrentar a «los amorreos, ferezeos, cananeos, heteos, gergeseos, heveos y jebuseos» (Jos. 24:11). Además, el pueblo ya era numeroso, cientos de miles de personas. Y su líder Moisés, un profeta único en Israel que había conocido al Señor cara a cara, a través de quien Dios hizo señales y prodigios ante los egipcios, y hechos grandiosos y terribles a la vista de todo Israel, ese líder había muerto. “¿Yo? ¡Yo… yo no soy Moisés! ¿Yo tan solo soy el ayudante? ¿Qué pasará con todo este pueblo? ¿Me seguirán como lo hicieron con Moisés? Si fueron rebeldes aun cuando Moisés vivía, ¿cuánto más ahora que él ha muerto?” –no sería extraño que cosas como esas pasaran por la cabeza de Josué. Continúa leyendo Sé fuerte y valiente.