ÂżRecuerdas a los valientes de David –un ejercito tan grande y poderoso que en 1 CrĂłnicas 12:22 se le llama «como un ejĂ©rcito de Dios»? De ese ejercito vimos que su poder procedĂa de Dios. Ahora consideremos el ejĂ©rcito de GedeĂłn, el cual se relata en Jueces 7.
He aquĂ las palabras que Dios dijo a GedeĂłn: «El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que yo entregue a Madián en sus manos; no sea que Israel se vuelva orgulloso, diciendo: «Mi propia fortaleza me ha librado.» Ahora pues, proclama a oĂdos del pueblo, diciendo: «Cualquiera que tenga miedo y tiemble, que regrese y parta del monte Galaad«. AsĂ el ejĂ©rcito de GedeĂłn se redujo a 10,000 hombres. Pero allĂ no terminĂł todo, sino que Dios agregĂł: “TodavĂa el pueblo es demasiado numeroso; hazlos bajar al agua y allĂ te los probarĂ©. Y será que de quien yo te diga: «Este irá contigo», Ă©se irá contigo; pero todo aquel de quien yo te diga: «Este no irá contigo», Ă©se no irá” (v. 4). Al final el ejĂ©rcito de GedeĂłn quedĂł reducido a 300 hombres que lamieron agua como perros, segĂşn el versĂculo 6.
Leemos la descripción del ejército enemigo: “Y los madianitas, los amalecitas y todos los hijos del oriente estaban tendidos en el valle, numerosos como langostas; y sus camellos eran muchos, innumerables, como la arena que está a la orilla del mar” (v. 12). 300 hombres versus un ejercito tan numeroso como langostas –no es sorpresa que Gedeón tuviera miedo al principio.
La batalla terminó con la victoria de los 300 hombres del ejercito de Gedeón. ¿Por qué? Porque Dios, al igual que estuvo con David y sus valientes, estuvo con Gedeón y sus 300 hombres. Dios fue quien le dio la victoria a Gedeón, lo notamos en Sus palabras: «Entonces el SEÑOR dijo a Gedeón: Os salvaré con los trescientos hombres» (v. 7); y Gedeón asà lo reconoció: «el SEÑOR ha entregado en vuestras manos el campamento de Madián» (v. 15). Sea siempre nuestra oración: «SEÑOR, no hay nadie más que tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh SEÑOR Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos» (2 Cr. 14:11). Amén.
1ra parte; 2da parte