El corazón del problema.

Los conflictos existen debido a los deseos pecaminosos del corazón y estos últimos son evidencia de que nuestra relación con Dios no anda bien. El Dios de toda gracia nos llama a volver a Él en arrepentimiento.

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La doble gracia de acostarse y dormir.

Salmos 4, conocido como una salmo vespertino, fue escrito por David en medio de la angustia. Sin embargo, el salmista hace la siguiente declaración: “En paz me acostaré y así también dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces habitar seguro” (v. 8). ¡La angustia está a su alrededor, pero David dice que tiene paz en su corazón!

Nótese, en primer lugar, que David puede acostarse en paz en medio de la angustia. Las circunstancias externas que él está experimentando, circunstancias que no son cómodas, no le han impedido acostarse en paz.

En segundo lugar, nótese que David no sólo se acuesta, sino que también duerme en paz. El acostarse no garantiza el dormir. ¿¡Cuántas veces nos hemos acostado pero no podemos dormir!? Pero David disfrutó la doble gracia de tanto acostarse como dormir en paz.

Todo eso no era el resultado de que David tenía muchos soldados fieles que lo protegerían. David atribuye la doble gracia de acostarse y dormir en paz sólo a Dios. ¡Dios le daba paz! ¡Dios le daba seguridad! David había clamado a Dios con la confianza de que sería escuchado (vv. 1, 3). David sabía que Dios había apartado, escogido, al piadoso para sí mismo; por lo tanto, Dios cuidaba de él. Y David había experimentado una alegría mucho mayor que la alegría de los demás cuando tienen cosas en abundancia.

FALTA DE SUEÑO E INCREDULIDAD

Lo que vemos en este salmo nos lleva a examinarnos: ¿está mi falta de sueño apuntando a una falta de confianza en Dios? Es cierto que no siempre es así, pero la pregunta sigue siendo pertinente. ¿Estoy queriendo controlar los resultados en vez de hacer lo que me corresponde y dejar los resultados a Dios? ¿Estoy preocupado por lo que puede suceder mañana en vez de recordar que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana?

Eternidad: amargura o deleite multiplicado.

¿Alguna vez te has detenido a pensar como la duración de algo es capaz de incrementar o disminuir nuestra alegría, de dar o quitar la esperanza? ¿Qué pasa cuando estás disfrutando de algo que todavía le falta mucho por acabar? Tu alegría crece. Pero cuando están disfrutando de algo que está a punto de acabar tu alegría disminuye. ¿Qué pasa cuando estás en una situación difícil pero que sabes que pronto acabará? Tienes esperanza. ¿Qué pasa cuando estás en una situación desagradable y no puedes ver su fin? Pierdes toda esperanza.

En Mateo 25:46 Jesucristo dijo las siguientes palabras: “Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna”. Jesús está hablando acerca del día en el cual Él vendrá al mundo por segunda vez y del destino de los justos y los injustos.

Ahora, ¿quiénes son los justos y los injustos aquí? Los justos son aquellos que desde la eternidad, antes de que realizaran obra alguna, fueron bendecidos por Dios Padre para que heredaran el reino de los cielos. Ellos se arrepintieron sinceramente de todos sus pecados y confiaron en Jesucristo como único y suficiente Salvador y Señor, y fueron declarados (vistos y tratados como) justos por Dios. Y ellos tuvieron como fruto una vida progresivamente santa. Los injustos son lo contrario a todo lo dicho anteriormente.

¿Cuál es el destino de los injustos? El castigo eterno: vergüenza y confusión (Dn. 12:2), tormento (Lc. 16:23, 24), perdición (2 Ts. 1:9). ¿Cuál es el destino de los justos? La vida eterna: perfecta comunión con Dios (Jn. 17:3), gozo pleno, deleites (Sal. 16:11).

Nótese que el mismo adjetivo describe tanto al castigo que sufrirán los injustos como a la vida que disfrutarán los justos. En otras palabras, el castigo eterno es un castigo sin fin tanto como la vida eterna es una vida (en todo el sentido de la palabra) sin fin. Debido a que el castigo de los injustos no acabará, ellos no tendrán esperanza, sino que perderán toda esperanza. Y debido a que el disfrute de los justos no acabará, su alegría no disminuirá un ápice, sino que crecerá más y más.

¿Por qué el inocente fue condenado?

Esposas

Cuando Jesús fue llevado al sumo sacerdote para ser interrogado, Jesús respondió que podían preguntarles a todos los que habían oído sus enseñanzas ya que Él había hablado abiertamente. Entonces, uno de los alguaciles le dio una bofetada a Jesús. Y Jesús dijo: “Si he hablado mal, da testimonio de lo que he hablado mal; pero si hablé bien, ¿por qué me pegas?”. Jesucristo era inocente, Él no había cometido ningún crimen ni en palabra ni en acción; por lo tanto, no merecía ser abofeteado ni castigado de ninguna otra forma. Jesucristo fue el único que nunca pecó y siempre hizo lo correcto delante de los ojos de Dios.

LAS AUTORIDADES

Las autoridades conocen las leyes más que el pueblo y, por lo tanto, son capaces de encontrar delitos en alguien fácilmente. Aun así, Pilato (procurador romano de Judea) dijo acerca de Jesús: “yo no encuentro ningún delito en El” (Jn. 19:6).

LOS CONOCIDOS

Los conocidos no son ni amigos que pueden estar a favor ni enemigos que pueden estar en contra, hasta cierto punto su testimonio es imparcial. Jesús fue crucificado entre dos ladrones. Aunque es muy probable que hubieran escuchado acerca de Jesús, ellos no andaban con Jesús. Y uno de ellos dijo: “Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero [Jesús] nada malo ha hecho” (Lc. 23:41). Sigue leyendo