En una de mis clases de secundaria, durante una socialización con los estudiantes, llegamos a una sección del libro titulada “La verdad acerca de mentir”. Allí se afirmaba que, según diversos estudios, las personas mienten en promedio dos veces al día, que la mayoría de las mentiras son sobre asuntos insignificantes y que los hombres tienden a mentir con mayor frecuencia que las mujeres.
Esto despertó en mí el interés de investigar qué dicen los estudios específicamente sobre los cristianos y la mentira. Los resultados produjeron en mí una profunda tristeza.
En 2007, el diario The Dallas Morning News citó una encuesta en la que el 51% de 700 cristianos encuestados admitió haber mentido durante el mes anterior. Años más tarde, en 2016, el Pew Research Center encontró que la mentira es común entre las personas religiosas y que no existe una gran diferencia entre quienes se consideran religiosos y quienes no: el 39% de los religiosos reconoció haber mentido en la última semana, frente al 45% de los no religiosos.
Pero eso no es todo. Investigadores, incluidos los del Barna Group, han señalado que los cristianos pueden estar influenciados por lo que se conoce como “sesgo de deseabilidad social”. En términos sencillos, esto significa que, por temor al juicio de los demás, es probable que reporten menos mentiras de las que realmente dicen.
El pecado de la mentira
En la primera parte de Colosenses 3:9, el apóstol Pablo (inspirado por Dios), dice:
“Dejen de mentirse los unos a los otros”.
Mentir es pecado porque está prohibido en la Biblia. Y ese no es el único versículo en el que se prohíbe. Efesios 4:22 dice que debemos despojarnos de la mentira. Y el versículo 25 dice que debemos ponerla a un lado. Allá en 1 Pedro 2:1 se dice que debemos desecharla.
Continuar leyendo El imperativo contra la mentira.