Quien dices que soy.

LETRA

[VERSO 1]
Quién soy yo para que el gran Rey
Me acepte así
Me encontró en mi perdición
Su amor por mí
Oh su amor por mí

[CORO 1]
Libre soy en Él
Libre en verdad
Soy hijo de Dios
Sí lo soy

[VERSO 2]
Libre soy Él me rescató
Su gracia en mí
Aun siendo yo pecador
Él murió por mí
Él murió por mí

[CORO 2]
Libre soy en Él
Libre en verdad
Soy hijo de Dios
Sí lo soy
En tu casa Dios
Sitio hay para mí
Soy hijo de Dios
Sí lo soy

[PUENTE]
Escogido
Perdonado
Yo soy quien dices que soy
Vas conmigo
A mi lado
Yo soy quien dices que soy

Letra y Música por Ben Fielding & Reuben Morgan
Traducción por Toni Romero, Dámaris Aragón y Marian Olmos
© 2017 Hillsong Music Publishing Australia CCLI: 7106175

¿Estás siendo sal de la tierra?

Muchas veces nos sorprendemos por lo mal que está este mundo. Y al decir “mundo” me refiero a las personas sin Dios que viven en este mundo. Y nos asombramos de que éste vaya de mal en peor: hoy se legalizan pecados que en otro tiempo eran penalizados; los pecados que antes eran escandalosos, hoy son celebrados abiertamente.

Pero esas cosas no deberían sorprendernos, al menos no mucho. Porque según la Palabra de Dios, las personas de este mundo están muertas en sus delitos y pecados; eso quiere decir, que si son dejados a ellos mismos, todo lo que pensarán, desearán y harán serán cosas malas. No podemos esperar que ellos actúen de otra manera por ellos mismos.

Lo que sí debería sorprendernos es que aquellos que han sido elegidos por Dios Padre para ser santos, salvados por Jesucristo del pecado y que están siendo santificados por el Espíritu Santo estén en un punto medio o se conformen a forma de pensar de las personas sin Dios que viven en este mundo. Eso sí deberá sorprendernos mucho.

LA SAL

En el contexto del sermón del monte, Jesús dirigió la siguiente enseñanza a Sus discípulos que se habían acercado a Él para escucharlo:

“Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres” (Mateo 5:13).

Aunque no todos podemos definir científicamente qué es la sal, sí podemos identificarla: la sal es una sustancia blanca y cristalina, de sabor acre y que se disuelve fácilmente en el agua. ¿Para qué sirve la sal? La sal sirve como condimento, para sazonar o dar sabor a la comida (Job 6:6). Pero también sirve para preservar los alimentos (principalmente las carnes) de corromperse con bacterias. Es por eso que le echan sal al bacalao, para conservarlo por meses.

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Chandler sobre “la violencia del evangelio”.

El esfuerzo impulsado-por-gracia es violento. Es agresivo. La persona que entiende el evangelio entiende que, como una nueva creación, su naturaleza espiritual está en oposición a su pecado ahora, y busca no tan solo debilitar el pecado en su vida, sino destruirlo totalmente. Por amor a Jesús, quiere que el pecado muera de hambre, y cazará y perseguirá a muerte cada pecado en su corazón hasta que alcance el éxito. Esto es muy diferente a simplemente querer ser bueno. Es el resultado de que los afectos hayan sido transferidos a Jesús. Cuando el amor de Dios nos agarra, éste saca nuestro amor por otros dioses y libera nuestro amor para que fluya de vuelta a Él en verdadera adoración. Y cuando amamos a Dios, le obedecemos.

El moralista no opera de esa manera. Mientras que la verdadera obediencia es el resultado del amor, el legalismo moralista asume que funciona de la otra manera, que el amor resulta de la obediencia. Desde el punto de vista del legalismo moralista, los asuntos de raíz no son de mucha importancia, la obediencia aparente sí lo es. El moralista está mucho más interesado en las acciones externas, lo cual todavía da lugar al pecado en su corazón. El deísmo moralista y terapéutico está bien con que el pecado se esconda en la madriguera. El evangelio quiere bombardear la madriguera. Siempre y cuando el mal comportamiento no sea visible o tangible, el moralista tolerará algunos de los que Jerry Bridges llama “pecados respetables”. Un moralista no caza; no está buscando agresivamente destruir eso que es malo en él, sino que está contento con simplemente lavar sus manos.

[…]

Cuando pensamos que estamos lidiando sólo con los llamados pecados respetables, pensamos que estamos tratando con una cabra a punto de desmayar cuando en verdad estamos molestando a un león. Piensa en un programa de televisión como When Animals Attack [Cuando los animales atacan]. A veces me encuentro a mí mismo apoyando a los animales simplemente porque las personas son tan tontas. Los testigos en los videos siempre dicen cosas como: “no puedo creer que esto pasara”. Pero yo pienso: “yo sí puedo creer que esto pasara. Es un león. Eso es lo que hace. Para hacer eso fue creado”.

Las personas que entienden el evangelio de Cristo Jesús buscan mortificar el pecado porque entienden que el pecado es un león y que eventualmente los destruirá o devorará. Por gracia y en gracia recorremos cada esquina de nuestros corazones, cada pulgada cuadrada de nuestras vidas y sondeamos nuestras mentes para encontrar alguna cosa que no esté en sumisión a Cristo Jesús, y la erradicamos del todo para la gloria de Dios, para la seguridad de nuestra alma y por amor a aquellos que están a nuestro alrededor.


Este artículo es un extracto tomado de: Matt Chandler. The Explicit Gospel (USA: Crossway, 2012), pp. 217-219.