Eternidad: amargura o deleite multiplicado.

¿Alguna vez te has detenido a pensar como la duración de algo es capaz de incrementar o disminuir nuestra alegría, de dar o quitar la esperanza? ¿Qué pasa cuando estás disfrutando de algo que todavía le falta mucho por acabar? Tu alegría crece. Pero cuando están disfrutando de algo que está a punto de acabar tu alegría disminuye. ¿Qué pasa cuando estás en una situación difícil pero que sabes que pronto acabará? Tienes esperanza. ¿Qué pasa cuando estás en una situación desagradable y no puedes ver su fin? Pierdes toda esperanza.

En Mateo 25:46 Jesucristo dijo las siguientes palabras: “Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna”. Jesús está hablando acerca del día en el cual Él vendrá al mundo por segunda vez y del destino de los justos y los injustos.

Ahora, ¿quiénes son los justos y los injustos aquí? Los justos son aquellos que desde la eternidad, antes de que realizaran obra alguna, fueron bendecidos por Dios Padre para que heredaran el reino de los cielos. Ellos se arrepintieron sinceramente de todos sus pecados y confiaron en Jesucristo como único y suficiente Salvador y Señor, y fueron declarados (vistos y tratados como) justos por Dios. Y ellos tuvieron como fruto una vida progresivamente santa. Los injustos son lo contrario a todo lo dicho anteriormente.

¿Cuál es el destino de los injustos? El castigo eterno: vergüenza y confusión (Dn. 12:2), tormento (Lc. 16:23, 24), perdición (2 Ts. 1:9). ¿Cuál es el destino de los justos? La vida eterna: perfecta comunión con Dios (Jn. 17:3), gozo pleno, deleites (Sal. 16:11).

Nótese que el mismo adjetivo describe tanto al castigo que sufrirán los injustos como a la vida que disfrutarán los justos. En otras palabras, el castigo eterno es un castigo sin fin tanto como la vida eterna es una vida (en todo el sentido de la palabra) sin fin. Debido a que el castigo de los injustos no acabará, ellos no tendrán esperanza, sino que perderán toda esperanza. Y debido a que el disfrute de los justos no acabará, su alegría no disminuirá un ápice, sino que crecerá más y más.

Whitney sobre “Servicio motivado por gratitud”.

Cita

El profeta Samuel exhortaba al pueblo de Dios al servicio por medio de estas palabras: «Asegúrense de temer al Señor y de servirlo fielmente. Piensen en todas las cosas maravillosas que él ha hecho por ustedes» (1 Samuel 12:24). Cuando servir a Dios parece una carga, recordar «las cosas maravillosas que él ha hecho por ustedes» evapora el agobio.

¿Usted recuerda cómo es no conocer a Cristo, no tener a Dios ni esperanza? ¿Recuerda cómo se sentía ser culpable ante Dios y no tener perdón? ¿Recuerda el terror de saber que había ofendido a Dios y que su ira ardía contra usted? ¿Recuerda el horror de saber que solo un paso lo separaba del infierno? Ahora, ¿recuerda la experiencia de ver a Jesucristo con los ojos de la fe y de comprender por primera vez quién es él de verdad y qué ha hecho a través de su vida, su muerte y su resurrección? ¿Recuerda el gozo de la primera vez que fue consciente del perdón y de la liberación del juicio y el infierno? ¿Recuerda la primera vez que tuvo la incomparable percepción de la certeza del cielo y la vida eterna? Cuando el fuego del servicio a Dios disminuya, considere las cosas maravillosas que el Señor ha hecho por usted.

Dios no ha hecho nada más grande por nadie, ni podría hacer nada mayor por usted, que lo que ha hecho al acercarlo hacia él mismo. Imagínese si él pusiera diez millones de dólares en su cuenta bancaria cada mañana por el resto de su vida, pero no lo salvara. Imagínese que él le diera el cuerpo más agraciado y la cara más hermosa que haya existido jamás, un cuerpo que no envejeciera en mil años, pero que al morir, lo dejara fuera del cielo y lo enviara a vivir la eternidad en el infierno. ¿Qué cosa le ha dado Dios a alguien que pueda compararse con la salvación que le dio a usted como creyente? ¿No ve que Dios jamás podría hacer algo por usted u obsequiarle algo mayor que el regalo de entregarse a sí mismo? Si no podemos ser siervos agradecidos de Aquel quien es todo y en quien tenemos todo, ¿qué nos hará agradecidos?

Este artículo es un extracto tomado de: Donald Whitney. Disciplinas espirituales para la vida cristiana (Illinois, EE. UU.: Tyndale House Publishers, 2016), pp. 157-158.

Spurgeon sobre “Aquellos que critican la elección”.

Cita

Hay quienes dicen: “Dios es cruel cuando elige a uno y pasa por alto a otro.” Entonces, yo les preguntaría: ¿Hay alguien el día de hoy que desea ser santo, que desea ser regenerado, que desea abandonar el pecado y caminar en santidad? “Sí, hay,” dice alguien, “Yo quiero.” Entonces Dios te ha elegido a ti. Sin embargo otro dice: “No; yo no quiero ser santo; no quiero dejar mis pasiones ni mis vicios.” ¿Por qué te quejas, entonces, de que Dios no te haya elegido a ti? Pues si hubieras sido elegido, no te gustaría, según lo estás confesando. Si Dios te hubiera elegido hoy a la santidad, tú dices que no te importa. ¿Acaso no estás reconociendo que prefieres la borrachera a la sobriedad, la deshonestidad a la honestidad?

Amas los placeres de este mundo más que la religión; ¿entonces, por qué te quejas que Dios no te haya elegido para la religión? Si amas la religión, Él te ha elegido para la religión. Si la deseas, Él te ha elegido para ella. Si no la deseas, ¿qué derecho tienes de decir que Dios debió haberte dado aquello que no deseas? Suponiendo que tuviera en mi mano algo que tú no valoras, y que yo dijera que se lo voy a dar a tal o cual persona, tú no tendrías ningún derecho de quejarte de que no te lo estoy dando a ti. No podrías ser tan necio de quejarte porque alguien más ha obtenido aquello que a ti no te importa para nada. Sigue leyendo