Dios no confía en ti.

Me he topado con un par de canciones y varios sermones que dicen explícitamente “Dios confía en ti”. ¿Lo has escuchado alguna vez? Algunas de esas canciones tienen una buena melodía y algunos de esos sermones son muy motivadores, pero no es cierto que Dios confía en ti.

LO QUE LA BIBLIA DICE

No sé qué Biblia ellos leerán, pero la Biblia que yo tengo no dice tal cosa en ninguna parte. Más bien dice todo lo contrario: “Dios no confía ni aún en sus propios siervos; y a sus ángeles atribuye errores” (Job 4:18). Si Dios es tan alto que no confía en Sus ángeles, mucho menos en los hombres. Y en Jeremías 17:5 Dios dice las siguientes palabras: “Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón”. No me imagino a Dios condenando la confianza en el hombre y después haciendo lo mismo que Él condena.

Lo que sí dice la Biblia repetidas veces es que nosotros debemos confiar en Dios: “Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios” (Salmos 146:5). Nótese que en ese versículo se dice que aquel que confía en Dios es bienaventurado, es decir, dichoso o feliz. Y la razón de eso es que a diferencia de los hombres, Dios puede salvar.

JESÚS Y EL ESPÍRITU

La venida de Jesucristo demuestra que Dios no confía en el hombre: “Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3). Jesucristo descendió del cielo a salvarnos porque Dios sabía que nosotros habíamos sido tan debilitados por el pecado que era imposible salvarnos a nosotros mismos.

La morada del Espíritu Santo es otra demostración de que Dios no confía en el hombre: “porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las oras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13). Jesucristo ascendió al cielo, pero no nos dejó solos como si nosotros ya fuéramos lo suficiente “grandecitos” como para andar solos. No, Él envió Su Espíritu a morar en nuestros corazones para así darnos el poder para vivir como Él quiere que vivamos.

Así que, no, Dios no confía en ti. Y eso es una buena noticia, porque eso resulta en la salvación de Dios para ti.

4 formas creativas de iniciar una conversación sobre el evangelio.

Evangelizar es una de las obras a las que Dios nos llama a participar a nosotros, aquellos que hemos creído en el evangelio de Jesucristo y hemos sido salvados por Su sola gracia. Antes de hacer esta obra muchos somos somos asaltados por la ansiedad. Pero después de hacerla sabemos que valió la pena el esfuerzo.

En este artículo veremos cómo hacer una de las partes más difíciles al momento de evangelizar: iniciar la conversación.

Acercarte a una persona y preguntarle si sabe cuál es la pregunta del millón, que es: ¿irás al cielo cuando mueras? Escucha su respuesta. Hazle saber que nadie, por defecto, va al cielo y qué tiene que hacer para ir a él.

Puedes acercarte a una persona y preguntarle: ¿venderías uno de tus ojos por $1 millón? ¿y tus dos ojos por $20 millones? Nadie en su sano juicio haría tal cosa. Cuando la persona responda negativamente, dile que Jesús enseñó que entrar al cielo es más valioso que tener ambos ojos (Marcos 9:47) y que nada es más valioso que salvar el alma (Mateo 16:26).

También puedes ofrecerle una atractiva suma de dinero a las “buenas personas”. Muchas persona creen que son buenas porque no son como “otros”; pero cuando son expuestos a las demandas de la ley de Dios, terminan admitiendo que no son tan buenas como pensaban. Pregunta: ¿Amas a Dios por encima de todo? ¿Alguna vez te has enojado tanto contra alguien que quisieras que muriera? ¿Has mirado a otra persona con lujuria? ¿Has tomado algo que no te pertenece? ¿Cuántas mentiras has dicho en tu vida? El punto de todo esto es mostrar que no hay personas suficientemente buenas para ganar el cielo. Pero aun así, Dios, en Jesús, ofrece gratuitamente algo muchísimo mejor que el dinero –la salvación–.

Otra cosa que puedes hacer es una prueba de inteligencia: ¿Qué es más grande que Dios, peor que el maligno, los muertos lo comen y que si los vivos lo comen, entonces mueren? Respuesta: nada. Dile a la persona que somos fácilmente engañados y que algo en lo que no podemos darnos el lujo de estar equivocados es con respecto a nuestra relación con Dios y dónde pasaremos toda la eternidad. Para eso, haz preguntas como “¿hay un Dios?”, “¿son los estándares de Dios iguales a los nuestros?”, “¿hay un infierno?”, “¿no vamos al infierno viviendo una buena vida?”. Comparamos la respuesta con lo que la Biblia enseña. Hay otra prueba de inteligencia para los más matemáticos: “mil” más “cuarenta”. Ahora súmale otros “mil”. Súmale “diez”. “Mil” más. Súmale “cuarenta”. Ahora súmale “diez” más. ¿Cuál es el total? Respuesta: 3100.

Living Waters [Aguas Vivientes] es un ministerio que ayuda a los cristianos a compartir su fe de forma efectiva y bíblica. En su tienda en línea puedes recursos como estos para evangelizar.

Para más información sobre cómo evangelizar, te invitamos a escuchar el sermón Una introducción al evangelismo y a leer el artículo Formas de evangelizar.

Un leproso nos confronta: “no callen”.

En Marcos 1 se relata como Jesús comenzó Su ministerio público eligiendo a Sus discípulos, predicando la Palabra de Dios y sanando a muchos enfermos. Entre esos enfermos, Jesús demostró Su soberanía y Su omnipotencia al sanar a un leproso. Después de haberlo sanado, Jesús le mandó rigurosamente algo que nos suena extraño: “Mira, no digas nada a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moisés ordenó, para testimonio a ellos” (v. 44).

Jesús le mandó a ese hombre que no le dijera a nadie sobre su sanidad, excepto al sacerdote para que confirmara su sanidad. El mandamiento de Jesús nos suena extraño porque después de semejante manifestación de poder –soberanía y omnipotencia–, nosotros esperaríamos que Jesús le mandara a ese hombre que proclamara por los cuatro vientos que él había sido sanado por Jesús.

¿Por qué Jesús le mandó tal cosa a ese hombre? Porque todavía no había llegado el tiempo establecido por Dios para eso (Mc. 9:9). Además, porque a Jesús no le interesaba atraer multitudes eufóricas por los milagros en sí. El propósito de los milagros no era que las personas se quedaran embelesados con ellos, el propósito de los milagros era que las personas vieran a Jesús como único Señor y Salvador. Multitudes embelesadas con los milagros serían un obstáculo para que Jesús continuará con el ministerio público que había comenzado. Continúa leyendo Un leproso nos confronta: “no callen”.