La confianza de Pablo respecto a los cristianos.

En la segunda carta del apóstol Pablo a los cristianos tesalonicenses se habla acerca de la segunda venida de Jesucristo. Los cristianos tesalonicenses habían recibido el falso mensaje de que el día del Señor había llegado (2:2) y, debido a eso, algunos cristianos habían dejado de trabajar (3:11). Pero el apóstol Pablo, con la autoridad dada por el Señor Jesucristo, les ordenó a los cristianos a estar firmes y conservar las buenas doctrinas que él les había enseñado (2:15).

En el último capítulo de esta carta, el apóstol Pablo dijo: “Y tenemos confianza en el Señor respecto de vosotros, de que hacéis y haréis lo que ordenamos” (3:4). Pablo estaba confiado de que los cristianos tesalonicenses obedecían y seguirían obedeciendo todo lo que Dios les ordenaba a través de él.

Ahora, nótese la forma en la cual Pablo escribió en la primera parte del versículo: “Y tenemos confianza en el Señor respecto de vosotros”. Si eso hubiese sido escrito por un “predicador” de nuestros días, probablemente hubiera dicho algo así: “yo confío en que ustedes pueden, ¡sean obedientes!”. Pero las palabras que Pablo usó dejan claro que su confianza última no estaba ni en el corazón dispuesto –que es una buena cosa– ni en la capacidad de los tesalonicenses. La confianza de Pablo estaba en Dios.

Nótese también la segunda parte del versículo: “de que hacéis y haréis lo que ordenamos”. Si Pablo está confiado en el Señor, la conclusión lógica a la que llegaríamos nosotros sería: “Dios hará por ustedes lo que ordenamos”. Pero esa no es la conclusión de Pablo. Esa no es la lógica divina. En las palabras de Pablo no hay ninguna indicación de que Dios obedecerá por nosotros o que hará lo que nos corresponde a nosotros.

Ese es uno de los misterios de la santificación. En palabras de Jonathan Edwards: “no es que somos meramente pasivos, ni que Dios hace una parte y nosotros el resto. Dios hace todo y nosotros hacemos todo. Dios produce todo y nosotros hacemos todo. Porque eso es lo que Él produce: nuestro hacer. Dios es el único autor y fuente; nosotros somos los únicos hacedores. Nosotros somos en diferentes sentidos, totalmente pasivos y totalmente activos”.

Si el cristiano verdadero obedecerá porque Dios es fiel para hacerlo obedecer –sin coacción alguna–, un “cristiano” que vive en desobediencia no debería llamarse cristiano. Nuestra confianza última con respecto a nuestra obediencia y la obediencia de otros cristianos debe estar en Dios. Y es Dios quien merece la gloria por nuestra obediencia al final del día.

Mis tuits favoritos [9]

  • “Llena tus afectos con la cruz de Cristo para que no haya lugar para el pecado” –Owen, tuiteado por Justin Taylor.
  • “No tiene sentido orar por victoria sobre la tentación si no estamos dispuestos a hacer el compromiso de decir ‘no’ a ésta” –J. Bridges, tuiteado por Nancy Wolgemuth.
  • “Si guías canciones este domingo, asegúrate de que haya suficiente combustible doctrinal para el fuego emocional de las personas” –Bob Kauflin.
  • “Créeme, si no hay otra prueba de vida espiritual aparte del bautismo, todavía eres un alma muerta” –J. C. Ryle, tuiteado por Banner of Truth.
  • “Si Dios no hace nada al azar, debe haber siempre algo que aprender” –Juan Calvino, tuiteado por David Platt.
  • “Si sólo has nacido una vez, morirás dos veces. Pero si has nacido dos veces, morirás sólo una vez” –Steven Lawson.
  • “No queremos usar la gracia de Dios como una excusa para una vida tíbia” –Mark Dever.

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Paz para aquel de firme propósito.

Uno de los llamamientos más repetitivos de Dios a Su pueblo, a través del profeta Isaías, fue que confiaran en Él (Isaías 12:2; 31:1; 32:17; 50:10). Y es que nuestro pecado (para deshonra de Dios) y nuestra necedad (para perjuicio nuestro) es confiar en hombres y en cosas en vez de en Dios.

En Isaías 26:3 leemos lo siguiente: “Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en ti confía”. El versículo comienza hablando de aquel de firme propósito, pero ¿quién es éste? En el mismo versículo podemos encontrar la respuesta. Nótese que él es alguien que confía en Dios. Es decir que aquí se está hablando de alguien cuyo firme propósito es confiar en Dios. Y ese propósito es firme porque no cambia con el pasar del tiempo, sino que permanece. Es por eso que la Biblia Reina Valera 1960 traduce esta línea de la siguiente manera: “aquel cuyo pensamiento en ti persevera”.

Y es a aquel cuyo pensamiento persevera en Dios con fe que se le promete ser guardado en paz, en perfecta paz. Dios guardará nuestro corazón sin importar cuán grande sea la aflicción externa. Somos como ese niño que estaba tranquilo, mientras todos los demás pasajeros estaban aterrorizados, en un avión que pasaba por turbulencia; porque él sabía que su padre era el piloto. Este pasaje nos recuerda que la paz interior no viene como resultado de negar las circunstancias difíciles que nos rodean; sino que la paz viene como resultado de pensar en todo lo que Dios es para nosotros –especialmente en la persona de Jesucristo– y creer.

Dios ha sido, para todos los que confían en Él, «baluarte para el desvalido, baluarte para el necesitado en su angustia, refugio contra la tormenta, sombra contra el calor» (Isaías 25:4) y Él no cambiará.

Termino con el siguiente llamamiento del profeta: “Confiad en el Señor para siempre, porque en Dios el Señor, tenemos una Roca eterna”. El profeta compara a Dios con una roca para ilustrar la firmeza de Dios y la seguridad de todos aquellos que están en Él. Y como si todo eso fuera poco, se añade “eterna”: siglos y siglos pasarán, pero Dios seguirá siendo el mismo. Confiemos, por lo tanto, en Él; todo lo demás es arena movediza.

La doble gracia de acostarse y dormir.

Salmos 4, conocido como un salmo vespertino, fue escrito por David en medio de la angustia. Sin embargo, el salmista hace la siguiente declaración: “En paz me acostaré y así también dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces habitar seguro” (v. 8). ¡La angustia está a su alrededor, pero David dice que tiene paz en su corazón!

Nótese, en primer lugar, que David puede acostarse en paz en medio de la angustia. Las circunstancias externas que él está experimentando, circunstancias que no son cómodas, no le han impedido acostarse en paz.

En segundo lugar, nótese que David no sólo se acuesta, sino que también duerme en paz. El acostarse no garantiza el dormir. ¿¡Cuántas veces nos hemos acostado pero no podemos dormir!? Pero David disfrutó la doble gracia de tanto acostarse como dormir en paz.

Todo eso no era el resultado de que David tenía muchos soldados fieles que lo protegerían. David atribuye la doble gracia de acostarse y dormir en paz sólo a Dios. ¡Dios le daba paz! ¡Dios le daba seguridad! David había clamado a Dios con la confianza de que sería escuchado (vv. 1, 3). David sabía que Dios había apartado, escogido, al piadoso para sí mismo; por lo tanto, Dios cuidaba de él. Y David había experimentado una alegría mucho mayor que la alegría de los demás cuando tienen cosas en abundancia.

FALTA DE SUEÑO E INCREDULIDAD

Lo que vemos en este salmo nos lleva a examinarnos: ¿está mi falta de sueño apuntando a una falta de confianza en Dios? Es cierto que no siempre es así, pero la pregunta sigue siendo pertinente. ¿Estoy queriendo controlar los resultados en vez de hacer lo que me corresponde y dejar los resultados a Dios? ¿Estoy preocupado por lo que puede suceder mañana en vez de recordar que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana?