El milagro y las ganancias del discípulo.

En este sermón, el pastor Misael Susaña nos enseña (1) cuál es el milagro de Dios que es común a todo cristiano y (2) cuáles son las ganancias de aquellos que son discípulos de Jesús.

¿En quién confías?

Los capítulos 36 al 39 del libro del profeta Isaías son como un puente histórico que conecta los capítulos 1 al 35 con los capítulos 40 al 66 de Isaías. Y lo que se relata en estos capítulos nos llama a confiar en Dios y, al mismo tiempo, nos asegura que los que en Él confían no serán decepcionados.

“¿Qué confianza es esta que tú tienes?” o en otras palabras “¿En quién confías?” –fue la pregunta del rey de Asiria (Senaquerib) para el rey de Judá (Ezequías)–. Isaías 36 comienza diciendo que el rey Senaquerib subió contra las ciudades fortificadas de Judá y las tomó (v. 1).

UN REY MUY ARROGANTE

Senaquerib era un rey muy arrogante: él no solamente envió un gran ejército contra el rey Ezequías, sino que también –en palabras de su copero mayor– se autoproclamó “el gran rey” (v. 4), mientras que al rey de Judá solamente llamó “Ezequías”; dijo que el menor de sus siervos podía acabar con él (v. 9), dijo que tanto el rey como todo Jerusalén iban a comer su propio excremento y beber su propia orina (v. 12), dijo que Ezequías era un engañador si decía que Jerusalén sería librada (v. 14). La arrogancia de este rey estaba basada en sus logros pasados: él había conquistado varias naciones como Hamat y Arfad, Sefarvaim, Samaria, Hena e Iva.

Las palabras de Senaquerib eran una afrenta no sólo para el rey Ezequías y los habitantes de Jerusalén, sino también para Dios mismo. El rey de Asiria dijo que como los dioses de las naciones que él había conquistado no pudieron salvarlas, así tampoco el Señor podría salvar a Jerusalén.

Senaquerib estaba en lo cierto al decir que el rey de Egipto no podía salvar a Jerusalén, él estaba en lo cierto al decir que el rey Ezequías (por sí solo) no podía salvarlos. Pero Senaquerib estaba equivocado al pensar que el Señor era igual a los dioses de las otras naciones.

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Promesas.

LETRA

[Verso 1]
Dios de Abraham,
Eres Dios que cumplirá
Cada pacto hasta el final
Una y otra vez
Te has mostrado fiel y lo volverás hacer.

[Pre-Coro]
A pesar de la fuerte tempestad
Firme estaré
Y aprenderá este corazón
A confiar en Él.

[Coro]
Grande es Tu fidelidad a mí
Grande es Tu fidelidad a mí
Del amanecer a la anochecer
Yo te alabaré
Grande es Tu fidelidad a mí

[Verso 2]
El mundo pasará
Pero Tu palabra permanecerá
Y Tu historia testificará
Que eres la Verdad

[Puente]
Yo confiaré en Cristo
Anclado estoy en Él
Mi esperanza firme
Nunca me fallará

Su gracia me libró y me guiará.

La gracia que Dios mostró al rey David es la misma gracia que Dios sigue mostrando a cada uno de nosotros hoy; por ella debemos estar agradecidos y en ella debemos esperar.

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