5 verdades sobre el endurecimiento del corazón.

Con el propósito de que velemos para que nuestro corazón no se endurezca, he aquí cinco verdades sobre el endurecimiento del corazón a partir de la vida Faraón:

1. Dios es soberano y el hombre es responsable. Repetidas veces la Biblia nos dice que fue Faraón quien endureció su corazón (Éxodo 7:13, 22; 8:32; 9:7). Lo cual dice que Faraón fue responsable del endurecimiento de su corazón. Pero también la Biblia nos dice que fue Dios quien endureció el corazón de Faraón (Éx. 9:12; 10:20, 27). Lo cual nos hace ver que la soberanía de Dios se extendió aun al endurecimiento del corazón de Faraón1.

2. El endurecimiento sucede cuando no se cree ni se obedece la Palabra a pesar de haberse conocido las obras de Dios. Faraón vio como la vara de Aarón se convirtió en culebra, vio la plaga de sangre, vio la plaga de ranas, vio la plaga de piojos, vio la plaga de moscas, vio la plaga en el ganado, vio la plaga de úlceras, vio la plaga de granizo, vio la plaga de langostas, vio la plaga de tinieblas (Éxodo 7-10). Sin embargo, Faraón ni creyó la Palabra de Dios ni obedeció al mandato divino de dejar ir al pueblo de Israel.

3. Un corazón endurecido no es tan sensible como lo era o como otros lo son. Hubo un momento en el cual hasta los hechiceros del mismo Faraón reconocieron que las plagas venían de Dios, pero Faraón no los escuchó (Éxodo 8:19). Y hubo un momento en el cual los siervos de Faraón le dijeron que dejara ir al pueblo de Israel (Éx. 10:7), pero él no quiso dejarlos ir.

4. El endurecimiento es más un proceso que un evento. La Biblia relata que no fue una vez que Faraón endureció su corazón, sino muchas veces: cada vez que él vio las obras de Dios, pero no creyó ni obedeció la Palabra de Dios (Éxodo 7-10). Un corazón que se endurece se vuelve menos sensible y un corazón menos sensible se endurece más.

5. El corazón se endurece más cuando las bondades de Dios son tomadas como razones para seguir pecando. La bondad de Dios está destinada a que nos arrepintamos, no a que las usemos como boletos para seguir pecando. Faraón reconoció su pecado algunas veces e incluso dijo que dejaría ir al pueblo de Israel. Pero cuando Faraón veía que Dios quitaba la plaga de Egipto, él ya no veía razón para dejar ir al pueblo de Israel (Éxodo 8:15; 9:34). Faraón, al igual que el hombre cuyo corazón está endurecido, se preocupaba más por las consecuencias negativas del pecado que por el Dios contra el cual se peca.


1 La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre siempre han sido un misterio –¿cómo puede el hombre ser responsable y Dios ser soberano al mismo tiempo?–. Algunos eruditos de la Biblia dicen que la manera en la cual Dios endureció el corazón de Faraón fue dejándolo o no impidiendo que éste se volviera duro.

Si el destino está escrito, entonces…

La doctrina bíblica del decreto de Dios enseña que «Dios ha decretado desde la eternidad, libre e inalterablemente, todo lo que ha de ocurrir en el tiempo y todo para Su gloria». Y uno de los pasajes bíblicos sobre la cual está basada esta doctrina es Isaías 46:9-11, que dice:

“Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” Yo llamo del oriente un ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré”.

Creo que todo cristiano que ha sido convencido por la Biblia acerca de esta doctrina ha pasado al menos una noche sin dormir pensando en ésta y sus implicaciones. Personalmente, lo que me mantenía despierto era el adverbio “inalterablemente” –el hecho de que el decreto de Dios no puede ser cambiado–. Hay tres objeciones que podrían levantarse ahora y que me gustaría responder:

“¡NO IMPORTA LO QUE YO HAGA!”

La misma Biblia que nos enseña el decreto de Dios es la misma Biblia que nos dice que el hombre es responsable por sus acciones. Sí importa lo que hacemos o dejamos de hacer. Por ejemplo, somos responsables de predicar el evangelio para la salvación de los impíos (1 Co. 1:21); somos responsables de orar para que las cosas pasen (Stg. 5:17, 18). Sigue leyendo

Soberanía y responsabilidad ejemplificadas.

Bote en tormenta

La doctrina bíblica del decreto de Dios nos dice que Dios ha decretado desde la eternidad, libre e inalterablemente, todo lo que ha de ocurrir en el tiempo. Ahora, debemos cuidarnos de pensar que el hombre no es responsable de sus acciones y debemos cuidarnos del fatalismo de creer que lo que hagamos o dejemos de hacer no tiene importancia. Dios es soberano y el hombre es responsable. Dios no tan solo ha decretado los fines, sino también los medios.

En Hechos 27 se relata como Pablo, quien había sido apresado por causa de Cristo, junto a otros presos fueron embarcados con destino a Roma. Pero mientras navegaba, el barco fue azotado por un viento huracanado tan fuerte, y con una duración de varios días, que los que estaban en el barco perdieron toda esperanza de salvarse. Pero Pablo se puso en pie y exhortó a los que estaban en el barco a que tuvieran buen ánimo, porque Dios le había dicho a Pablo: “No temas, Pablo; has de comparecer ante el César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (v. 34). Y Pablo confiaba en que acontecería tal como Dios lo había dicho –que no habría pérdida de vida alguna, sino del barco–. Sigue leyendo