Amado y cuidado por el Padre.

El pastor Misael Susaña comparte las buenas noticias de que, en Jesús, los creyentes fuimos adoptados por Dios. También, nos enseña tres privilegios que tenemos los hijos de Dios.

Perdí a mi familia, recibí una mejor.

El 20 de mayo del presente año, el ministerio Voz de los Mártires compartió la historia de Divine: una joven de Benín (país de África) que aceptó a Cristo después de que un misionero compartiera el evangelio en su comunidad. Después de convertirse en cristiana, su familia comenzó a golpearla y dejo de darle comida, tratando así de forzarla a volver a adorar a sus dioses tradicionales. Pero ella respondió: “no puedo dejar a Jesús porque Él es mi Señor y me dio una nueva vida”. Debido a eso sus familiares le dijeron que ella ya no era parte de la familia y la sacaron de su casa.

Un mes después, el mismo ministerio compartió la historia de Hanifah, una mujer de Uganda nacida en una familia musulmán y casada con un hombre musulmán. Sus hijos se enfermaron gravemente y aunque miembros de la comunidad musulmana oraron por ellos, no sanaron. Pero Hanifah llevó a sus hijos a una iglesia cristiana donde oraron y ayudaron por ellos y después de un tiempo fueron sanados. Al saber que Hanifah estaba asistiendo secretamente a la iglesia, su esposo la sacó de su casa y cortó todo apoyo financiero. Estas son las palabras de Hanifah: “he visto el poder de Dios y el gozo que recibimos en Cristo, no puedo volver al Islam. He encontrado al Dios que sana. Si Él sanó a mis hijos, entonces Él podrá alimentarnos y vestirnos”.

TENSIÓN EN LA FAMILIA

Esos son sólo dos ejemplos de lo que Jesús dijo que pasaría según Mateo 10:34-37, que dice: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a PONER AL HOMBRE CONTRA SU PADRE, A LA HIJA CONTRA SU MADRE, Y A LA NUERA CONTRA SU SUEGRA; y LOS ENEMIGOS DEL HOMBRE serán LOS DE SU MISMA CASA. El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí”.

Es cierto que Jesús vino a traer paz entre Dios y los hombres que se arrepienten; Él vino a traer paz entre los creyentes independientemente de su nacionalidad. Pero lo que Jesús está diciendo aquí es que convertirse en cristiano (en un seguidor de Jesucristo) va a crear tensión entre el cristiano y los miembros de su familia que no son cristianos.

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Quien dices que soy.

LETRA

[VERSO 1]
Quién soy yo para que el gran Rey
Me acepte así
Me encontró en mi perdición
Su amor por mí
Oh su amor por mí

[CORO 1]
Libre soy en Él
Libre en verdad
Soy hijo de Dios
Sí lo soy

[VERSO 2]
Libre soy Él me rescató
Su gracia en mí
Aun siendo yo pecador
Él murió por mí
Él murió por mí

[CORO 2]
Libre soy en Él
Libre en verdad
Soy hijo de Dios
Sí lo soy
En tu casa Dios
Sitio hay para mí
Soy hijo de Dios
Sí lo soy

[PUENTE]
Escogido
Perdonado
Yo soy quien dices que soy
Vas conmigo
A mi lado
Yo soy quien dices que soy

Letra y Música por Ben Fielding & Reuben Morgan
Traducción por Toni Romero, Dámaris Aragón y Marian Olmos
© 2017 Hillsong Music Publishing Australia CCLI: 7106175

¡Eso sí es amor verdadero!

Decir “te amo” a tu pareja es algo a lo que le damos mucha importancia. Se han hecho extensas investigaciones sobre quién es el primero en decir “te amo” en una relación. Se han escrito artículos sobre cuándo decir “te amo” por primera vez. Y se han dado incontables razones por las cuales las mujeres no deberían ser las primeras en decir “te amo”.

Ahora, cuando leemos 1 Juan 4 aprendemos que Dios es el que nos dice primero “te amo” y nosotros somos los que decimos “yo también te amo”. No lo contrario. Dios tomó la iniciativa de amarnos y nosotros –los que hemos sido regenerados por Su Espíritu– respondimos con amor primero hacia Él y después hacia nuestros hermanos. 1 Juan 4:10 dice:

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados”.

NO AMÁBAMOS A DIOS

En el versículo 10, el apóstol Juan describe en qué consiste el amor, específicamente el amor que Dios tiene por nosotros. Él comienza diciendo: “no en que nosotros hayamos amado a Dios”. Y eso es contrario a como muchos se ven hoy en día; ellos piensan que aman a Dios simplemente porque ellos creen que Dios existe y porque ellos no maldicen a Dios con sus labios. Pero para que el hombre (varón y hembra) sea salvo primero tiene que confesar o ponerse de acuerdo con Dios en lo siguiente: ni tú ni yo amábamos a Dios.

El hombre no nace con un corazón inclinado hacia Dios. El hombre no siempre ha estado buscando de Dios. Más bien, como vemos más adelante en este pasaje, nosotros éramos pecadores y eso es todo lo contrario a ser personas justas y buenas. Nosotros éramos indiferentes a Dios. A nosotros no nos importaba la voluntad de Dios.

Según Efesios 2 nosotros seguíamos la corriente de este mundo, éramos hijos de desobediencia; nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestra voluntad hacían cosas que desagradaban a Dios. Y según Romanos 5 nosotros éramos impíos con un carácter contrario al carácter santo de Dios y éramos sus enemigos con un corazón rebelde a Dios y Su ley.

DIOS SÍ NOS AMÓ A NOSOTROS

Si el amor no está en que nosotros amábamos a Dios, ¿en dónde está el amor? Juan responde: “sino en que Él nos amó”; y después se agrega: “a nosotros” –a ti y a mí–. Aunque Él es digno de nuestro más ferviente amor, nosotros no le amábamos. Aunque nosotros no éramos dignos de tan grande amor, Él nos amó.

A pesar de seguir la corriente de este mundo, de ser desobedientes, de pensar, desear y hacer lo que le desagradaba; Dios nos miró y Su corazón se conmovió, toda Su compasión se encendió. A pesar de tener un carácter contrario a Su carácter y de ser rebeldes; el corazón de Dios se regocijó haciéndonos bien. Obviamente no por nada en nosotros, porque ¿qué teníamos nosotros, sino mucho pecado? Sino que fue porque Él, teniendo abundante amor y siendo Él mismo amor, quiso enamorarse de nosotros.

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