Corramos la carrera.

Hebrews 12
“Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1, 2. LBLA).

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Ilustración por Chris Powers, Full of Eyes. Todos los derechos reservados. Puedes apoyar su ministerio vía Patreon.

El ministerio se trata de Jesús.

Filipenses es conocida –junto a Efesios, Colosenses y Filemón– como una de las cartas de la prisión; ya que Pablo la escribió mientras se encontraba encarcelado, posiblemente en Roma. Pero Filipenses también es conocida como la carta del gozo ya que en ésta se muestra la vida cristiana como una vida de gozo (Flp. 1:4, 25; 2:2, 29; 4:1).

En Filipenses 1:15 el apóstol dice: “Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad”. Pablo da una descripción más detallada de los que predican por envidia y rivalidad en el versículo 17: “aquéllos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones”. Y da una descripción de los que predican de buena voluntad en el versículo 16: “éstos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio”.

Aparte de Jesucristo, alguien dijo, no ha habido un predicador más grande en la historia de la iglesia que el apóstol Pablo. Algunos se convirtieron a sí mismos en rivales del apóstol. Ellos envidiaban el ministerio y el éxito del apóstol Pablo. Ellos predicaban el evangelio con motivaciones incorrectas: querían avanzar su propia agenda o glorificarse a ellos mismos y al mismo tiempo causar angustia al apóstol.

Pero en vez de causar angustia a Pablo, ellos le causaron gozo: “¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré” (v. 18). Dios en Su soberanía utilizó incluso las motivaciones incorrectas de algunos para que el evangelio de Jesucristo fuera proclamado y los pecadores fueran salvados.

Y Pablo se gozó porque él no estaba compitiendo con nadie. El anhelo de Pablo no era hacer su nombre famoso sino hacer a Jesucristo famoso en este mundo. Él no utilizaba el evangelio para avanzar Su propia agenda, sino que Él era un instrumento de Dios para avanzar Su reino.

¿Y qué hay de ti? ¿Alguna vez has estado incomodo, porque tú no eres quien estás al frente, mientras otros alaban a Dios en una plataforma? ¿Alguna vez te has pasado todo el sermón de otro soñando cómo sería que tú estuvieras en su lugar? ¿Alguna vez has leído un buen material bíblico, pero no lo has compartido porque no fuiste tú quien lo escribió? ¿Alguna vez has agradecido a Dios por la forma en la cual Él está usando a otros o sólo oras para que Dios te use? ¡Oh, que Dios nos dé un corazón cuyo gozo sea que Cristo –¡y sólo Cristo!– sea proclamado! Porque al final del día el ministerio se trata de Él.

Dos ingredientes importantes en la predicación.

En Salmos 51, un salmo de arrepentimiento después de haber cometido adulterio y homicidio, David dice: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (v. 13). David expresa su deseo de enseñar a los transgresores (aquellos que se han rebelado contra Dios y Su ley) el camino de vuelta con el propósito de que ellos se conviertan a Dios. En otras palabras, David quería predicar para que los pecadores se volvieran de sus caminos pecaminosos a Dios.

David no sólo está pidiendo ser perdonado de sus pecados, él también está pidiendo ser un instrumento de Dios para la salvación de otros pecadores. David busca dar la gracia que ha recibido. Y lo mismo debemos anhelar nosotros.

Ahora, el versículo 13 está conectado al versículo 12: el versículo 13 parece ser el resultado del versículo 12. En el versículo 12, David pide a Dios: “Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder”. David está pidiendo experimentar el gozo de la salvación y tener un espíritu dispuesto para Dios y así entonces predicar para la conversión de los pecadores. Es decir que lo primero (el gozo de la salvación y un espíritu dispuesto) es combustible para lo segundo (la predicación a los pecadores). Cuando lo primero disminuye, también lo hace lo segundo.

¿Quieres predicar con pasión a los pecadores? ¿Quieres persistencia para predicar a los pecadores hasta que se conviertan? Entonces necesitas experimentar el gozo de la salvación y tener un espíritu dispuesto para Dios. Ahora, ¿cómo podemos conseguir esto? Primero, pidiéndoselo a Dios en oración. Eso fue lo que hizo el salmista y es lo mismo que nosotros debemos hacer. Pero también hay otra cosa que podemos hacer y es meditar siempre en la obra de Jesucristo en la cruz: la cruz de Jesús es la fuente de nuestro gozo ya que allí es donde todos nuestros pecados son perdonados; y es en la cruz de Jesús en donde al ver todo lo que ha sido hecho por nosotros, somos constreñidos a vivir para Él.

Fe y conducta.

Después de que el autor de Hebreos ha mostrado la superioridad de Cristo, ha animado a sus lectores a continuar en la fe y los ha advertido en contra de la apostasía; el pasa a dar algunas exhortaciones finales en el capítulo 13. Y dentro de esas exhortaciones se encuentra la siguiente: “Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe” (v. 7). Aunque el texto no dice literalmente “pastores”, sin duda alguna los incluye; ya que los pastores son aquellos que guían y hablan la Palabra de Dios.

El llamamiento allí es a que imitemos la fe de nuestros pastores, considerando el resultado de su conducta. Al ver el resultado de la conducta de nuestros pastores, sabemos que vale la pena tener fe.

Ahora, algo claro que se nos enseña en Hebreos es que los creyentes no van a obtener todo lo que Dios les ha prometido de este lado del cielo (Heb. 11:39). Pero el resultado de la conducta de ellos que tienen fe todavía puede ser visto en su paciencia: “a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12); en el gozo en medio de la aflicción: “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión” (Heb. 10:34); en el buen testimonio de parte de Dios: “Y todos éstos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa” (Heb. 11:39). Y es que la fe viva, la fe verdadera, siempre se reflejará en la conducta –y en una buena conducta–. Dicho negativamente, en palabras de Santiago, la fe sin las obras está muerta (Stg. 2:17).

Permítanme resaltar que el llamamiento no es que aquellos que están siendo discipulados por el pastor imiten su estilo de predicación, tampoco es un llamamiento a ser indulgente con tus pecados porque tu pastor también peca. El llamamiento es a imitar su fe.

A LOS PASTORES

Ahora, este versículo no habla solamente a ti y a mí; este versículo habla implícitamente a los pastores. Es deber de los pastores, aparte de guiar y hablar la Palabra, ser modelos de fe que otros puedan imitar. Ellos deben ser «ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1 Ti. 4:12). Y por si acaso todavía no lo has entendido, una conducta ejemplar es mucho más que una conducta aceptable. Los pastores deben ser capaces de decir públicamente: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” (1 Co. 11:1).

Pastor, recuerda que aquellos que te dan sus oídos también tienen sus ojos en ti. Por lo tanto, que la Palabra de Dios que hablas sea también aplicada a tu conducta.