Ni muerte, ni tristeza ni vergüenza.

Después de pronunciar una serie de oráculos o profecías contra las naciones de la tierra, el profeta Isaías comienza a exaltar y a alabar el nombre de Jehová su Dios debido a Su favor para con él y el resto de Su pueblo. Y todo esto ocurre en el contexto de lo que el profeta describe como “aquel día”.

“Aquel día” hace referencia al día del Señor (Jehová). Ese es un día de terror para los pecadores impenitentes, porque en éste Dios los va a juzgar. Pero ese es un día de mucha alegría para los pecadores arrepentidos, porque en éste Dios les mostrará Su salvación.

Y en medio del cántico de alabanza que el profeta hace en el capítulo 25, leemos una serie de eventos que ocurrirán sin ninguna duda:

“Él destruirá la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de Su pueblo de sobre toda la tierra, porque el Señor ha hablado. Y en aquel día se dirá: «Este es nuestro Dios a quien hemos esperado para que nos salvara. Este es el Señor a quien hemos esperado; regocijémonos y alegrémonos en su salvación»” (vv. 8, 9).

NO MUERTE

Lo primero que se promete es que Dios «destruirá la muerte». Desde la entrada del pecado al mundo en Génesis 3, la muerte con un insaciable apetito ha abierto su boca para tragar a todos los seres vivos creados por Dios. Y ésta es inevitable a menos que Dios intervenga. Por eso ésta es tan temida por todas las personas.

La muerte es temida no sólo por los hombres, sino incluso por muchos “dioses” paganos. Pero el Dios verdadero no solo no le teme a la muerte, sino que El mismo la destruirá. La destruirá de una vez y para siempre, y ya no habrá más muerte. Cuando eso pase, la muerte será una mentira y la inmortalidad será una realidad para aquellos que son de Dios.

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¿Qué nos recordó el 2020?

En menos de 5 horas este año 2020 habrá terminado. Y tal vez, de los últimos 100 años, éste sea el año del cual la humanidad quiera salir con más ansias. Sin embargo, en nuestras ansias porque este año acabe, no debemos dejar de pensar en lo que este año nos enseña o nos recuerda.

Estos son algunos de los sucesos que tuvieron lugar en este año:

  • Australia inició el año con incendios forestales que no sólo quemaron 10 millones de hectáreas y afectaron 500 millones de animales, sino que también les quitaron la vida a 50 personas.
  • Hubo amenazas de guerra entre Estados Unidos e Irán después de que el 2 de enero el comandante de alto rango de Irán, Qasem Soleimani, muriera en un ataque aéreo ordenado por el presidente de Estados Unidos.
  • El 30 de enero, la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró que la Covid-19 era una emergencia sanitaria de preocupación internacional y el 11 de marzo esta enfermedad fue reconocida como una pandemia. Y todavía lo es.
  • En mayo, en el estado de Washington, se detectaron “avispas asesinas” o avispones gigantes asiáticos; lo cual causó temor y preocupación entre muchos.
  • En noviembre, la entonces tormenta tropical Eta provocó inundaciones que afectaron a millones de personas en Centroamérica.
  • Y por último, aunque no menos importante, la persecución contra los cristianos empeoró en este año: millones de cristianos sufren persecución y miles son asesinados por su fe alrededor del mundo.

Ciertamente hay muchas cosas que pudimos aprender en este año con todos sus sucesos, pero en este artículo quiero que consideremos brevemente lo más importante qué nos recordó el 2020. Y para responder a eso, primero debemos leer Mateo 24:6-8 que dice lo siguiente:

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¡Cristianos, unidos!

Los cristianos somos llamados a exhortarnos, planificando cómo provocarnos al amar y a hacer buenas obras en el contexto de la iglesia reunida.

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Sermones de la serie: Ante el espejo de la Biblia | Cuando ores, ora así | ¡Cristianos, unidos!

Del coronavirus al evangelio.

En Lucas 13 se relata como Jesús aprovechó dos acontecimientos (“los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios” y los “dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató”) de Su época para llamar a los pecadores al arrepentimiento.

Estamos en un tiempo particular: el Covid-19 se ha convertido en una pandemia y, como ha de esperarse, todo el mundo está hablando de esto. Como Jesús, aprovechemos la oportunidad que tenemos para predicar el evangelio –partiendo de nuestra situación actual–. He aquí tres de muchas maneras en las que podemos hacerlo:

SI NO TE ARREPIENTES, PERECERÁS

Volviendo a Lucas 13, Jesús dejó claro que ni los galileos que murieron ni los dieciocho sobre los que cayó la torre eran más pecadores que los demás y que si los demás no se arrepentían, iban también a perecer.

Cuando ocurren cosas como esas –o como las que estamos viviendo actualmente–, muchas personas opinan sobre el porqué cierta persona murió o cierto grupo de personas murieron. Yo particularmente he escuchado a personas dar razones de por qué es un juicio de Dios que el Covid-19 haya afectado tanto a China e Italia. Pero que esos países fueran más afectados o que ciertas personas hayan muerto no es necesariamente debido a que ellos eran más pecadores que los demás. Continúa leyendo Del coronavirus al evangelio.