Karl-Anthony, ¿es República Dominicana “un lugar de miedo”?

Otra vez la República Dominicana ha estado en el ojo internacional y no es debido a sus hermosas playas o a su gente amistosa. En las últimas semanas han sucedido una serie de incidentes que han puesto por el suelo la reputación del país. El último incidente afectó al ex jugador de béisbol para los Media Rojas de Boston, David Ortiz. Un día después del incidente, el jugador de baloncesto Karl-Anthony Towns publicó en su cuenta de Twitter:

“¡¿¡¿En serio?!?! ¿Le faltas el respeto a la leyenda @davidortiz en su patria? ¿¡¿Eres un #%*# tonto?!? Oraciones para el único Big Papi. La isla es un lugar de miedo para el pana en este momento”.

¿Es la República Dominicana un lugar de miedo? En cierto sentido, sí. Por eso oramos y hacemos lo posible para que el pecado sea refrenado y muchos lleguen a los pies de Jesucristo en arrepentimiento y fe.

Ahora, no es menos cierto que el mundo en el cual vivimos se ha convertido en un lugar de miedo. Si somos honestos, tenemos que admitir que muchos de los males de esta nación no son exclusivos de esta nación. Y que aunque otras naciones no tengan los mismos males que tiene esta nación, ellas sí tienen otros.

Artefactos se dañan. Nuestros cuerpos se enferman. Personas mueren. Hijos se rebelan contra padres amorosos. Relaciones románticas se rompen. Amistades se acaban. Ocurren desastres naturales. El aire es contaminado. Hay tiroteos. Se promueven los anti-valores o la inmoral. Hay racismo. Hay gobiernos corruptos. Continúa leyendo Karl-Anthony, ¿es República Dominicana “un lugar de miedo”?

¿Dónde está construida tu casa?

En Mateo 7, Jesús habla acerca de un hombre prudente que construye su casa sobre la roca. La roca o el fundamento es la Palabra de Jesús y el hombre prudente es el cristiano verdadero, el cristiano obediente.

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Sermones de la serie: ¿Cómo identificar a un falso profeta? | No es lo que dices, sino lo que haces. | ¿Dónde está construida tu casa?

¿Cómo esperar con paciencia en el sufrimiento?

Job era un hombre «intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:1) a quien Satanás, por permiso de Dios, le quitó tanto las riquezas que tenía –incluyendo sus hijos– como su salud física (Job 1, 2). Los sufrimientos de Job fueron intensos y prolongados –al menos los físicos–, duraron más de lo que nosotros tardamos en leer todo el libro de Job. Los sufrimientos de Job eran tan grandes que su oración, su anhelo, era que Dios lo aplastara y acabara con su vida (Job 6:8, 9). Seguir viviendo, para él, era una tortura imposible de soportar.

Y es en este contexto que Job hace la siguiente pregunta: “¿Cuál es mi fuerza, para que yo espere, y cuál es mi fin, para que yo resista?” (Job 6:11). Job está preguntado: ¿qué me puede dar fuerza para ser paciente? ¿tiene todo esto un buen propósito para yo seguir viviendo? Job, en ese momento, no podía ver su fuerza ni su fin y por eso había arrojado la toalla. Hay una importante verdad que podemos aprender aquí: el saber y tener presente nuestra fuerza y el propósito del sufrimiento nos ayudará a soportar hasta el final en medio de la aflicción.

¿Y tú? ¿Sabes cuál es tu fuerza? ¿Sabes cuál es tu fin? Job nos dice donde no se encuentran: “¿Es mi fuerza la fuerza de las piedras, o es mi carne de bronce? ¿Es que mi ayuda no está dentro de mí, y está alejado de mí todo auxilio?” (vv. 12, 13). Job nos enseña que no busquemos nuestra fuerza y nuestro fin en nosotros mismos –pues no los vamos a encontrar–, sino fuera de nosotros mismos. Teniendo en cuenta toda la revelación de Dios en Su Palabra sabemos que nuestra fuerza está en Jesucristo y que nuestro fin es bueno.

Como dice Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. En medio de la aflicción cuentas con Jesucristo, con Su Espíritu que te da fuerza y con Sus promesas de bien para ti. Una de esas promesas es: “Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación” (2 Co. 4:17). Tu sufrimiento no puede compararse a la gloria que te espera en el cielo.

Otra promesa de Dios te recuerda que tu fin es bueno: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Ro. 8:28). La aflicción por la que estás pasando no es un error, hay un propósito detrás de ésta. Y el propósito detrás de ésta es bueno –no es para tu perjuicio, sino para tu beneficio–. Tal vez ahora no entiendas como Dios puede sacar algo bueno de algo tan malo; pero recuerda que tu trabajo es confiar y el de Dios es hacer que todo coopere para tu bien –y Él es experto en hacer eso–.

Así que, ten presente estas verdades en medio de la aflicción y espera con paciencia.

Poder para ser valientes.

2 Timoteo, como su nombre lo dice, fue la segunda carta que el apóstol Pablo envió a su hijo en la fe Timoteo. Timoteo era un joven cuya abuela (Loida) y madre (Eunice), creyentes sinceras de Jesucristo, se encargaron de enseñarle desde la niñez las Escrituras. Después, el apóstol Pablo le predicó las mismas Escrituras. Timoteo se convirtió al Señor Jesucristo. Él se volvió un discípulo, colaborador de Pablo y pastor de la iglesia en Éfeso.

En el capítulo 1, Pablo exhorta a Timoteo a avivar el fuego del don de Dios que había en él (v. 6). Y esa exhortación estaba basada en el siguiente hecho: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (v. 7). Y es debido a esa realidad que Timoteo podía no avergonzarse de testificar del Señor Jesucristo a pesar de las aflicciones.

Por causa de Jesucristo y Su evangelio los cristianos estaban siendo afligidos. Y eso era tan claro como el agua, Pablo estaba escribiendo desde una prisión en Roma. Por la clase de exhortación que Pablo le da a Timoteo sabemos que éste último era una persona tímida, y una de sus tentaciones era el avergonzarse del evangelio (y no predicarlo) y de otros cristianos (y no identificarse como uno de ellos).

La palabra “cobardía” (v. 7), que también podría traducirse como “timidez”, hace referencia a un temor que viene de un carácter débil o que le falta fuerza moral. Y Pablo dice que esa no es la clase de espíritu que Dios nos ha dado –ni a Timoteo ni a ningún otro cristiano–. Dios nos ha dado un espíritu de poder, que es la habilidad de hacer todo lo que Dios nos ha llamado a hacer aun en medio de la persecución y la oposición. Y ese poder está perfumado por el amor y manifestado con dominio propio.

Cuando seas tentado a no predicar el evangelio o a no identificarte con los cristianos por temor al qué dirán o pensarán, o por temor a que te hagan lo que les han hecho a otros cristianos; recuerda la clase de espíritu que Dios te ha dado y sé valiente. Puedes ser valiente en testificar de Jesucristo e identificarte con los demás cristianos porque Dios te ha capacitado para eso.