Su tumba vacía lo cambia todo.

El pastor Misael Susaña comparte en este sermón la realidad de la resurrección de Jesús, los logros de ésta y qué tiene eso que ver contigo.

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Hermoso nombre.

LETRA

[VERSO 1]
Tú fuiste el Verbo en el principio
Unigénito de Dios
El misterio de tu gloria
Revelado en tu amor

[CORO 1]
Cuán hermoso su nombre es
Cuán hermoso su nombre es
El nombre de Jesús mi Rey
Cuán hermoso su nombre es
Nada se iguala a Él
Cuán hermoso su nombre es
No hay otro nombre

[VERSO 2]
Dejaste el cielo por salvarme
Me viniste a rescatar
Mi transgresión tú perdonaste
Nada nos separará

[CORO 2]
Majestuoso su nombre es
Majestuoso su nombre es
El nombre de Jesús mi Rey
Majestuoso su nombre es
Nada se iguala a Él
Majestuoso su nombre es
No hay otro nombre

[PUENTE]
La muerte venciste
El velo partiste
La tumba vacía ahora está
Los cielos declaran
Tu gloria proclaman
Resucitaste en majestad

Inigualable
Incomparable
Hoy y por siempre reinarás
Tuyo es el reino
Tuya es la gloria
Tuyo el poder y autoridad

[CORO 2]
Poderoso su nombre es
Poderoso su nombre es
El nombre de Jesús mi Rey
Poderoso su nombre es
Incomparable es Él
Poderoso su nombre es
No hay otro nombre
Poderoso su nombre es
No hay otro nombre
Poderoso su nombre es
No hay otro nombre

Letra y Música por Ben Fielding & Brooke Ligertwood
Traducción por Equipo de Traducción de Hillsong
© 2016 Hillsong Music Publishing CCLI: 7077032

¿Qué implica la resurrección para la santificación?

En el artículo La resurrección de Jesús: qué tiene que ver conmigo vimos que debido a que Jesús resucitó, nuestra predicación y nuestra fe en Jesús no es en vano; pero también vimos que aquellos que se niegan a ir a Jesucristo cometen tanto un gran pecado como una gran necedad ya que están rechazando a quien Dios ha elegido para dar salvación.

En este artículo quiero que consideremos qué implica la resurrección de Jesús para nuestra santificación diaria (o la conformación progresiva al carácter de Jesucristo) del creyente. Y el versículo a partir del cual quiero que veamos eso es Romanos 6:4, que dice:

“Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida”.

El contexto de ese versículo es el siguiente: el apóstol Pablo (inspirado por Dios) había dicho que «donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Ro. 5:20). Después, pasó a explicar que esa sobreabundaste gracia no es una licencia para pecar (Ro. 6:1, 2).

En el versículo 4 se menciona el bautismo. Pero ese bautismo del cual se habla aquí no es el bautismo en agua, sino que se refiere a esa realidad a la cual el bautismo en agua apunta: la unión espiritual del creyente con Jesucristo. Los creyentes hemos sido unidos espiritualmente a Jesucristo, por Dios Padre; de tal manera que cuando Jesucristo murió nosotros también morimos y cuando Él resucitó nosotros también resucitamos.

Cuando Jesucristo murió, ¿a qué nosotros morimos? Al pecado (Ro. 6:2). Eso quiere decir que las cadenas que nos ataban al pecado han sido rotas. ¡Ya no somos esclavos del pecado! Cuando Jesucristo resucitó, ¿a qué nosotros resucitamos? A una nueva vida para Dios (vv. 4, 12, 13). Eso quiere decir que se nos ha dado la capacidad de amar y obedecer a Dios. ¡Ahora somos voluntariamente esclavos de Dios!

Así que, la resurrección implica que ahora podemos tener un estilo de vida caracterizado no por la perseverancia en el pecado, sino por una relación viva y de obediencia a Dios. Vivir en santidad es posible, ¡tan cierto como Jesucristo resucitó! No vivamos tan sólo un día de santidad, vivamos los otros 364 días a la luz del domingo de resurrección.