Salmo 103 – Gilberto Daza

LETRAS

Alma mía dale gracias
Sus bondades no olvides jamás
Es tu Dios quien te perdona
De tus faltas no se acuerda ya

Él cura tu enfermedad
Y si hay dolor también lo sana
Y si al hueco fuiste a dar
Su fidelidad te rescata

[CORO]
Mi gratitud hoy canta
Qué bueno es Dios, qué bueno es Dios
No olvidaré su gracia
Que me alcanzó, que me rodeó

Alma mía dale gracias
Sus bondades no olvides jamás
De su amor Él te corona
Te ha mostrado su gran compasión

Al ver tu debilidad, difícil será
Que llegue a enojarse
Te rejuvenecerá y como el águila
Conquistarás nuevos aires

Más riquezas y majestad que el rey Asuero.

Los acontecimientos que se relatan en el libro de Ester sucedieron en el período de tiempo que vino después del exilio babilónico. Algunos judíos habían retornado a Jerusalén para reconstruir el templo; pero otros judíos (como Ester y Mardoqueo) todavía estaban en el exilio, aunque ahora bajo la dominación persa.

EL REY ASUERO

El que ocupaba el trono en ese entonces era el rey Asuero, mejor conocido por su nombre griego Jerjes. La grandeza de este rey era evidente no tan solo en el hecho de que él “reinó desde la India hasta Etiopía sobre 127 provincias” (Ester 1:1), sino también en lo que hizo después: el rey Asuero organizó un banquete para todos sus funcionarios con el propósito de que ellos vieran “las riquezas de la gloria de su reino y el magnífico esplendor de su majestad” (v. 4). Y se nos dice que eso él lo hizo “durante muchos días”. 180 días para ser más específicos.

Eso puede interpretarse como que se organizaron muchos banquetes durante 6 meses. El versículo 4 también puede interpretarse como que después del banquete que el rey organizó, él mostro sus riquezas y su majestad durante todos esos meses. Independientemente de cual sea la interpretación, una cosa es segura: este rey tenía muchas riquezas y majestad.

Asuero estaba muy por encima de un “niño rico” que invita a sus amigos a una fiesta que a duras penas dura varias horas (hasta que se acaba la comida y la bebida). El rey pudo mostrar sus riquezas y majestad por meses sin problema. Pero eso no es todo, después de 6 meses este rey todavía tenía lo que se necesitaba para organizar “un banquete de siete días para todo el pueblo” (v. 5).

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