¿Cómo puedo saber si amo a Jesús?

La importancia de algo es evidente por el número de veces que se repite. Cuando le repetimos varias veces una misma cosa a alguien, esperamos que no lo olvide, porque es importante. En Juan 14 encontramos una verdad que Jesús repite varias veces: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (v. 15); otra vez: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama” (v. 21); y otra vez: “Si alguno me ama, guardará mi palabra” (v. 23); y una vez más, ahora de forma negativa: “El que no me ama, no guarda mis palabras” (v. 24).

Guardar los mandamientos o las palabras de Jesús no es tener una Biblia o conocerla, nótese que Jesús dijo «el que tiene mis mandamientos y los guarda». Guardar los mandamientos de Jesús es más que conocerlos; es obedecer los mandamientos de Jesús, seguir Sus palabras.

Por el resto de la Biblia sabemos que el amor a Dios no es únicamente una obediencia externa (sin afecto). Pero este pasaje nos dice algo que no es menos cierto: el amor a Dios no es únicamente un afecto interno (sin obediencia). El amor a Dios no es afecto o obediencia. El amor a Dios implica afecto y obediencia.

Hay una estrecha relación entre tener afecto por Jesús y obedecer las palabras de Jesús. Y la importante verdad que Jesús no quiere que olvidemos es que si tenemos un afecto real por Él, entonces éste se evidenciará en una obediencia a Sus palabras. Alguien dijo que insistir en que amamos a Jesús cuando desobedecemos Sus mandamientos es un auto-engaño. Obedecer Sus mandamientos tiene más peso que decir “¡Te amo, Jesús!”, más que “sentir mariposas en el estómago”, más que levantar las manos al cantar. Y tal cosa no debería extrañarnos ya que cuando amamos a alguien buscamos hacer todo lo que agrada a esa persona.

Así que, ¿cómo puedo manifestar mi amor por Jesús? Guardando Sus mandamientos. ¿Cómo sé que mi afecto por Jesús es real? Guardando Sus mandamientos.

¿Por qué aun después de convertirnos en cristianos muchas veces desobedecemos Sus mandamientos? Porque –todavía– no siempre amamos a Jesús tanto como Él merece ser amado. Pero pidámosle perdón confiadamente cada vez que pequemos y recibiremos Su perdón. Y esa es una faceta de Su belleza, que al ser contemplada hace que amemos más a Jesús.

¿Cómo “Fury” ejemplifica la lucha contra el pecado?

Corazones de HierroLa película Fury (Corazones de Hierro) es un drama de guerra que trata acerca de como el sargento Wardaddy, quien comanda un tanque de guerra y cuatro hombres, enfrenta grandes obstáculos mientras pelean para golpear la Alemania Nazi en abril de 1945.

Un póster de la película dice que “La guerra nunca termina tranquilamente” y creo que eso es cierto también de la lucha del cristiano con el pecado –por eso la Biblia describe la interacción entre el cristiano y el pecado como una guerra–: “pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:23; véanse también Gál. 5:17 y 1 Pe. 2:12).

¿Qué lecciones sobre la lucha contra el pecado se ejemplifican en esta película?

LOS PECADOS PEQUEÑOS RESULTAN DESASTROSOS

Wardaddy: “¿Por qué no disparaste?”
Norman: “Era sólo un niño. Lo lamento. La lamento mucho, sargento”.
Wardaddy: “¿Ves lo que puede hacer un niño?”. Mientras el sargento obliga a Norman a ver el cuerpo muerto de uno de sus compañeros mientras arde en llamas.

Es muy probable que si le hubiésemos dicho a David que cometería adulterio y asesinato, él se hubiese escandalizado y negado. Después de todo, ¿qué cristiano se levanta de su cama pensando en cometer adulterio y asesinato? Sin embargo, David cometió ambos pecados. Ahora, ¿cómo comenzó todo? Todo comenzó con ociosidad, David ni estaba en donde debió estar ni estaba haciendo lo que debió estar haciendo. Seguido de una mirada lujuriosa que no fue interrumpida, sino alimentada (2 Samuel 11). Sigue leyendo

¿Cómo podemos saber que Dios existe? [III]

Las leyes morales absolutas apuntan a un legislador supremo: a diferencia de las leyes naturales –que describen lo que es–; las leyes morales no siempre describen lo que es, sino lo que debe ser. Dicho de otra manera, describen lo bueno que los hombres deben hacer y lo malo que no deben hacer –independientemente de lo hagan o no–. Por “absolutas” significo leyes objetivas (independientemente a lo que cada persona piense), universales (presentes en cada lugar) y constantes (no cambian con el tiempo). Y al ver leyes así, la conclusión más lógica es que hay un legislador supremo de estas. Ahora, ¿existen leyes morales absolutas?

Las leyes morales absolutas sí existen: a pesar de que vivimos en una época en la cual las personas tienen mucho miedo de imponer su propia forma de pensar a los demás, existen leyes morales absolutas y todas las personas esperan ser tratadas de acuerdo a ellas. A ninguno nos gustaría que al momento de expresar nuestra opinión alguien nos gritara “¡CÁLLESE!” o nos diera una golpiza en la boca. Los hombres aplauden la tolerancia y el amor como algo bueno, pero condenan como malo lo contrario. Matar, robar y mentir son considerados como cosas malas en cualquier parte del mundo, en todas las épocas.

Por lo tanto, existe un legislador supremo… Dios: las leyes morales absolutas no pudieron haber sido creadas por la sociedad, porque ellas trascienden la opinión personal, algún lugar en específico y determinada época. Si un legislador supremo no existe, entonces tampoco existirían las leyes morales absolutas. Pero el hecho de que tales leyes sí existen nos da a entender que también existe un legislador supremo y ese es Dios.

El Dios de la Biblia reveló en Su ley Su carácter justo y bueno al hombre (varón y hembra). Pero también puso una conciencia en todo hombre –independientemente de si éste tiene o no la Biblia a Su alcance–; para que ésta (conciencia) le aplauda al hacer lo bueno y le condene al hacer lo malo: “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos” (Romanos 2:14, 15).

1ra parte; 2da parte; 3ra parte; 4ta parte

 

La propiciación.

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Propiciación

“Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados” (Isaías 53:5. LBLA).

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Imagen original por Chris Powers. Versículo añadido por Misael Susaña.