“Estoy bien”: la meditaciĂłn.

¿Por qué Horatio Spafford pudo decir: “Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!”; aun cuando su senda estaba cubierta por un mar de aflicción? Porque –como cristiano– su paz en última instancia no dependía de las circunstancias, su paz estaba basada en Jesucristo (Su persona y Su obra). Cristiano, sabe tú también que tu paz está basada en Jesucristo.

El principal problema de Horatio no fue su pĂ©rdida econĂłmica ni fue la pĂ©rdida de sus hijos; el principal problema que de Horatio [antes de ser cristiano] era que Ă©l no estaba bien con Dios, era enemigo de Dios, era hijo de ira y estaba muerto en sus pecados. Pero el misericordioso Dios habĂ­a provisto en Jesucristo la soluciĂłn para el principal problema de Horatio –y el nuestro tambiĂ©n: “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconciliĂł consigo mismo por medio de Cristo” (2 Co. 5:18). Dios (el ofendido) por medio de Jesucristo nos reconciliĂł a nosotros (los ofensores) consigo mismo, eso es lo que dice 2 Corintios 5:19: “a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliaciĂłn”. Dios no tomĂł en cuenta nuestras transgresiones porque «al que no conociĂł pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuĂ©ramos hechos justicia de Dios en El» (2 Co. 5:21). Continuar leyendo “Estoy bien”: la meditaciĂłn.

Soli Deo Gloria.

Soli Deo Gloria afirma la doctrina bíblica de que la salvación procede de Dios; realizada solamente por Dios y para Su gloria. Como cristianos debemos vivir conscientes de Su presencia, bajo Su autoridad, no buscando nuestra propia gloria, sino buscando la gloria de Dios.

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El decreto de Dios.

Empecemos definiendo el decreto de Dios: «Dios ha decretado desde la eternidad, libre e inalterablemente, todo lo que ha de ocurrir en el tiempo y todo para Su gloria«.

Uno de mis pasajes bĂ­blicos favoritos acerca del decreto de Dios es IsaĂ­as 46:9-11:

«Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré”. Yo llamo del oriente un ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré».

He aquí otros pasajes bíblicos que nos enseñan acerca del decreto de Dios: Salmos 115:3; Proverbios 19:21; Isaías 14:24-27; Hechos 4:27,28; Efesios 1:11.

ALGUNAS CONSIDERACIONES:

  1. Aunque Dios sabe todo lo que pudiera o puede pasar en todas las condiciones que se puedan suponer (1 S. 23:11,12), la presciencia de Dios está basada en Su decreto –y no al revés (Hch. 2:22,23). Es decir, Dios nada ha decretado porque lo previera como futuro.
  2. El decreto de Dios no elimina las causas secundarias, sino que las establece (Hch. 2:22,23).
  3. Dios no es autor del pecado, ni tiene comuniĂłn con nadie en el mismo (Sal. 7:11; Hab. 1:13).
  4. Algunos teólogos han rechazado el término y las implicaciones de «voluntad permisiva», ya que ésta puede implicar un mero permiso, involuntario de Dios. Además, «permiso» indica una voluntad opuesta [a la de Dios] y tal voluntad no existía cuando Dios decretó desde la eternidad todo (Ro. 11:34; 1 Co. 2:16).

1ra parte; 2da parte; 3ra parte

Para la gloria de Dios.

Dios nos manda a glorificarle en todo y debe ser glorificado con nuestra alegre obediencia; a través de nuestros labios y nuestra conducta. Porque esto es justo; sólo Él merece toda la gloria y sólo en Él encontraremos el gozo pleno y eterno.

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