Eternamente exaltado – Sovereign Grace Music

LETRAS

Desde Su esplendor de gloria
Jesús, al mundo descendió
Tomó la forma de un siervo
Jesús, en la cruz murió
Quiso Dios quebrantarle
Como ofrenda de expiación
Cumplió toda justicia
Y en victoria resucitó

CORO:
Eternamente exaltado
Nombre sin igual
Digno de adorar
Sólo Tú reinas en gloria
Cristo eres Rey
Sobre todo ser
Tu nombre sobre todo es
Nombre altísimo
Te exaltaré

La tumba ya está vacía
Jesús, cordero que venció
El cielo a una voz le adora
Jesús, el Padre lo exaltó
A Él sea el dominio
La honra y la majestad
Sabiduría y gloria
Por toda la eternidad

PUENTE:
Rendido hoy, proclamaré
Que Tú eres Señor

Música por Pat Sczebel y Joel Sczebel, letra original por Pat Sczebel
© 2011 Sovereign Grace Worship (ASCAP)

Una despedida inusual.

Los ídolos son un peligro al cual estamos expuestos y del cual debemos cuidarnos, a la vez que recordamos que Jesucristo es el único Dios verdadero que merece nuestra adoración y la vida eterna que nos satisface para siempre.

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¡Dios bendiga [mi nación]!

En estos últimos días se ha incrementado en mí una preocupación por mi nación. Pienso que el principal detonador de esa preocupación fue Jeremías 29:7 que dice: “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al SEÑOR por ella; porque en su bienestar tendréis bienestar”. En el tiempo en el cual se escribió ese pasaje, el pueblo de Israel había sido llevado cautivo por Babilonia. Sin embargo, Dios llamó a Su pueblo a buscar el bienestar de la ciudad donde estaban y a rogar por ella. Aunque esta tierra –tal como es ahora– no es nuestro hogar, el mismo llamamiento se dirige a nosotros hoy (véase 1 Timoteo 2:1, 2).

Debemos orar a favor de nuestra nación: que Dios la bendiga; que Dios, en Su gracia común, la guarde del pecado; que sea gobernada con justicia; y que tanto los gobernantes como los ciudadanos conozcan personalmente al Señor Jesucristo.

Ahora, nótese que no sólo se dice que se ruegue al Señor a favor de la ciudad, sino también que se busque el bienestar de ésta. En vez de quedarnos de brazos cruzados ante las cosas que deben mejorar o cambiar en nuestra nación, debemos procurar activamente el bienestar de ésta de una manera honorable1. ¿Y qué es mejor para una nación que el tener a Jesucristo como Su Salvador y Señor? Por lo tanto, prediquemos el evangelio y adornémoslo con nuestra conducta. Todo eso resultará en beneficio tanto para la nación como para nosotros, los que estamos en esta nación.


1 Sí, es cierto que el cambio no es sólo de uno, pero empieza por uno. Y si yo, como individuo, no cambio ahora, ¿cómo puedo esperar un cambio positivo en mi nación?