Los 4 Fantásticos y una verdad que supera la fantasía.

El 25 de julio de 2025 llegó a los cines de Estados Unidos Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos, el segundo reinicio cinematográfico de la famosa franquicia de Marvel. La película recibió críticas mayormente positivas y se convirtió en la entrega más taquillera de Los 4 Fantásticos hasta la fecha.

Ambientada en una versión retrofuturista de la década de 1960, la historia presenta a Reed Richards (Sr. Fantástico), Sue Storm (la Mujer Invisible), Johnny Storm (la Antorcha Humana) y Ben Grimm (la Mole), cuatro astronautas que obtuvieron poderes extraordinarios después de ser expuestos a rayos cósmicos durante una misión espacial. Conocidos como la primera familia de Marvel, estos héroes deben enfrentarse a Galactus, una entidad cósmica devoradora de mundos que amenaza con consumir la Tierra para saciar su insaciable hambre.

La advertencia de Dios

Galactus tiene una heraldo llamada Silver Surfer, una figura humanoide de piel plateada que recorre el espacio sobre una tabla de surfear. En la película, ella aparece en Times Square, en la ciudad de Nueva York, para anunciar el fin de la Tierra con estas palabras:

“Su planeta ha sido destinado a morir. Su mundo va a ser consumido por el Devorador. Tratar de detenerlo es imposible… Abracen a sus seres queridos y confiesen las palabras que temían confesar. Usen este tiempo para regocijarse y para celebrar, pues su tiempo es corto”.

Mientras veía esa escena, recordé el relato del libro de Jonás. Dios escogió a Jonás como Su profeta y le ordenó ir a Nínive para proclamar juicio contra la ciudad a causa de su gran maldad. Después de llegar allí, prácticamente jalado de las orejas por Dios, Jonás comenzó a recorrer la ciudad anunciando un mensaje aterrador:

“Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada”.

A primera vista, el mensaje de Silver Surfer y el mensaje de Jonás parecen muy similares. Ambos anuncian destrucción. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre ellos.

Continuar leyendo Los 4 Fantásticos y una verdad que supera la fantasía.

El poder para vencer la mentira.

Al inicio de esta serie de artículos vimos que en Colosenses 3:9 se nos manda a no mentir los unos a los otros. Pero el texto no se queda ahí. El mismo versículo añade: “puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos”, y el versículo 10 continúa: “y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento”.

El “viejo hombre” hace referencia a esa naturaleza que es esclava del pecado. El “nuevo hombre”, en cambio, señala la nueva naturaleza que ha sido liberada de esa esclavitud y ahora quiere agradar a Dios y le obedece.

«La gramática griega indica que este es un evento que ya ocurrió. Un cambio de identidad ya se ha producido en la vida de los creyentes. Ahora deben adecuar su comportamiento a su nueva identidad» (ESV Global Study Bible).

Es decir, el apóstol Pablo fundamenta el mandamiento de no mentir en una realidad: si eres un verdadero creyente, hubo en ti una naturaleza dominada por prácticas pecaminosas —entre ellas la mentira—, pero ahora hay una nueva naturaleza, creada “según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

Esto no significa que ya no debas esforzarte por dejar la mentira y hablar la verdad. Al contrario, implica dos realidades importantes:

Primero, tus esfuerzos por abandonar la mentira y hablar la verdad son evidencia de que eres una nueva creación en Cristo Jesús. Segundo, tus esfuerzos no serán en vano. Tus esfuerzos darán buenos resultados. Y eso porque Dios te ha provisto todo lo necesario para obedecer este mandamiento —y todos los demás.

Continuar leyendo El poder para vencer la mentira.

Jesús no es un “dios debilucho”.

La profecía de Isaías 9:6 fue proclamada en un contexto marcado por la “tribulación y tinieblas”, “angustia” y “oscuridad” debido al pecado. Sin embargo, este anuncio profético declara que no todo estaba perdido. Dios prometía reemplazar la penumbra con gloria, y hacer resplandecer luz en medio de la oscuridad. La alegría sería multiplicada y la esclavitud daría paso a la libertad.

En Isaías 9:6 se nos revela la causa de esta esperanza:

“Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado; y el principado sobre Su hombro. Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

¿En quién se cumple finalmente esta profecía? En la persona de Jesucristo. En Mateo 4, el evangelista —inspirado por el Espíritu Santo— afirma que en Jesús se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías (vv. 15–16; cf. Is. 9:1–2).

Así, la profecía de Isaías 9:6 fue relevante en los días del profeta, se cumplió en el ministerio terrenal de Jesús y sigue siendo plenamente vigente hoy. Aunque el pecado y sus consecuencias continúan presentes en el mundo, Cristo vive, reina y sigue obrando, trayendo luz, paz y esperanza.

DIOS FUERTE

Aunque nacería como un niño, no dejaría de ser Dios. “Abraham y sus descendientes retomaron el nombre de El en su sentido originario, desvinculado de connotaciones paganas, para designar a Dios. En Israel, este nombre asume un carácter más particular, viniendo a ser el nombre propio del Dios único e incomparable. Es así que se acompaña siempre con un adjetivo que destaca un aspecto, una virtud del mismo Dios” (Nuevo diccionario bíblico ilustrado).

Él no sería un dios al mismo nivel que los dioses paganos, sino el Dios fuerte. Él es el mismo Dios del cual se habla en Isaías 10:21 que dice: “Un remanente volverá; un remanente de Jacob volverá al Dios poderoso”. Y según Deuteronomio 10:17 ese “Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible que no hace acepción de personas ni acepta soborno”.

Continuar leyendo Jesús no es un “dios debilucho”.