¿Dónde está Dios cuando sufrimos?

Tristeza

¿Dónde está Dios cuando los creyentes sufren en este mundo? ¿Dónde está Dios cuando los creyentes padecen por mano de los que no tienen fe en Dios? ¿Es Dios amoroso? Sí, Él es amor (1 Jn. 4:8, 9). ¿Es Dios poderoso? Sí, Él puede hacer todo lo que quiera (Lc. 1:37). ¿Dónde, entonces, está Dios cuando la aflicción fuerza nuestra puerta? Los ejemplos de José, Job y Jesús responden a esa pregunta.

JOSÉ

José era uno de los hijos de Jacob, amado más que a todos sus hermanos debido a que Jacob lo había tenido en su vejez. Los hermanos de José lo odiaban debido a cuánto su padre lo amaba. Y ellos lo odiaron aún más cuando José les contó los sueños que tuvo en los que tanto su padre como sus hermanos se inclinaban ante él.

Los hermanos de José, entonces, planearon matarlo: lo tomaron y lo echaron en un pozo. Ellos lo sacaron del pozo y lo vendieron a ismaelitas, quienes llevaron a José a Egipto (Gén. 37). Una vez en Egipto, José es comprado por un oficial llamado Potifar. Allí Dios lo prosperó. Pero un día, no queriendo pecar contra Dios, José huyó de la mujer de Potifar que le pedía que se acostara con ella. Y siendo acusado falsamente, José termina en la cárcel (Gén. 40). Sigue leyendo

Serie Preguntas Cruciales por R. C. Sproul.

Serie Preguntas Cruciales

Preguntas Cruciales es una serie de libros (o folletos) electrónicos escritos por el pastor y teólogo R. C. Sproul con el fin de ayudar a los cristianos a saber lo que creen, por qué lo creen, cómo vivirlo y cómo compartirlo.

Preguntas Cruciales provee explicaciones breves pero completas de las doctrinas cristianas esenciales. Eso hace que esta serie sea una buena herramienta de discipulado cristiano. Aquí está la lista de libros en esta serie:

Esta serie de libros electrónicos están en formato Kindle. Si no tienes un lector electrónico Kindle, aun así, puedes disfrutarla en tu teléfono inteligente al descargar la aplicación Kindle o en tu computador desde el lector en la nube Kindle.

¿Por qué aprender de los hombres si ya tengo la Biblia?

La Biblia constituye «la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores». ¿Por qué, entonces, aprender de los hombres –sea directa o indirectamente–? ¿Por qué sentarnos a escuchar un sermón cada domingo? ¿Por qué asistir a conferencias en donde se enseña la Biblia? ¿Por qué tener confesiones de fe? ¿Por qué leer otros libros de autores cristianos?

Leemos en 1 Corintios 12:28 lo siguiente: “Y en la iglesia, Dios ha designado: primeramente, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, milagros; después, dones de sanidad, ayudas, administraciones, diversas clases de lenguas”. Según este versículo, los maestros en la iglesia no han sido puestos por ellos mismos, sino por Dios. Los maestros son instrumentos de Dios para la edificación de la iglesia.

Algo similar se dice en Efesios 4:11 y 12: “Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Nótese otra vez, la idea de tener pastores y maestros para la edificación de la iglesia no fue una idea de los hombres, sino de Dios.

¿Cómo los maestros edifican a la iglesia? Al ser usados por Dios para instruir, explicar, aclarar la Palabra de Dios ya revelada. Eso implica que en ocasiones, después de ser instruidos por un maestro, obtendremos conocimientos que antes no teníamos o confirmaremos lo que ya sabíamos; en otras ocasiones cambiaremos de parecer con respecto a un determinado tema.

La presencia de maestros en la iglesia no atenta contra la suficiencia de la Biblia. Ningún maestro está al mismo nivel que la Biblia y mucho menos por encima de ésta. Por lo tanto, todo lo que salga de su boca debe estar basado y saturado por la Biblia; y los que escuchan deben examinar la Biblia para confirmar que se está diciendo la verdad. No hemos de abrazar una enseñanza porque quien la dijo fue un maestro popular. Ni hemos de rechazar una enseñanza porque quien la dijo fue un maestro de otra denominación (religiosa). Más bien, abrazaremos o rechazaremos una enseñanza porque hemos sido convencidos por la Biblia, la Palabra de Dios.