Mayordomos de Dios.

Mayordomo

Un hombre, montado en un caballo, llegó a John Wesley con malas noticias: “¡Sr. Wesley! ¡Sr. Wesley! Algo terrible pasó: se ha quemado completamente su casa”. Wesley, después de pensar por un momento, respondió: “No, la casa del Señor se ha quemado completamente. Eso significa una responsabilidad menos para mí”.

En Salmos 24:1 leemos: “Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan”. En Salmos 50:10 y 11 Dios dice: “Porque mío es todo animal del bosque, y el ganado sobre mil colinas. Toda ave de los montes conozco, y mío es todo lo que en el campo se mueve”. Y en Hageo 2:8 se dice: “‘Mía es la plata y mío es el oro’ —declara el Señor de los ejércitos”.

¿Qué significa eso para “tu” dinero y “tus” posesiones –incluyendo “tu” tiempo–? Significa que el dinero en tu bolsillo no es tuyo, sino de Dios; significa que las posesiones en tus manos no son tuyas, sino de Dios; significa que el tiempo que utilizas no es tuyo, sino de Dios. Tú no eres más que un mayordomo de Dios que administra Sus recursos. ¿Y qué es lo que se requiere de un mayordomo? 1 Corintios 4:2 nos responde: “se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel”. En otras palabras, tu trabajo es seguir al pie de la letra las indicaciones que Dios ha dado acerca de cómo Él quiere que se utilicen Sus recursos.

Dios quiere que se utilicen Sus recursos para suplir tus necesidades (2 Tesalonicenses 3:10) y las de tu familia (1 Timoteo 5:8). Pudiera parecer muy “santo” tomar todo tu dinero y darlo a la iglesia, pero Dios dice que aquel que no provee para su familia «ha negado la fe y es peor que un incrédulo».

Dios quiere que se utilicen Sus recursos para la expansión de Su reino en esta tierra (Filipenses 4:18). Dios también quiere que se utilicen Sus recursos para suplir las necesidades de los pobres (Efesios 4:28), principalmente la de los cristianos pobres (2 Corintios 8, 9).

Es hora de pensar menos en “mi” dinero y más en el dinero de Dios que yo administro; pensar menos en “mis” posesiones y más en las posesiones de Dios que yo administro; pensar menos en “mi” tiempo y más en el tiempo de Dios que yo administro. Eso nos hará más desprendidos (seremos más generosos) de todas aquellas cosas que Dios nos ha dado para que las administremos y seremos librados de los «muchos dolores» que vienen como consecuencia de amar al dinero (1 Timoteo 6:10).

Recuerda: todo es pertenencia de Dios, nada es pertenencia tuya. Tú eres un mayordomo. Sé fiel en tu administración.

Apreciando y aprovechando tu soltería.

Muchos ven la soltería como un monstruo del cual deben escapar. Por eso entran en relaciones románticas aun cuando no es el tiempo apropiado para ellos. Otros, después de mucho entrar y salir de relaciones románticas han abrazado su soltería como si fuera un mal necesario.

Este artículo no tiene la intención de elevar la soltería por encima del matrimonio como algo más excelente. La intención de este artículo es llamar a todos los cristianos solteros a apreciar y aprovechar su soltería durante todo el tiempo en el cual Dios los tenga en ésta.

El llamamiento de Dios tanto para los casados como para los solteros es que vivan para Él (Ro. 14:8). Sin embargo, la obediencia a este mandamiento luce diferente en la vida del casado y en la vida del soltero. En 1 Corintios 7:32 y 33 vemos como luce la obediencia a este mandamiento en la vida del soltero:

“Mas quiero que estéis libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor; pero el casado se preocupa por las cosas del mundo1, de cómo agradar a su mujer”.

APRECIANDO TU SOLTERÍA

Por “apreciar” significo estimar el valor que tiene algo. La soltería no es monstruo ni un mal necesario. La soltería es valiosa. Como soltero estás libre de muchas preocupaciones [lícitas] que los casados tienen. Ahora mismo tú no tienes un cónyuge a quien debas dedicarle tiempo, para quien trabajar y en quien tengas que invertir tu dinero en vestido o alimento.

APROVECHANDO TU SOLTERÍA

Por “aprovechar” significo utilizar algo de tal forma que se obtenga el mayor provecho de éste. Si la soltería es valiosa –y la es–, ¡aprovéchala! ¿Cómo? Haz que el objetivo de tu soltería sea agradar al Señor –sin división, sin interrupción–. Agrada al Señor con tu tiempo, contempla por tanto tiempo como puedas la revelación de la belleza de Jesucristo en las Escrituras hasta que tú también puedas decir “¡con razón te aman!” (Ca. 1:4). Agrada al Señor con tu trabajo, gasta tus fuerzas en el servicio a Él (por ejemplo, al evangelizar y servir a tu comunidad). Si la respuesta predeterminada del casado, para aquellos que solicitan su ayuda, es “Permíteme pensarlo”; la respuesta predeterminada del soltero debería ser “¡Sí!”. Agrada al Señor con tu dinero, dando dinero sacrificialmente (o una cantidad que no podrías dar si estuvieras casado) para la extensión de la obra de Dios y para suplir las necesidades de otros cristianos pobres.


1 La preocupación «por las cosas del mundo», de la cual habla el versículo 33, no son cosas pecaminosas, sino que son preocupaciones lícitas en este mundo.

Pobres en extremo, ricos en generosidad.

Misael Susaña comparte cuál es la condición del corazón y la manera apropiada de ofrendar a Dios o dar a nuestros hermanos en necesidad, al considerar el ejemplo de las iglesias de Macedonia y el ejemplo supremo de Jesucristo.

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¿Qué dice la Biblia sobre el dinero y las posesiones?

  • Absolutamente todo es de Dios (Salmos 24:1; Hageo 2:8).
  • Dios controla todo, incluso la economía de una nación (2 Reyes 6:33ss; Santiago 4:13-16).
  • Dios se ha comprometido a suplir todas las necesidades de los Suyos y puede hacerlo aun sin nuestro dinero (Salmos 23:1; Mateo 6:25-34).
  • Dios es quien da los medios (fuerzas) por los cuales conseguimos el dinero, el dinero mismo y la capacidad de disfrutarlo (Deuteronomio 8:18; Eclesiastés 5:19).
  • Dios ha establecido que el trabajo diligente y honesto es el medio por el cual conseguimos el dinero y las posesiones. Ahora, y no es menos cierto que, Dios advierte a quienes buscan hacerse ricos (Proverbios 10:4; 1 Timoteo 6:10).
  • Debemos cuidarnos de la avaricia, Dios nos llama a estar contentos con lo que ya tenemos (1 Timoteo 6:8; Hebreos 13:5).
  • Dios espera que paguemos a tiempo a quienes le debemos dinero (Deuteronomio 24:14, 15; Romanos 13:7, 8).
  • Dios ve bien el ahorrar y el gastar sabiamente el dinero (Proverbios 6:6-8; 21:21).
  • Si ponemos al dinero en el centro de nuestra vida no seremos satisfechos y se multiplicaran nuestros dolores. Sin embargo, con Dios en el centro de nuestra vida sí seremos satisfechos totalmente y en Su soberanía Él puede prosperarnos (Proverbios 11:28; Eclesiastés 5:10, 11).
  • Dios nos invita a acumular tesoros en el cielo, donde los tesoros son mejores (Mateo 6:19; Hebreos 10:34-36).
  • Dios espera que compartamos con los pobres, principalmente con aquellos que están en la familia de la fe (Romanos 12:13; 1 Corintios 16:1, 2).
  • Hay una conexión entre lo que damos o dejamos de dar y lo que Dios nos da o no nos da (Proverbios 19:17; 2 Corintios 9:6).
  • Más que cuánto ofrendamos, Dios está interesado en cómo ofrendamos –con fe, alegremente, regularmente y proporcionalmente– (1 Corintios 16:2; 2 Corintios 9:7).
  • Tanto la riqueza como la pobreza vienen de Dios. Riqueza no es necesariamente sinónimo de tener el favor de Dios y pobreza no es necesariamente sinónimo de no tener el favor de Dios (1 Samuel 2:7; Santiago 5:1-6).
  • Son pocos los ricos que confían en Dios, la mayoría confían en sus riquezas (Salmos 49:6; Marcos 10:23-27).
  • Nuestra alma, en un buen estado delante de Dios por Jesucristo, es nuestra más valiosa posesión (Mateo 16:26).

Este artículo no pretende ser un estudio detallado sobre el tema. Para una lista más extensas de versículos sobre este tema vea el libro Todo lo que la Biblia dice sobre el dinero.