El milagro y las ganancias del discípulo.

En este sermón, el pastor Misael Susaña nos enseña (1) cuál es el milagro de Dios que es común a todo cristiano y (2) cuáles son las ganancias de aquellos que son discípulos de Jesús.

Jesús no es [sólo] un maestro bueno.

A partir del encuentro del joven rico con Jesús, el pastor Misael Susaña nos enseña que Jesús es mucho más que un maestro bueno y nos enseña cómo debemos responder a eso.

Más riquezas y majestad que el rey Asuero.

Los acontecimientos que se relatan en el libro de Ester sucedieron en el período de tiempo que vino después del exilio babilónico. Algunos judíos habían retornado a Jerusalén para reconstruir el templo; pero otros judíos (como Ester y Mardoqueo) todavía estaban en el exilio, aunque ahora bajo la dominación persa.

EL REY ASUERO

El que ocupaba el trono en ese entonces era el rey Asuero, mejor conocido por su nombre griego Jerjes. La grandeza de este rey era evidente no tan solo en el hecho de que él “reinó desde la India hasta Etiopía sobre 127 provincias” (Ester 1:1), sino también en lo que hizo después: el rey Asuero organizó un banquete para todos sus funcionarios con el propósito de que ellos vieran “las riquezas de la gloria de su reino y el magnífico esplendor de su majestad” (v. 4). Y se nos dice que eso él lo hizo “durante muchos días”. 180 días para ser más específicos.

Eso puede interpretarse como que se organizaron muchos banquetes durante 6 meses. El versículo 4 también puede interpretarse como que después del banquete que el rey organizó, él mostro sus riquezas y su majestad durante todos esos meses. Independientemente de cual sea la interpretación, una cosa es segura: este rey tenía muchas riquezas y majestad.

Asuero estaba muy por encima de un “niño rico” que invita a sus amigos a una fiesta que a duras penas dura varias horas (hasta que se acaba la comida y la bebida). El rey pudo mostrar sus riquezas y majestad por meses sin problema. Pero eso no es todo, después de 6 meses este rey todavía tenía lo que se necesitaba para organizar “un banquete de siete días para todo el pueblo” (v. 5).

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Mayordomos de Dios.

Mayordomo

Un hombre, montado en un caballo, llegó a John Wesley con malas noticias: “¡Sr. Wesley! ¡Sr. Wesley! Algo terrible pasó: se ha quemado completamente su casa”. Wesley, después de pensar por un momento, respondió: “No, la casa del Señor se ha quemado completamente. Eso significa una responsabilidad menos para mí”.

En Salmos 24:1 leemos: “Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan”. En Salmos 50:10 y 11 Dios dice: “Porque mío es todo animal del bosque, y el ganado sobre mil colinas. Toda ave de los montes conozco, y mío es todo lo que en el campo se mueve”. Y en Hageo 2:8 se dice: “‘Mía es la plata y mío es el oro’ —declara el Señor de los ejércitos”.

¿Qué significa eso para “tu” dinero y “tus” posesiones –incluyendo “tu” tiempo–? Significa que el dinero en tu bolsillo no es tuyo, sino de Dios; significa que las posesiones en tus manos no son tuyas, sino de Dios; significa que el tiempo que utilizas no es tuyo, sino de Dios. Tú no eres más que un mayordomo de Dios que administra Sus recursos. ¿Y qué es lo que se requiere de un mayordomo? 1 Corintios 4:2 nos responde: “se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel”. En otras palabras, tu trabajo es seguir al pie de la letra las indicaciones que Dios ha dado acerca de cómo Él quiere que se utilicen Sus recursos.

Dios quiere que se utilicen Sus recursos para suplir tus necesidades (2 Tesalonicenses 3:10) y las de tu familia (1 Timoteo 5:8). Pudiera parecer muy “santo” tomar todo tu dinero y darlo a la iglesia, pero Dios dice que aquel que no provee para su familia «ha negado la fe y es peor que un incrédulo».

Dios quiere que se utilicen Sus recursos para la expansión de Su reino en esta tierra (Filipenses 4:18). Dios también quiere que se utilicen Sus recursos para suplir las necesidades de los pobres (Efesios 4:28), principalmente la de los cristianos pobres (2 Corintios 8, 9).

Es hora de pensar menos en “mi” dinero y más en el dinero de Dios que yo administro; pensar menos en “mis” posesiones y más en las posesiones de Dios que yo administro; pensar menos en “mi” tiempo y más en el tiempo de Dios que yo administro. Eso nos hará más desprendidos (seremos más generosos) de todas aquellas cosas que Dios nos ha dado para que las administremos y seremos librados de los «muchos dolores» que vienen como consecuencia de amar al dinero (1 Timoteo 6:10).

Recuerda: todo es pertenencia de Dios, nada es pertenencia tuya. Tú eres un mayordomo. Sé fiel en tu administración.