¿Tocando fondo? ¡Hay esperanza!

Por lo que vemos en el Salmo 130, el autor de este salmo pasó por una experiencia de angustia que lo llevó a “tocar fondo”. Pero aun allí él encontró esperanza.

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Dios no olvida el pecado, hace algo mucho mejor.

En Isaías 43, Dios se describe a sí mismo como el Creador de Israel. Pero Él también se describe como el Redentor de Israel. Y como Redentor de Israel, éste último había pasado a ser pertenencia de Dios (v. 1). Como Redentor de Israel, Dios también estaría con Su pueblo y a favor de éste (v. 2).

Pero la gran bondad de Dios por Su pueblo se contrasta con el gran pecado del pueblo contra Dios: “Pero no me has invocado, Jacob, sino que te has cansado de mí, Israel” (v. 22). El pueblo no había invocado a Dios a pesar de ser posesión y dependiente de Dios. El pueblo se había cansado de Dios a pesar de que Él es el ser más maravilloso que existe. El pecado de Israel era serio.

Ahora, no nos apresuremos a apuntar nuestro dedo acusador contra Israel. ¿No pecamos nosotros hoy de formas similares? ¿No podría catalogarse la falta de oración como pecado de no invocar a Dios? ¿No podría catalogarse el descuido de los medios de gracia (Biblia, oración, adoración) como pecado de cansarse de Dios?

Unas líneas más abajo Dios expresa que los pecados de Su pueblo son muchos con las siguientes palabras: “me has abrumado con tus pecados, y me has cansado con tus iniquidades” (v. 24). Ahora, las siguientes palabras que Dios dice no son las palabras que esperaríamos –¡y que bueno que es así!–: “Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados.” (v. 25). Después de describir el pecado de Su pueblo como muy grave, Dios se describe como perdonador. Y ese perdón para pecadores fue comprado, años después, a precio de sangre en la cruz de Jesucristo. Continúa leyendo Dios no olvida el pecado, hace algo mucho mejor.

El Dios que perdona y castiga la iniquidad.

“Te ruego que me muestres tu gloria” –fue la petición de Moisés a Dios en Éxodo 33:18–. Dios, entonces, le respondió que Él pasaría con Su gloria y que Moisés vería Sus espaldas; pero no Su rostro, porque nadie podía verlo y vivir (Éx. 33:20-23).

Ya en el capítulo 34, se dice que Dios pasó por delante de Moisés y proclamó: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (vv. 6, 7). ¡Esa es la gloria de Dios! Y cuando Moisés la vio, él se inclinó y adoró (v. 8).

Dos de los atributos que Dios proclamó fueron Su clemencia y Su justicia. Clemencia, que también se traduce como gracia, significa favor. Y cuando decimos que la gloria de Dios es ser clemente significamos que Dios se complace en mostrar Su favor hacia aquellos que lo necesitan y, al mismo tiempo, no lo merecen. Y es debido a esa gracia que Dios perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado. Todo aquel que se vuelve a Dios e implora Su perdón será atendido favorablemente, sin importar la gravedad de su pecado. Continúa leyendo El Dios que perdona y castiga la iniquidad.