Brooks sobre “8 artimañas de Satanás para mantener a los cristianos en tristeza y duda”.

#1. Hace que los santos [cristianos] recuerden sus pecados más que a su Salvador, sí, incluso hasta olvidar y descuidar a su Salvador.

Como remedio, considera:

  • Aunque Jesucristo no ha librado a los creyentes de la presencia del pecado, Él los ha librado de su poder condenatorio.
  • Aunque Jesucristo no ha librado a los creyentes del irritante y molesto del pecado, los ha librado del reino y dominio del pecado.
  • Es necesario poner un ojo en la promesa de la remisión de los pecados, y el otro ojo en las operaciones internas del pecado.
  • Los pecados de los creyentes han sido cargados a la cuenta de Cristo como deudas que Él ha satisfecho plenamente.
  • El Señor tiene buenas razones para permitir que su pueblo se turbe con la corrupción pecaminosa.
  • Los creyentes deben arrepentirse de estar desalentados por sus pecados.

#2. Hace que los santos hagan definiciones falsas de sus gracias.

Como remedio, considera:

  • Puede haber verdadera fe, incluso una gran fe, donde no hay seguridad.
  • Las Escrituras definen la fe de otra manera a la que Satanás tienta a los santos a definirla.
  • Puede haber verdadera fe donde hay mucha duda.
  • La seguridad es un efecto de la fe, no la fe misma.

#3. Hace que los santos hagan inferencias falsas a partir de las acciones dolorosas de la Providencia.

Como remedio, considera:

  • Muchas cosas, aunque contrarias a nuestros deseos, no son contrarias a nuestro bien.
  • La mano de Dios puede estar en contra de un hombre cuando Su amor y Su corazón están puestos sobre él.
  • Las providencias dolorosas son enviadas por Dios para obrar algún bien noble para los santos.
  • Todas las providencias extrañas y profundas con las que se encuentran los creyentes los adelantan en su camino al cielo.
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Brooks sobre “12 artimañas de Satanás para atraer el alma al pecado”.

#1. Presenta la carnada y esconde el gancho.

Como remedio, considera:

  • Mantenerte a la mayor distancia posible del pecado y de jugar con la carnada.
  • El pecado no es más que un dulce amargo.
  • El pecado traerá las pérdidas más grandes y más tristes.
  • El pecado es muy engañoso y hechizante.

#2. Pinta el pecado con los colores de la virtud.

Como remedio, considera:

  • El pecado no es menos vil por estar pintado atractivamente.
  • Cuanto más se pinta el pecado, más peligroso es.
  • Mirar al pecado tal como lo veremos dentro de unas pocas horas.
  • El pecado costó la sangre del Señor Jesús.

#3. Atenúa y disminuye el pecado.

Como remedio, considera:

  • El pecado que los hombres consideran pequeño trae la gran ira de Dios sobre ellos.
  • El ceder a un pecado menor da paso a cometer un pecado mayor.
  • Es triste alejarse de Dios por un pecado pequeño.
  • A menudo hay más peligro en los pecados más pequeños.
  • Los santos han escogido sufrir mucho antes que cometer pecados pequeños.
  • El alma nunca puede soportar la culpa y el peso del pecado cuando Dios muestra cuán poderoso es el pecado más pequeño.
  • Hay más mal en el menor pecado que en la mayor aflicción.
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La iglesia es: el templo del Espíritu.

¿Qué es la iglesia? Para algunos, la iglesia es un edificio de cuatro paredes [sin vida] al cual asistes para adorar a Dios. Pero en el Nuevo Testamento, ekklesia (palabra griega que se traduce como iglesia) significa una asamblea de creyentes que, en cualquier parte, se reúnen para adorar (1 Co. 11:18; 14:19, 23). También en el Nuevo Testamento podemos encontrar algunas metáforas de la iglesia, siendo una de ellas el templo del Espíritu.

En 1 Corintios 3:16, el apóstol Pablo hizo la siguiente pregunta: “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?”. Después, en el versículo 17, el apóstol hizo la siguiente afirmación: “Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son”.

La pregunta retórica en el versículo 16 busca afirmar la siguiente verdad: la iglesia es el templo de Dios. Y aunque en 1 Corintios 6:19 se habla de cada creyente como el templo de Dios, aquí se habla de toda la iglesia como el templo de Dios: “son [plural] templo [singular] de Dios”. Fíjense también que el templo de Dios no es el edificio de cuatro paredes, sino la asamblea de creyentes: “son [personas] templo de Dios… el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son”.

Este templo no está vacío. Este templo es la morada del Espíritu de Dios, quien es Dios mismo en esencia. No pasemos por alto que el apóstol dijo que el Espíritu “habita en ustedes”. Él no va y viene de la iglesia. Él habita de manera permanente en la iglesia. El Espíritu Santo está en cada creyente de manera individual (1 Co. 6:19). Y el Espíritu Santo está en medio de los creyentes de manera colectiva, cuando ellos están congregados.

Esta realidad de la que estamos hablando es asombrosa. El Dios que no tiene igual ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, quien no puede ser contenido por los cielos de los cielos, mora por medio de Su Espíritu en la asamblea de creyentes y atiende a sus necesidades. ¡Guao!

El templo de Dios, la asamblea de creyentes, es santo. Dios ha separado a este grupo de personas para Él. Dios ha roto las cadenas que los esclavizaban al pecado y ahora ellos son libres para servir a Dios.

Y es por eso que Dios, a través del apóstol, pronunció la severa advertencia de que si alguno destruye Su templo, Él lo destruirá a él. Es como si Dios dijera: “el que se mete con la iglesia, se mete conmigo”. O en palabras del profeta Zacarías: “el que los toca, toca la niña de Su ojo” (2:8).

Destruir el templo de Dios no se limita a quitarles la vida a los cristianos; también incluye destruir la unidad de los creyentes, desviar a la iglesia de la sana doctrina y pervertirla moralmente. Y todo aquel que hace tal cosa voluntariamente y sin arrepentimiento sincero, está llamando a la ira de Dios sobre sí.

Recordemos las palabras de Jesús en Mateo 18:6, que dice: “Pero al que haga pecar a uno de estos pequeñitos que creen en Mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar”.

La verdad de que la iglesia es templo del Espíritu debe motivarnos, en primer lugar, a andar en santidad. Si somos el templo del Dios que es santo y el Espíritu que es santo habita en nosotros, seamos cada vez más santos.

En segundo lugar, cuidémonos de decir o actuar de tal manera que desviemos a la iglesia de la verdad o causemos división en ella. Todo intento de hacerle daño a la iglesia Dios lo toma personal.