¡A la batalla!

Deuteronomio es el quinto y último libro del Pentateuco. En este libro, Moisés (inspirado por Dios) resumió tanto la narrativa como las leyes que se encuentran en los tres libros anteriores (Éxodo, Levítico, Números). De esa manera Moisés le recordó a Israel cómo Dios castigó a toda una generación por su incredulidad y desobediencia; y animó al pueblo, que estaba a punto de entrar en la tierra prometida, a confiar en las promesas de Dios y a obedecerle.

En Deuteronomio 20 encontramos leyes sobre la guerra y en el versículo 1 leemos lo siguiente: “Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos y veas caballos y carros, y pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos; porque el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto está contigo” (v. 1).

Dios sabía que los enemigos que Su pueblo enfrentaría tenían caballos, carros y un mayor número de personas. Dios también sabía que al ver esto, Su pueblo sería tentado a desmayar, temer, alarmarse, aterrorizarse. Por eso la siguiente exhortación: “Oye, Israel, hoy ustedes se acercan a la batalla contra sus enemigos; no desmaye su corazón; no teman ni se alarmen, ni se aterroricen delante de ellos” (v. 3).

Marchar contra esos enemigos parecería ser un acto suicida. Pero Dios les dijo en ambas ocasiones: “no tengas temor de ellos… no teman” (vv. 1, 3). Ahora, la razón por la cual ellos no debían temer no era porque sus enemigos no eran fuertes –porque sí lo eran–. La razón por la cual Israel no debía temer tampoco era porque ellos eran más fuerte que sus enemigos –porque ellos no lo eran–. Es decir que el llamado de Dios no estaba basado en una negación de la realidad ni en una exaltación falsa del potencial del pueblo.

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Nueva identidad y nuevo potencial en Cristo.

El cristiano tiene una nueva identidad (es muerto al pecado y vivo para Dios) y un nuevo potencial (es capaz de negarse al pecado y obedecer a Dios), gracias a la obra de Jesucristo.

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¿Qué nos recordó el 2020?

En menos de 5 horas este año 2020 habrá terminado. Y tal vez, de los últimos 100 años, éste sea el año del cual la humanidad quiera salir con más ansias. Sin embargo, en nuestras ansias porque este año acabe, no debemos dejar de pensar en lo que este año nos enseña o nos recuerda.

Estos son algunos de los sucesos que tuvieron lugar en este año:

  • Australia inició el año con incendios forestales que no sólo quemaron 10 millones de hectáreas y afectaron 500 millones de animales, sino que también les quitaron la vida a 50 personas.
  • Hubo amenazas de guerra entre Estados Unidos e Irán después de que el 2 de enero el comandante de alto rango de Irán, Qasem Soleimani, muriera en un ataque aéreo ordenado por el presidente de Estados Unidos.
  • El 30 de enero, la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró que la Covid-19 era una emergencia sanitaria de preocupación internacional y el 11 de marzo esta enfermedad fue reconocida como una pandemia. Y todavía lo es.
  • En mayo, en el estado de Washington, se detectaron “avispas asesinas” o avispones gigantes asiáticos; lo cual causó temor y preocupación entre muchos.
  • En noviembre, la entonces tormenta tropical Eta provocó inundaciones que afectaron a millones de personas en Centroamérica.
  • Y por último, aunque no menos importante, la persecución contra los cristianos empeoró en este año: millones de cristianos sufren persecución y miles son asesinados por su fe alrededor del mundo.

Ciertamente hay muchas cosas que pudimos aprender en este año con todos sus sucesos, pero en este artículo quiero que consideremos brevemente lo más importante qué nos recordó el 2020. Y para responder a eso, primero debemos leer Mateo 24:6-8 que dice lo siguiente:

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