Oh, gran Dios + Regeneración

OH, GRAN DIOS – La IBI

REGENERACIÓN

La canción anterior fue inspirada en la siguiente oración del Valley of Vision [Valle de la visión]:

Oh, Dios del cielo más alto,
ocupa el trono de mi corazón,
toma entera posesión y reina supremamente,
derriba cada deseo rebelde,
que ninguna vil pasión resista tu santa guerra;
manifiesta tu enorme poder,
y hazme tuyo por siempre.
Tú eres digno de ser
alabado con cada respiración,
amado con cada facultad del alma,
servido con cada acción en vida.
Me has amado, desposado, recibido,
comprado, lavado, favorecido, vestido,
adornado,
cuando era indigno, vil, sucio, contaminado.
Estaba muerto en iniquidades,
sin ojos para verte,
sin oídos para escucharte,
sin gusto para saborear tus gozos,
sin inteligencia para conocerte;
Pero tu Espíritu me ha dado vida,
me ha traído a un nuevo mundo como una
nueva criatura,
me ha dado percepción espiritual,
ha abierto tu Palabra como luz a mí, guía,
paz, gozo.
Tu presencia es un tesoro de paz sin fin para mí;
Ninguna provocación puede separarme de tu compasión,
porque me has atraído con cuerdas de amor,
y me perdonas cada día, cada hora.
Oh, entonces, ayúdame a caminar digno de tu amor,
de mis esperanzas, y mi profesión.
Guárdame, porque no puedo hacerlo solo;
Protégeme para que ningún mal me acontezca;
Que deje a un lado cada pecado admirado por muchos;
Ayúdame a caminar a tu lado, descansar en tu brazo,
mantener conversaciones contigo,
que de ahora en adelante pueda ser sal de la tierra
y una bendición a todos.

Desde la elección hasta la glorificación.

Todo cristiano verdadero perseverará como cristiano hasta el final. Eso no quiere decir que el cristiano no debe perseverar, pero sí que la preservación de Dios producirá que el cristiano persevere. Eso tampoco quiere decir que el cristiano no tropezará, pero sí que cada vez que tropiece se levantará otra vez en arrepentimiento y fe.

Después de la consoladora promesa de Romanos 8:28, que todo obra para el bien de aquellos que aman a Dios, se dice que eso es así porque a los que Dios conoció de antemano Él también glorificó. La glorificación es el bien más grande en este pasaje y todas las otras bendiciones que Dios nos da contribuyen –y no obstruyen– a la glorificación. Leemos en Romanos 8:29 y 30 lo siguiente:

“Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó”.

Lo primero que dice el pasaje que Dios hizo por nosotros fue conocernos de antemano. El conocimiento del cual se habla en este pasaje no se refiere a un mero conocimiento intelectual, como si Dios hubiera sabido que levantaríamos la mano para ser salvos y por eso nos salvó. El conocimiento del cual se habla aquí se refiere a una relación personal y es equivalente a elegir.

Por ejemplo, en Amos 3:2a Dios dice respecto a Israel: “Sólo a vosotros he escogido [Lit., conocido] de todas las familias de la tierra”; y en 1 Pedro 1:20 se dice con respecto a Cristo: “Porque El estaba preparado [Lit., conocido] desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros”. Así que, lo que el versículo en Romanos 8 quiere decirnos es que desde la eternidad Dios nos eligió para que tengamos una relación personal con Él. Continúa leyendo Desde la elección hasta la glorificación.

Razones por las que no tienes lo que quieres [III]

El no pedir a Dios lo que quieres y el pedir a Dios para gastar en deleites pecaminosos son dos razones por las que en ocasiones no tenemos lo que queremos. ¿Puedes pensar en una tercera razón? Santiago, en el capítulo 5 de su carta, nos da una tercera razón.

En Santiago capítulo 5 se menciona a Job como un hombre que esperó pacientemente en el Señor y tuvo un buen final: “Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo, y misericordioso” (v. 11). El autor nos llama a imitar a Job.

Después se menciona a Elías, profeta de Dios que profetizó mientras Acab reinaba sobre Israel: “Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto” (vv. 17, 18). Nótese que el autor no dice que Elías era un hombre extraordinario y que debemos ser como él para que nuestras oraciones sean escuchadas; sino que el autor nos anima a orar porque Elías era un hombre ordinario y sus oraciones fueron escuchadas. Dicho de otra manera, la diferencia la hizo la oración y no Elías.

Ahora, no es menos cierto que la oración de Elías tuvo cierta característica. En 1 Reyes 18 se relata que Elías subió a orar a la cumbre del Carmelo para que Dios diera fin a la sequía. Él (Elías) mandó varias veces a su criado a mirar hacia el mar y no fue hasta la séptima vez que éste último vio una pequeña nube. La oración de Elías fue una oración persistente.

Cuando Dios no responde inmediatamente a nuestras oraciones no significa necesariamente un “no” definitivo. Donald Whitney dice: “Algunas veces un fallo en persistir en la oración muestra una falta de seriedad acerca de lo que pedimos en primer lugar. Otras veces Dios quiere que persistamos en la oración para fortalecer nuestra fe en Él. La fe nunca crecería si todas nuestras oraciones fueran respondidas inmediatamente. La oración persistente tiende a desarrollar una gratitud más profunda también… Y aunque esta generación que mide el tiempo en nano-segundos odia admitir su necesidad de esto, Dios nos hace tan pacientes como Jesucristo cuando Él requiere que oremos con persistencia”.

Así que, si me dices: “he estado pidiendo a Dios algo lícito, pero no tengo lo que quiero”; yo te respondo: “… todavía”. No te rindas. Persiste en la oración.

1ra parte; 2da parte; 3ra parte

 

Bloom sobre “La perseverancia”.

Las guerras son agotadoras –especialmente las largas–. Es por eso que a menudo estás cansado. Muchos soldados, que experimentan la ferocidad del combate, quieren salir de él. Es por eso que estás tentado a escapar. Es por eso que estás tentado a rendirte.

Pero no te rindas. No, más bien “esforzaos y no desmayéis, porque hay recompensa por vuestra obra” (2 Crónicas 15:7).

No te rindas cuando ese pecado familiar, que todavía está agachado en tu puerta después de todos estos años, salta otra vez con tentación:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Corintios 10:13).

No te rindas cuando sientas ese profundo cansancio en tu alma debido a largas batallas con debilidades persistentes:

“Y El me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí” (2 Corintios 12:9).

No te rindas cuando tus largas pedidas-y-buscadas-y-tocadas oraciones todavía no han sido respondidas:

“Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer” (Lucas 18:1).

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