Un Padre todo-sabio y todopoderoso.

Hay padres que tienen el poder para darle a sus hijos todo lo que ellos quieran. Pero eso no siempre es algo bueno. Si los padres, sin pensarlo dos veces, les dan a sus hijos absolutamente todo lo que ellos piden; en muchas ocasiones no estarán beneficiando a sus hijos, sino perjudicándolos. ¿Por qué? Porque no es cierto que todo lo que los hijos desean es lo que ellos realmente necesitan; no es cierto que todo los hijos quieren es necesario justo ahora; no es cierto que todo lo que los hijos piden beneficiará sus almas.

Por otro, hay padres que saben lo que es mejor para sus hijos y procuran dárselo, pero muchas veces se ven obstaculizados porque ellos no pueden darle a sus hijos todo lo que ellos piensan que realmente necesitan.

Ahora, nuestro Padre celestial, de quien los creyentes venimos a ser hijos gracias a la obra de Jesucristo, no tiene las debilidades que mencionamos anteriormente. Dios no es como ese padre que le da a sus hijos todo lo que ellos piden; porque Él sabe que a veces pedimos mal, para gastar en placeres fuera de Dios que al final nos llevarán a la destrucción (Stg. 4:3, 4).

Pero Dios tampoco es como ese padre que aunque sabe lo que es mejor para sus hijos, no tiene el poder para dárselo. Dios está comprometido a darle a Sus hijos todo lo que ellos necesitan en el momento en el que ellos realmente lo necesitan (Jn. 16:23). Y así lo hará, porque nada es demasiado difícil o imposible para Él.

Dios es el Padre todo-sabio y todopoderoso. En otras palabras, Dios sabe lo que es mejor para Sus hijos y tiene todo el poder para darle lo mejor a Sus hijos. ¿No estás agradecido de tener a ese Dios como tu padre?

Jesús dejó morir a quien Él amaba.

En los primeros dos versículos de Juan 11 se nos habla acerca de tres hermanos –Lázaro, María y Marta– que vivían en una aldea llamada Betania. Ellos eran conocidos por Jesús ya que María ungió los pies de Él con perfume y los secó con sus cabellos.

Lázaro estaba enfermo y sus hermanas (María y Marta) mandaron a decir a Jesús que Lázaro estaba enfermo. Obviamente, ellas no estaban buscando que Jesús sólo supiera que Lázaro estaba enfermo, sino también que Él fuera a sanarlo. Y para añadir peso a su petición, ellas se refieren a Lázaro como “el que tú amas” (v. 3).

Pero Jesús, en vez de ir inmediatamente, se quedó dos días más en el lugar donde estaba y Lázaro murió. Parecería que las hermanas de Lázaro tenían un entendimiento equivocado respecto a los sentimientos de Jesús por Lázaro y Su disposición de hacer bien. Pero la Biblia misma confirma que Jesús sí amaba a Lázaro: “Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (v. 5). Aquí hay dos lecciones muy importantes para el cristiano que sufre:

En primer lugar: la presencia de aflicciones no es indicación de ausencia de amor [por ti] en Jesús. Recuerda que Jesús realmente amaba a Lázaro y, aún así, él murió. Dile a tu alma que ese dolor que sientes no significa que Dios no te ama.

En segundo lugar: en medio de tus sufrimientos, Dios está haciendo más cosas buenas de las que puedes ver. Jesús dejó que Lázaro muriera para fortalecer la fe de Sus discípulos y la de María y Marta; para que ellos vieron que Él no tan solo podía curar enfermos, sino también resucitar muertos. Jesús dejó que Lázaro muriera para salvar a muchos judíos, quienes después de ver lo que Jesús hizo, creyeron en Él (v. 45). Jesús dejó que Lázaro muriera para que Lázaro experimentara en carne propia el poder de Dios que da vida a los muertos. Y de todas esas maneras Dios fue glorificado. Así que, aunque no lo puedas ver, sabe que Dios sigue trabajando en tus sufrimientos para Su gloria y tu bien.

¿Dónde está Dios cuando sufrimos?

Tristeza

¿Dónde está Dios cuando los creyentes sufren en este mundo? ¿Dónde está Dios cuando los creyentes padecen por mano de los que no tienen fe en Dios? ¿Es Dios amoroso? Sí, Él es amor (1 Jn. 4:8, 9). ¿Es Dios poderoso? Sí, Él puede hacer todo lo que quiera (Lc. 1:37). ¿Dónde, entonces, está Dios cuando la aflicción fuerza nuestra puerta? Los ejemplos de José, Job y Jesús responden a esa pregunta.

JOSÉ

José era uno de los hijos de Jacob, amado más que a todos sus hermanos debido a que Jacob lo había tenido en su vejez. Los hermanos de José lo odiaban debido a cuánto su padre lo amaba. Y ellos lo odiaron aún más cuando José les contó los sueños que tuvo en los que tanto su padre como sus hermanos se inclinaban ante él.

Los hermanos de José, entonces, planearon matarlo: lo tomaron y lo echaron en un pozo. Ellos lo sacaron del pozo y lo vendieron a ismaelitas, quienes llevaron a José a Egipto (Gén. 37). Una vez en Egipto, José es comprado por un oficial llamado Potifar. Allí Dios lo prosperó. Pero un día, no queriendo pecar contra Dios, José huyó de la mujer de Potifar que le pedía que se acostara con ella. Y siendo acusado falsamente, José termina en la cárcel (Gén. 40). Sigue leyendo

No te olvidaré ni dejaré de amar.

Las madres reflejan de una manera especial el tierno amor de Dios por Sus hijos. Al mismo tiempo, el amor de Dios por Su pueblo excede infinitamente el amor de todas las madres por sus hijos.

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