7 razones para volver a congregarte [V]

Razón #5: Porque cantar junto a nuestros hermanos en Cristo nos hace bien.

“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones” (Colosenses 3:16).

Creo que la mayoría de nosotros –por no decir todos– hemos experimentado la frustración que viene después de tratar de cantar junto a nuestros hermanos en una videollamada. Debido a la velocidad o la estabilidad de la conexión de internet, que no es la misma para todos, un hermano canta la primera línea de una canción mientras que el otro ya va por la segunda línea y un tercero está a punto de comenzar a cantar. ¿Solución temporal? Todos apagan sus micrófonos, excepto uno.

Sin embargo, cantar junto a tus hermanos en Cristo es muy importante. Y Colosenses 3:16 es uno de los pasajes en donde se nos manda a cantar como iglesia y, al mismo tiempo, nos dice el porqué eso es importante.

El mandamiento allí es que la Palabra de Cristo, que es lo mismo que toda la Palabra de Dios que testifica acerca de Cristo, habite en abundancia en nosotros. Dice “habite”, lo cual significa que la Palabra de Cristo debe estar permanentemente en nosotros y no meramente visitarnos de vez en cuando. Y después se agrega “en abundancia” o ricamente, lo cual significa mucho en cantidad. Y aunque es cierto que debemos depender del Espíritu Santo para eso, no es menos cierto que somos responsables de que eso pase –el mandamiento se dirige a nosotros–.

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Dios paga la deuda.

En el artículo anterior vimos como el salmista expresa, en el Salmo 130, que se siente como en “abismo de muchas aguas”. Y todo eso debido a su pecado. Pero el salmista no es el único pecador. Ya que todos sin excepción son pecadores –incluyéndome–, culpables, delante de Dios; la única esperanza1 de la humanidad es el perdón de Dios: que Dios vea al pecador y le diga “¡sin culpa!”, que Dios no le tome en cuenta los pecados, que Dios borre el registro de todos los delitos cometidos, que Dios no guarde rencor ni haga pagar o castigue al pecador por el delito que cometió.

Ahora, ¿sabes cuál es la buena noticia –tanto para el salmista como para todos nosotros–? ¡Qué eso es exactamente lo que hay en Dios! El Salmo 130:4 dice: “Pero en ti hay perdón, para que seas temido”. ¡Hay perdón de todos los pecados –sin importar cuán graves sean–! ¡Dios es perdonador –eso está en Su naturaleza–!

La segunda parte del versículo dice que en Dios hay perdón para que Dios sea temido o, como dice la traducción Reina Valera 1960, “reverenciado”. Esa idea no aparece únicamente en este versículo: “escucha tú desde los cielos, el lugar de tu morada, y perdona, actúa y da a cada uno conforme a todos sus caminos, ya que conoces su corazón (porque solo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres), para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que diste a nuestros padres” (1 Re. 8:39, 40); “Los limpiaré de toda la maldad que cometieron contra mí, y perdonaré todas las iniquidades con que pecaron contra mí y con las que se rebelaron contra mí. Y la ciudad será para mí un nombre de gozo, de alabanza y de gloria ante todas las naciones de la tierra, que oirán de todo el bien que yo le hago, y temerán y temblarán a causa de todo el bien y de toda la paz que yo le doy»” (Je. 33:8, 9). Continúa leyendo Dios paga la deuda.