Dios es la fuente de toda bendición.

José fue el principal instrumento de Dios para preservar la vida de Jacob y sus hermanos durante los siete años de hambre que azotaron a la tierra. José proveyó tanto para ellos como para sus hijos mientras él vivía. Ahora, nótese que dije que José no fue más que un “instrumento”, al fin y al cabo, fue Dios quien bendijo a Israel.

El libro de Éxodo comienza con la siguiente noticia: “Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación” (Éx. 1:6). José, aquel que había provisto para Israel por años, había muerto. ¿Qué pasaría con Israel ahora? El versículo siguiente responde a esa pregunta: “Pero los hijos de Israel fueron fecundos y aumentaron mucho, y se multiplicaron y llegaron a ser poderosos en gran manera, y la tierra se llenó de ellos” (v. 7). A pesar de que José se había ido, Israel continuaba aumentando y multiplicándose.

Después se levantó un rey en Egipto que puso capataces sobre Israel, para oprimirlos con duros trabajos. Pero eso no funcionó: “Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel” (v. 12). Lo más natural que se esperaba de la opresión era que Israel no se multiplicará; pero Israel se multiplicaba –a pesar de la opresión–. El agua que estaba supuesta a extinguir el fuego, terminó encendiéndolo más.

Uno de los últimos recursos que utilizó el rey de Egipto contra Israel fue el siguiente: “y [Faraón] les dijo [a las parteras]: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá” (v. 16). Pero ni aún eso funcionó ya que las parteras eran temerosas de Dios y por eso “no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños” (v. 17).

¿Qué aprendemos de todo esto? Aprendemos que Dios es la fuente de toda bendición para Su pueblo. Él puede usar y generalmente usa medios para bendecirte, pero Él no está atado a ellos. Dios puede utilizar a algún familiar, a algún amigo o a algún trabajo para bendecir tu vida; pero Dios puede bendecirte aun si ese familiar muere, si ese amigo se va o si te despiden del trabajo. Dios puede bendecirte incluso en circunstancias desfavorables. Él lo hizo con Israel y sin duda lo puede hacer contigo.

3 señales de idolatría en el corazón.

Raquel fue una de las dos hijas de Labán. Jacob se enamoró de ella y sirvió a su padre por siete años y después siete años más –ya que Labán lo había engañado dándole como esposa a su otra hija, Lea–.

En los primeros versículos de Génesis 30 se nos dice que Raquel tenía envidia de su hermana Lea ya que, a diferencia de su hermana, ella no daba hijos a Jacob. Pero los primeros versículos de Génesis 30 hacen más que eso, también nos muestra –en el ejemplo de Raquel– algunas señales de idolatría en el corazón.

Raquel le demandó a Jacob lo siguiente: “Dame hijos” (v. 1). Eso era una demanda, no un mero deseo; y podemos saber eso por las siguientes palabras que ella expresó –las cuales veremos en breve–. Raquel estaba demandando que Jacob le diera algo que sólo Dios puede dar. Es cierto que Dios utiliza como medio la relación sexual entre un hombre y una mujer para traer hijos al mundo, pero no es menos cierto que al final del día es Dios quien da o no da a los hijos. Por eso Jacob se enojó con Raquel y le dijo: “¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?” (v. 2). Una señal de idolatría en el corazón es el demandar que una cosa o persona nos dé lo que sólo Dios puede dar.

Inmediatamente después de la demanda de Raquel a Jacob, ella agregó lo siguiente: “si no [me das hijos], me muero” (v. 1). Tener hijos es una bendición de Dios, Dios bendijo a Adán y Eva de la siguiente manera: “Sed fecundos y multiplicaos” (Gén. 1:28). Pero Raquel le dio a esa bendición el lugar que le corresponde sólo a Dios. Hasta ese momento, Dios no le había dado hijos a Raquel –a pesar de que ellos lo habían buscado–; pero en vez de ella aceptar la voluntad de Dios hasta ese momento, ella quiso morirse. Una señal de idolatría en el corazón es el no querer seguir viviendo si no tenemos algo que queremos.

Debido a que, después de haberlo buscado, Raquel no le daba hijos a Jacob, ella recurrió a hacer algo que era común en su época: “Y ella dijo: Aquí está mi sierva Bilha; llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos” (v. 3). Pero el hecho de que eso fuera lo común en esa época no significa necesariamente que Dios aplaudiera tal acción. Dios le dio una mujer a Adán (Génesis 2) y El aprueba la monogamia. Una señal de idolatría en el corazón es el estar dispuesto a pecar para conseguir eso que deseamos.

Jesús es Dios y por eso Él merece estar sentado en el trono que está en el centro de nuestro corazón. Y sólo Él es digno de nuestro supremo afecto y lealtad. Jesús también es Salvador y por eso Él puede perdonarnos y rescatarnos de la idolatría.