¿Qué tienen en común 246 hombres caídos en pecado?

En el artículo “The pattern among fallen pastors” [El patrón entre los pastores caídos], Garret Kell habla de cómo Howard Hendricks dirigió un estudio en el que se examinó 246 hombres en el ministerio a tiempo completo que cayeron en relaciones adulteras en un período de dos años. Hendricks copiló cuatro características en común que tenían estos hombres. Consideremos estas características para no tropezar de la misma manera:

1. NINGUNO RENDÍA CUENTAS

Rendir cuentas no es un lujo. Aunque el término no aparece literalmente en la Biblia, el Nuevo Testamento está lleno de instrucciones para “unos a otros”. Lo cual nos muestra que la iglesia es esencial para crecer en santidad.

Necesitamos de cristianos con el Espíritu Santo en sus corazones y con sus Biblias bajo el brazo para reprendernos cuando andamos mal y para animarnos cuando andamos bien. Hebreos 3:12, 13 dice que una medicina preventiva contra la apostasía es la exhortación de otros cristianos: “Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado“.

¿Le has abierto tu corazón a al menos un hermano? ¿Le has dado permiso para exhortarte o tienes una actitud de “no se metan en mi vida”? Continúa leyendo ¿Qué tienen en común 246 hombres caídos en pecado?

Cuando Dios te reprende.

El segundo libro de Crónicas no termina como esas típicas historias “y fueron felices para siempre”. 2 Crónicas 36:14-16 dice lo siguiente: “Asimismo todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo fueron infieles en gran manera, y siguieron todas las abominaciones de las naciones, y profanaron la casa del Señor que El había consagrado en Jerusalén. Y el Señor, Dios de sus padres, les envió palabra repetidas veces por sus mensajeros, porque El tenía compasión de su pueblo y de su morada; pero ellos continuamente se burlaban de los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y se mofaban de sus profetas, hasta que subió el furor del Señor contra su pueblo, y ya no hubo remedio”.

Ese pasaje bíblico dice que el rey Sedequías, los sacerdotes y el pueblo fueron infieles a Dios al hacer lo que Dios había prohibido. Y debido al pecado de ellos, Dios se enfureció contra ellos: el rey de los Caldeos mató despiadadamente a muchos de ellos (v. 17), quemaron la casa de Dios y se llevaron sus objetos a Babilonia (v. 18, 19), los sobrevivientes fueron llevados como siervos a Babilonia (v. 20).

Pero antes de que todo eso pasara, Dios había enviado Su Palabra repetidas veces por medio de Sus mensajeros. Pero en vez de escuchar, la nación despreciaba y se burlaba de la Palabra de Dios. Por ejemplo, el profeta Jeremías habló a Sedequías para que se volviera de su mal camino a Dios, pero el rey no se humilló y obstinó su corazón (vv. 12, 13).

Dios sigue haciendo lo mismo hoy: Él pone cristianos, con la Biblia en sus corazones, a nuestro alrededor y envía Su Palabra a través de ellos. Y en ocasiones Su Palabra es de reprensión, que lo que estamos haciendo está mal y que nos irá mal si continuamos por ese camino.

Y algo que la nación de Judá en su pecado en ese entonces y que nosotros en nuestro pecado hoy fallamos en ver es eso que dice claramente en la última parte del versículo 15: “porque El tenía compasión de su pueblo”. Dios enviaba Su Palabra a través de Sus mensajeros porque Él tenía compasión de Su pueblo. Su compasión fue la razón por la cual Él hizo eso repetidas veces. Su Palabra, por más dura que sea, siempre viene de Su corazón compasivo.

Así que la próxima vez que un cristiano venga con la Palabra de Dios a ti y te diga “estás mal”, “debes cambiar”; no obstines tu corazón al continuar en pecado, no te burles del mensajero diciéndole que él se cree el más santo de la iglesia, no desprecies la Palabra al decir que el asunto no es tan serio. Mas bien, humíllate y vuélvete a Dios. Dios pudo haberte dejado en tu pecado hasta que no haya más remedio, pero en Su gran compasión Él envió Su Palabra a ti.

Buscando la santidad juntos.

En 2 Timoteo 2:22, el apóstol Pablo le exhortó a su hijo en la fe Timoteo a dos cosas: primero, a huir. Él debía escapar del peligro de las pasiones juveniles hacia un lugar seguro. Segundo, a seguir. Él debía perseguir con diligencia la justicia, la fe, el amor y la paz. La vida de un cristiano se caracteriza no sólo por evitar el pecado, sino también por buscar agradar a Dios en todas las cosas que hace.

En el versículo no sólo se exhorta «huye… y sigue», sino que se agrega: “con los que invocan al Señor con un corazón puro”. Aunque es cierto que cada cristiano, de manera individual, debe apartarse de las pasiones pecaminosas y procurar con diligencia la justicia, la fe, el amor y la paz; no es menos cierto que Dios quiere que esto sea hecho en compañía de otras personas. Paul D. Tripp lo dice de la siguiente manera: “Tu caminar con Dios está diseñado para ser un proyecto comunitario de principio a fin”.

Ahora, una pregunta pertinente es: ¿Quiénes son esas personas de las que estamos hablando? ¿Quiénes son los que forman parte de esa comunidad? El versículo nos responde: los cristianos verdaderos. Ellos son los que han puesto su fe en Jesucristo y han sido limpiados por Él (Jn. 13:10; Hch. 15:9). Ellos son los de fe no fingida (1 Ti. 1:5). Ellos son aquellos que profesan la piedad públicamente en la iglesia y la confirman en la privacidad de sus habitaciones (2 Ti. 3:5). Ellos, junto a ti, huirán de las pasiones pecaminosas y seguirán lo que está acorde a la voluntad de Dios.

Eclesiastés 4:9-12 nos recuerda el beneficio de trabajar en compañía: “Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante! Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes, pero uno solo ¿cómo se calentará? Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente”. Y Hebreos 10:24 y 25 dice que en compañía de nuestros hermanos en Cristo seremos exhortados, estimulados al amor y a las buenas obras: “y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca”.

No menosprecies la importancia de congregarte junto a tus hermanos en Cristo los días en los cuales la iglesia se reúne. Pero tampoco limites tu contacto con ellos a cuatro paredes, dos veces por semana. Recuerda: huye del pecado, sigue a Dios, junto a otros cristianos.

El Espíritu & La Palabra.

Tanto Efesios como Colosenses fueron escritas por el apóstol Pablo mientras éste se entraba en una prisión de Roma (60-62 d. C.) por causa del evangelio de Cristo. Y una de las similitudes que encontramos en ellas se ve claramente cuando comparamos Efesios 5:18-21 con Colosenses 3:16-17, que dicen:

“Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre; sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo” (Ef. 5:18-21).

“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones. Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre” (Col. 3:16-17).

Nótese que una persona llena del Espíritu actuará de la misma manera que una persona en quien la Palabra de Cristo habita abundantemente: enseñando y amonestando, cantando y alabando, dando gracias, siendo sumisa. Nótese también que mientras que en Efesios 5 se dice “sed llenos del Espíritu”, en Colosenses 3 se dice “la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros”. Lo primero –ser llenos del Espíritu– significa ser dirigido, controlado por el Espíritu Santo. Lo segundo –que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros– significa estar influenciado por la Palabra de Dios en cada aspecto de la vida.

Ahora, ambas verdades no se contradicen, más bien: un cristiano lleno del Espíritu es un cristiano en quien la Palabra de Cristo habita en abundancia; un cristiano en quien la Palabra de Cristo habita en abundancia es un cristiano lleno del Espíritu.

Dios espera que tanto el ser llenos del Espíritu como el que la palabra de Cristo habite en abundancia en nosotros sean buscados de una manera constantemente por todo cristiano. Así que, ora confiadamente a Dios para que seas lleno de Su Espíritu cada vez más y no resistas Su influencia en ti. Al mismo tiempo, satura tu mente con la Palabra de Dios al exponerte constantemente a ésta y obedécela.