Proverbios sobre el pecado sexual.

PROVERBIOS 5:3, 4

“Porque los labios de la extraña destilan miel, y su lengua es más suave que el aceite; pero al final es amarga como el ajenjo, aguda como espada de dos filos”.

La Biblia no niega que el pecado sexual se siente bien al principio. Si no fuera así (si no se sintiera bien al principio), ninguno se sentiría atraído a cometerlo. Pero la Biblia, a diferencia del pecado, nos dice toda la verdad: el placer que éste ofrece es temporal, de corta duración, y es seguido por dolor, por pena. Lo que sabía dulce pronto pasa a saber amargo: “y al final te lamentes, cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido” (v. 11).

Dios, por el contrario, nos llama a disfrutar del sexo en el contexto correcto –el matrimonio– y con la persona correcta –tu cónyuge–. Eso no debe ser menospreciado ya que es un arma poderosa en contra del pecado sexual: “Bebe agua de tu cisterna y agua fresca de tu pozo. ¿Se derramarán por fuera tus manantiales, tus arroyos de aguas por las calles? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (vv. 15-19; véase también 1 Corintios 7:9). Sigue leyendo

El lugar más feliz de la historia.

En el libro sobre complementariedad cristiana titulado Good [Bueno], Marshall Segal hace una paradójica declaración: “en el lugar más feliz de la historia [el paraíso] no habrá bodas, ni matrimonios ni sexo” (pp. 106, 107). No sé si puedes ver por qué digo que esa es una paradójica declaración (una declaración que parece contradecirse). El asunto es que si hiciéramos una lista de las cosas más placenteras en este mundo, sin duda alguna las bodas, el matrimonio, y el sexo se encontrarían en los primeros lugares de la lista. Y a pesar de que Marchall Segal dice que esas buenas cosas no existirán en el cielo, él dice que el cielo seguirá siendo el lugar más feliz de la historia. ¿Confirma o desmiente la Biblia esa declaración?

En Marcos 12:25 Jesús dijo: “Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos”. Ya que la boda es la ceremonia en la que se celebra el matrimonio y ya que el sexo está supuesto a existir dentro del matrimonio, confirmamos que en el cielo no habrá bodas, matrimonios, ni sexo. Aunque estas cosas son buenas dádivas de Dios, son para el aquí y el ahora.

Ahora, ¿cómo describe la Biblia al cielo a pesar de la ausencia de esas buenas dádivas?

  • Me regocijaré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo; no se oirá más en ella voz de lloro ni voz de clamor” (Isaías 65:19);
  • El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:4);
  • Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre” (Salmos 16:11).

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo puede ser el cielo el lugar más feliz a pesar de que allí no habrá algunas de las cosas que nos hacen más felices aquí y ahora? La respuesta es que nuestro gozo último no se encuentra en las bodas, el matrimonio y el sexo; nuestro gozo último se encuentra en Dios mismo. Las bodas, el matrimonio y el sexo no son más que sombras de algo más excelente; las bodas, el matrimonio y el sexo apuntan a la comunión que la iglesia tendrá con Dios en el cielo (véanse Ef. 5:31, 32; Ap. 19:7, 8). Dios es la razón por la cual el cielo será el lugar más feliz de la historia a pesar de la ausencia de bodas, matrimonios y sexo.

¿Qué si Jesucristo viene y todavía no me he casado?

Jesucristo dijo que «cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio» (Marcos 12:25). La institución del matrimonio tal como aquí la conocemos no existirá más en el cielo. Aun aquellos que ven el matrimonio como un desierto, reconocen que en éste hay varios oasis. Y es por todo esto que muchos solteros cristianos no responden gozosamente “¡amén!” cuando su pastor dice “¡Cristo, ven pronto!”.

Mi punto en este artículo es que si Dios, en Su soberanía, ha decidido que Jesucristo venga antes de que te cases, Él no está quitándote lo bueno para darte algo “más o menos bueno”, sino que, aunque Él no te está dando algo bueno, sí te está dando algo mucho mejor.

El apóstol Pablo (inspirado por Dios) dijo en Efesios 5:31, 32: “Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia”. En este versículo se dice que el matrimonio es un reflejo, una ilustración, una representación de la relación entre Jesucristo y Su iglesia. Esto se confirma al Pablo utilizar “como” (comparación) una y otra vez en los versículos 22-29. Sigue leyendo

Matrimonio, relaciones y juicio por inmoralidad [II]

OFRECIDO PARA LLEVAR LOS PECADOS

El autor de Hebreos que, inspirado por Dios, dijo que Dios juzgará a los inmorales y a los adúlteros, también describió a Jesucristo como Sustituto y Salvador de pecadores: “así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan” (Heb. 9:28). Jesucristo pagó en la cruz y sufrió la ira de Dios no por Sus pecados –pues Él nunca pecó (Heb. 4:15), sino por los pecados de otros muchos. Entre los cuales hay quienes fueron inmorales y quienes fueron adúlteros. Por Su vida, muerte y resurrección los pecadores –que se arrepienten y tienen fe– son salvados, todos sus pecados son perdonados, son declarados justos y tienen la seguridad de que algún día serán santificados completamente. Solamente por la obra de Jesucristo un pecador puede salir airoso en el juicio de Dios.

Amigo, Dios, en Su paciencia, te ha dado tiempo para que te arrepientas; no rehúses arrepentirte de tus pecados. Más bien, arrepiéntete de tus pecados (inclusive inmoralidad y adulterio), confía sólo en el Señor Jesucristo como suficiente Salvador y Él te salvará.

EL GOBERNADOR BUENO

Dios no sólo es el Creador que tiene derecho a gobernar sobre Sus criaturas, sino que también Él es bueno. Dios nos manda que «sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla», sabiendo que esto es bueno, beneficioso, para nosotros. Hemos, pues, de obedecer con gozo Sus mandamientos. Dios, en Proverbios 5:3-6, nos hace saber lo siguiente: “Porque los labios de la extraña destilan miel, y su lengua es más suave que el aceite; pero al final es amarga como el ajenjo, aguda como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte, sus pasos sólo logran el Seol. No considera la senda de la vida; sus senderos son inestables, y no lo sabe”; y agrega en los versículos 22,23: “De sus propias iniquidades será presa el impío, y en los lazos de su pecado quedará atrapado. Morirá por falta de instrucción, y por su mucha necedad perecerá”. Pero Dios nos asegura, en Jeremías 29:11: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” –declara el SEÑOR– “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”.

1ra parte; 2da parte