¿Quién define el género?

“Sexo” y “género” eran sinónimos hace unos años atrás. Pero hoy en día, el mundo quiere hacernos creer que mientras “sexo” se refiere a la anatomía del sistema reproductivo de un individuo, “género” se refiere a un rol social o a una identificación personal basada en lo que se siente. Dicho de otra manera: alguien puede tener el cuerpo de un varón, pero ser en verdad hembra –y viceversa–. Ahora, ¿quién realmente define el género?

EL TESTIMONIO DE LA BIBLIA

En el primer capítulo de la Biblia, Génesis 1, leemos que Dios creó al hombre (término genérico para distinguirlo de los animales y las cosas) a Su imagen y semejanza (v. 26). Y en el versículo 27 se dice claramente que Dios creó al hombre varón y hembra: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Cinco capítulos más adelante vemos que se vuelve a repetir esta verdad: “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados” (5:2). Y siglos después de la creación, Jesús hace referencia a esta realidad con las siguientes palabras: “Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varon y hembra” (Mc. 10:6).

Así que, el testimonio de la Biblia nos dice que Dios es quien define el género y no las personas. Continúa leyendo ¿Quién define el género?

Proverbios sobre el pecado sexual.

PROVERBIOS 5:3, 4

“Porque los labios de la extraña destilan miel, y su lengua es más suave que el aceite; pero al final es amarga como el ajenjo, aguda como espada de dos filos”.

La Biblia no niega que el pecado sexual se siente bien al principio. Si no fuera así (si no se sintiera bien al principio), ninguno se sentiría atraído a cometerlo. Pero la Biblia, a diferencia del pecado, nos dice toda la verdad: el placer que éste ofrece es temporal, de corta duración, y es seguido por dolor, por pena. Lo que sabía dulce pronto pasa a saber amargo: “y al final te lamentes, cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido” (v. 11).

Dios, por el contrario, nos llama a disfrutar del sexo en el contexto correcto –el matrimonio– y con la persona correcta –tu cónyuge–. Eso no debe ser menospreciado ya que es un arma poderosa en contra del pecado sexual: “Bebe agua de tu cisterna y agua fresca de tu pozo. ¿Se derramarán por fuera tus manantiales, tus arroyos de aguas por las calles? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (vv. 15-19; véase también 1 Corintios 7:9). Continúa leyendo Proverbios sobre el pecado sexual.

El lugar más feliz de la historia.

En el libro sobre complementariedad cristiana titulado Good [Bueno], Marshall Segal hace una paradójica declaración: “en el lugar más feliz de la historia [el paraíso] no habrá bodas, ni matrimonios ni sexo” (pp. 106, 107). No sé si puedes ver por qué digo que esa es una paradójica declaración (una declaración que parece contradecirse). El asunto es que si hiciéramos una lista de las cosas más placenteras en este mundo, sin duda alguna las bodas, el matrimonio, y el sexo se encontrarían en los primeros lugares de la lista. Y a pesar de que Marchall Segal dice que esas buenas cosas no existirán en el cielo, él dice que el cielo seguirá siendo el lugar más feliz de la historia. ¿Confirma o desmiente la Biblia esa declaración?

En Marcos 12:25 Jesús dijo: “Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos”. Ya que la boda es la ceremonia en la que se celebra el matrimonio y ya que el sexo está supuesto a existir dentro del matrimonio, confirmamos que en el cielo no habrá bodas, matrimonios, ni sexo. Aunque estas cosas son buenas dádivas de Dios, son para el aquí y el ahora.

Ahora, ¿cómo describe la Biblia al cielo a pesar de la ausencia de esas buenas dádivas?

  • Me regocijaré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo; no se oirá más en ella voz de lloro ni voz de clamor” (Isaías 65:19);
  • El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:4);
  • Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre” (Salmos 16:11).

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo puede ser el cielo el lugar más feliz a pesar de que allí no habrá algunas de las cosas que nos hacen más felices aquí y ahora? La respuesta es que nuestro gozo último no se encuentra en las bodas, el matrimonio y el sexo; nuestro gozo último se encuentra en Dios mismo. Las bodas, el matrimonio y el sexo no son más que sombras de algo más excelente; las bodas, el matrimonio y el sexo apuntan a la comunión que la iglesia tendrá con Dios en el cielo (véanse Ef. 5:31, 32; Ap. 19:7, 8). Dios es la razón por la cual el cielo será el lugar más feliz de la historia a pesar de la ausencia de bodas, matrimonios y sexo.

¿Qué si Jesucristo viene y todavía no me he casado?

Jesucristo dijo que «cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio» (Marcos 12:25). La institución del matrimonio tal como aquí la conocemos no existirá más en el cielo. Aun aquellos que ven el matrimonio como un desierto, reconocen que en éste hay varios oasis. Y es por todo esto que muchos solteros cristianos no responden gozosamente “¡amén!” cuando su pastor dice “¡Cristo, ven pronto!”.

Mi punto en este artículo es que si Dios, en Su soberanía, ha decidido que Jesucristo venga antes de que te cases, Él no está quitándote lo bueno para darte algo “más o menos bueno”, sino que, aunque Él no te está dando algo bueno, sí te está dando algo mucho mejor.

El apóstol Pablo (inspirado por Dios) dijo en Efesios 5:31, 32: “Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia”. En este versículo se dice que el matrimonio es un reflejo, una ilustración, una representación de la relación entre Jesucristo y Su iglesia. Esto se confirma al Pablo utilizar “como” (comparación) una y otra vez en los versículos 22-29. Continúa leyendo ¿Qué si Jesucristo viene y todavía no me he casado?