Que todos vean tu progreso.

Debido a que el pecado todavía mora en el cristiano, y debido a la fuerza que el pecado todavía tiene, el cristiano tropieza y su progreso en la vida cristiana es lento. Ahora, eso no quiere decir que no haya victorias y que el progreso sea irreal. En 1 Timoteo 4:15 leemos: “Sé diligente en estos asuntos; entrégate de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando” (NVI).

EL PROGRESO ES POSIBLE

El versículo (1 Timoteo 4:14) tiene una buena noticia implícita y es que el progreso en la vida cristiana es posible. El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo: cuando Jesucristo murió, el cristiano murió al pecado y cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Las cadenas que te ataban al pecado han sido rotas, ya eres libre para amar a Dios y hacer lo que a Él le agrada.

¡Anímate! Si eres un cristiano verdadero es seguro que en el futuro conocerás más a Dios de lo que le conoces hoy, amarás más a Dios de lo que le amas hoy y obedecerás a Dios con más prontitud de lo que le obedeces hoy.

EL PROGRESO ES TU DEBER

Sí, el progreso en la vida cristiana es posible gracias a la obra de Jesucristo. Ahora, no es menos cierto que debes ser diligente y entregarte de lleno. Y lo primero no es un obstáculo para lo segundo, sino el combustible. Ahora, ¿en qué debes ser diligente? ¿a qué debes entregarte de lleno? El contexto nos responde (vv. 12, 13): debes ser diligente y entregarte de lleno a que tu manera de hablar, tu conducta, tu amor, tu fe y pureza sean un ejemplo a los demás; también debes ser diligente y entregarte de lleno a leer la Biblia, a enseñarla y a animar a tus hermanos (tareas que son principalmente de un pastor, aunque no exclusivamente de éste).

EL PROGRESO EN MESES Y AÑOS

Según la Biblia, la santificación progresiva se parece más a un maratón que dura horas que a una carrera de unos segundos. El cambio toma su tiempo, no ocurre de la noche a la mañana. Por eso Hebreos 12:1 nos llama a correr la carrera que tenemos por delante con perseverancia. Y 1 Tesalonicenses 5:4 nos llama a ser pacientes con todos.

Kevin DeYoung dice: “no deberías tomar tu temperatura espiritual cada día. Necesitas buscar el progreso en meses y años, no en minutos y horas”. Aunque eso no significa que debemos descuidar los minutos y horas, ya que estos son los que llevan a meses y años. DeYoung sigue diciendo: “Por lo tanto, no te enredes a ti mismo preguntándote si el martes fue más piadoso que el miércoles. Mira a tu trayectoria en los últimos cinco meses, o mejor aún, en los últimos cinco años” (The hole in our holiness, p. 138).

CONCLUSIÓN

¿Estás progresando? ¿Pueden verlo tu esposa, tus hijos, tus amigos y tus hermanos en la iglesia? Debido a que el progreso es posible, sé diligente y entrégate de lleno. Ora confiadamente a Dios para que Él te haga progresar, sumérgete en Su Palabra, medita en la belleza de Jesucristo que ésta revela hasta que tu corazón rebose de amor por Él y obedécele con diligencia para que todos puedan ver que estás progresando.

Ningún pecado es rival.

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“Ningún pecado, por más fuerte que sea, es rival para el Dios que está obrando en ti y que no se detendrá hasta terminar lo que empezó” –Misael Susaña (Dios, trabajando en los que trabajan).

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3 verdades sobre el cristiano y el pecado.

1. EL CRISTIANO HA MUERTO AL PECADO

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria” (Colosenses 3:3, 4).

El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo. Cuando Jesucristo murió, el cristiano también murió al pecado. Cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Lo segundo es tan cierto como lo primero. Morir al pecado y vivir para con Dios significa que ahora se tiene la capacidad de desear a Dios y hacer las cosas que a Él le agradan.

2. EL CRISTIANO DEBE MATAR AL PECADO

“Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos [Lit., dad muerte a los miembros que están sobre la tierra] a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

Aunque ciertamente el cristiano ya ha muerto al pecado, todavía el pecado mora en él (a esto se le llama “pecado remanente”). El pecado ha perdido su dominio en el cristiano, pero todavía tiene fuerza. Y es por eso que no siempre deseamos a Dios y no siempre hacemos las cosas que a Él le agradan. Debemos, pues, dar muerte al pecado remanente. Dar muerte al pecado significa luchar contra el pecado, en dependencia del Espíritu Santo, no satisfaciendo los deseos de la carne para que estos se debiliten.

3. EL CRISTIANO ES AQUEL QUE LUCHA

“Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:6, 7).

Lo que diferencia a un no-cristiano de un cristiano no es que el primero siempre peca, mientras que el segundo nunca peca. Lo que los diferencia es: un no-cristiano tiene un estilo de vida o una práctica ininterrumpida (ni por tristeza debido al pecado ni por un resistir la tentación) de pecado; pero un cristiano presenta oposición al pecado, tiene el firme propósito y esfuerzo de hacer morir todo lo pecaminoso que queda en su vida. Y aunque hay tropiezos, también hay victorias (1 Jn. 5:4). Y aunque el progreso es lento, éste es seguro (1 Ti. 4:15).