Pero Cristo la ama.

Pero Cristo la ama
“La novia de Cristo no era la más hermosa ni es perfecta. Pero Cristo la ama, dio Su vida por ella y la hará una iglesia gloriosa” –Misael Susaña (La novia de Jesús).

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Al cristiano cansado: espera un poco más.

En una entrevista hecha en el 2005 a John Piper, él dijo que había tratado con más personas a punto de renunciar a su fe cristiana debido a la lentitud de su santificación, más que debido a algún daño físico o alguna herida que haya venido a su vida. Ellos estaban cansados: cansados de la labor diaria de negarse a sí mismos, cansados de avanzar dos pasos y retroceder uno, cansados de pecar, cansados de pedirle a Dios que los perdone otra vez. Si tú estás entre ese grupo de cristianos, el Salmo 130 tiene algo que decirte.

En el versículo 5, el salmista dice que él espera. Aunque él se encuentra en una situación que lo tienta a desesperarse totalmente, él no pierde la fe, él espera. Él espera en Dios, que Él haga algo. Su alma espera en Su Palabra, que se cumpla lo prometido.

En el versículo 6, el salmista compara su espera a la espera de los centinelas o vigilantes. Y él espera a Dios muchísimo más que los vigilantes a la mañana. Él espera ansiosamente que Dios cumpla Su promesa.

En el versículo 7 vemos que el salmista no sólo espera en Dios, sino que también llama al pueblo de Dios a esperar en Él. Porque él sabe que Dios actuará, que Su Palabra se cumplirá.

Y es en el versículo 8 donde vemos lo que Dios ha prometido hacer: “El redimirá a Israel de todas sus iniquidades”. Dios ha prometido liberación de absolutamente todos los pecados. Y eso fue exactamente lo que paso años después de esa declaración: Dios mismo descendió del cielo y, en la persona de Jesús, nació como hombre para salvar, a través de Su vida, muerte y resurrección, a un pueblo que se hundía en pecado (Mat. 1:21). Jesucristo nos liberó de la culpa del pecado al pagar por nuestros pecados para que nosotros seamos perdonados.

Ahora, tan cierto como que Jesucristo vino y liberó a Su pueblo de la culpa del pecado, así Él vendrá por segunda vez y liberará a Su pueblo de la presencia del pecado: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada” (Ef. 5:25). Se acerca el día en el cual amarás a Dios completa y supremamente. Se acerca el día en el cual siempre harás lo que a Dios le agrada. Se acerca el día en el cual ya no habrá más tentación, no habrá más lucha, no habrá más pecado. Se acerca el día en el cual ya no tendrás que pedirle a Dios que te perdone otra vez, porque serás perfectamente como Jesucristo.

Así que, como dice el viejo himno, “en Dios esperaré, luchando en todo tiempo”. Sigue orando, sigue arrepintiéndote, sigue luchando; y sigue esperando en Dios. Aun cuando pienses que tu pecado es demasiado, sigue esperando en Dios.

Desde la elección hasta la glorificación.

Todo cristiano verdadero perseverará como cristiano hasta el final. Eso no quiere decir que el cristiano no debe perseverar, pero sí que la preservación de Dios producirá que el cristiano persevere. Eso tampoco quiere decir que el cristiano no tropezará, pero sí que cada vez que tropiece se levantará otra vez en arrepentimiento y fe.

Después de la consoladora promesa de Romanos 8:28, que todo obra para el bien de aquellos que aman a Dios, se dice que eso es así porque a los que Dios conoció de antemano Él también glorificó. La glorificación es el bien más grande en este pasaje y todas las otras bendiciones que Dios nos da contribuyen –y no obstruyen– a la glorificación. Leemos en Romanos 8:29 y 30 lo siguiente:

“Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó”.

Lo primero que dice el pasaje que Dios hizo por nosotros fue conocernos de antemano. El conocimiento del cual se habla en este pasaje no se refiere a un mero conocimiento intelectual, como si Dios hubiera sabido que levantaríamos la mano para ser salvos y por eso nos salvó. El conocimiento del cual se habla aquí se refiere a una relación personal y es equivalente a elegir.

Por ejemplo, en Amos 3:2a Dios dice respecto a Israel: “Sólo a vosotros he escogido [Lit., conocido] de todas las familias de la tierra”; y en 1 Pedro 1:20 se dice con respecto a Cristo: “Porque El estaba preparado [Lit., conocido] desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros”. Así que, lo que el versículo en Romanos 8 quiere decirnos es que desde la eternidad Dios nos eligió para que tengamos una relación personal con Él. Continúa leyendo Desde la elección hasta la glorificación.