¿Es posible padecer con gozo? ¡Sí!

Contrario a lo que los predicadores del [falso] evangelio de la prosperidad predican, aquellos que se convierten en cristianos no tendrán una vida con ausencia de dificultad y con abundancia de prosperidad material. Antes de Jesús ascender al cielo les dijo a Sus discípulos: “En el mundo tienen tribulación” (Jn. 16:33).

Los cristianos de la carta a los Hebreos son un ejemplo de que los cristianos padecen en este mundo, pero también son un ejemplo de cómo los cristianos pueden padecer con gozo. El propósito de la carta a los Hebreos es animar a los cristianos a seguir confiando en Jesucristo, a pesar de la persecución y otros tipos de sufrimientos. En Hebreos 10:32 se dice lo siguiente:

“Pero recuerden los días pasados, cuando después de haber sido iluminados, ustedes soportaron una gran lucha de padecimientos”.

SU SUFRIMIENTO

Estos cristianos fueron iluminados por Dios para que vieran a Jesucristo como el Salvador y a Su evangelio como verdad. Cuando Dios los iluminó, ellos “probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo” (6:4). En resumen: fueron salvados, se convirtieron en cristianos.

Ahora, fíjense que no pasó mucho tiempo entre la conversión de estos hebreos y sus padecimientos. Después de ser iluminados, soportaron padecimientos. “Aun cuando ellos eran nuevos en la fe, estos cristianos sufrieron persecución” (Reformation Study Bible). Pero eso no es todo, los padecimientos de ellos fueron muy fuertes. Nótese que se dice que ellos soportaron “una gran lucha”. Y es importante que como cristianos nos recordemos esta verdad a nosotros mismos para que cuando nos toque padecer no nos sorprendamos como si algo extraño nos estuviera pasando (1 Pe. 4:12).

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Tu futuro es brillante.

Dios está llevando a Sus hijos de las aflicciones del presente a la gloria futura de un cuerpo redimido y un mundo libre de corrupción.

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Sermones de la serie: Tu futuro es brillante | Todo va a salir bien | Dios proveerá | Eres más que vencedor

Dios no es indiferente a tus sufrimientos.

Alguien dijo que en la Biblia no hay palabras de más, sino lectores apresurados. Estoy de acuerdo. Por ejemplo, una lectura apresurada de Éxodo 3 difícilmente nos permita gustar la inmensa bondad de Dios en las palabras que Él dirige a Su pueblo. El capítulo anterior, capítulo 2, termina diciendo que el pueblo de Israel gemía a causa su servidumbre en Egipto. Gemido que Dios escuchó, Dios tuvo en cuenta a Su pueblo.

Ya en el capítulo 3, Dios se le aparece a Moisés en una zarza ardiendo y le dice: “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos” (v. 7). Dios vio la aflicción, escuchó el clamor y estuvo consciente de los sufrimientos. Pero eso no era todo, había llegado el momento para actuar: “Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al lugar de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos” (v. 8).

¿Notaste que Dios dice “ciertamente” en el versículo 7? Tal vez lo consideres como algo sin importancia, pero recuerda que no hay palabras de más en la Biblia. Y más adelante, en el versículo 16, nos encontramos otra vez con el “ciertamente”. Es como si Dios estuviera dejando claro que Él no era indiferente a los sufrimientos de Su pueblo. Es como si Dios se estuviera asegurando de que Su pueblo supiera eso.

¿Por qué eso es importante? Porque cuando pasamos por sufrimientos somos tentados a pensar que Dios nos ha abandonado. Pero Dios dice que no nos ha abandonado, que no es indiferente y que sin duda actuará para la gloria de Su nombre y el beneficio de los Suyos.

En la persona de Jesucristo, Dios ha visto la aflicción de Su pueblo y ha descendido para salvarlo del pecado por medio de Su vida, muerte y resurrección. Él es consciente de nuestros sufrimientos no meramente por Su omnisciencia, sino también porque Él los experimentó en carne propia. Y por eso Él nos entiende y se compadece de nosotros.