3 verdades sobre el cristiano y el pecado.

1. EL CRISTIANO HA MUERTO AL PECADO

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria” (Colosenses 3:3, 4).

El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo. Cuando Jesucristo murió, el cristiano también murió al pecado. Cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Lo segundo es tan cierto como lo primero. Morir al pecado y vivir para con Dios significa que ahora se tiene la capacidad de desear a Dios y hacer las cosas que a Él le agradan.

2. EL CRISTIANO DEBE MATAR AL PECADO

“Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos [Lit., dad muerte a los miembros que están sobre la tierra] a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

Aunque ciertamente el cristiano ya ha muerto al pecado, todavía el pecado mora en él (a esto se le llama “pecado remanente”). El pecado ha perdido su dominio en el cristiano, pero todavía tiene fuerza. Y es por eso que no siempre deseamos a Dios y no siempre hacemos las cosas que a Él le agradan. Debemos, pues, dar muerte al pecado remanente. Dar muerte al pecado significa luchar contra el pecado, en dependencia del Espíritu Santo, no satisfaciendo los deseos de la carne para que estos se debiliten.

3. EL CRISTIANO ES AQUEL QUE LUCHA

“Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:6, 7).

Lo que diferencia a un no-cristiano de un cristiano no es que el primero siempre peca, mientras que el segundo nunca peca. Lo que los diferencia es: un no-cristiano tiene un estilo de vida o una práctica ininterrumpida (ni por tristeza debido al pecado ni por un resistir la tentación) de pecado; pero un cristiano presenta oposición al pecado, tiene el firme propósito y esfuerzo de hacer morir todo lo pecaminoso que queda en su vida. Y aunque hay tropiezos, también hay victorias (1 Jn. 5:4). Y aunque el progreso es lento, éste es seguro (1 Ti. 4:15).

No por obras, sí para buenas obras.

Se le atribuye a Martín Lutero el dicho: “Las buenas obras no hacen a un cristiano, pero un cristiano hace buenas obras”. Dicho de otra manera: el cristiano no es salvo por buenas obras, pero sí para buenas obras. Y eso es exactamente lo que nos enseña Efesios 2:8-10: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”.

NO POR OBRAS

Como cristianos hemos sido salvados del pecado y del castigo del pecado, y se nos dio vida eterna por medio de la fe en Jesucristo. Y esa salvación ya está asegurada –nótese que no se dice que estamos siendo salvados ni que seremos salvados.

Dios no nos salvó porque nosotros siempre hemos sido buenas personas, ni porque en algún momento de nuestra vida hayamos resuelto obedecer Su ley y así lo hayamos cumplido a perfección. Dios, en Su gracia, nos salvó a pesar de que no éramos buenas personas y a pesar de que desobedecimos Su ley. Y eso hace que toda la gloria pertenezca a Dios y no a nosotros.

SÍ PARA BUENAS OBRAS

Aunque las buenas obras no hacen a un cristiano, no por eso éstas dejan de ser importantes en la vida del cristiano. El cristiano es alguien que ha sido creado, por Dios, en Jesucristo para hacer buenas obras. El hacer buenas obras es ahora parte de nuestra naturaleza como nuevas criaturas. Las buenas obras no fueron preparadas por Dios para que por ellas seamos salvos, sino para que las practiquemos como aquellos que ya son salvos. Las buenas obras son, entonces, la consecuencia y la evidencia de nuestra salvación.

Lloyd-Jones sobre “Tres frutos del nuevo nacimiento”.

Cita

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Juan 5:1).

El primer fruto del nuevo nacimiento es que yo creo que “Jesús es el Cristo”. Y obviamente, creer eso no es algo intelectual o algo que sólo hago con mi mente. Si yo creo, encomiendo toda mi vida a Él. Si yo creo, sé que soy libertado porque Cristo ha hecho eso por mí. Veo que aparte de Él estoy perdido, desecho y condenado. Esto es una profunda acción; es un compromiso; es el descansar de todo lo que soy en ese hecho.

El segundo fruto del nuevo nacimiento es amor a Dios. La manera en la cual Juan lo pone es: “todo aquel que ama al que engendró…”. Los cristianos ven que son pecadores merecedores del infierno y que hubieran llegado allí a no ser por Su gran amor al enviar a Su Hijo. Ellos ven el amor de Dios por ellos, y entonces aman a Dios; ellos ven que le deben todo a Él. Me parece que ésta es una de las cosas más fundamentales acerca de los hombres y mujeres cristianas. Sin importar cuán buena sea la vida que ellos estén viviendo ahora como santos, ellos todavía se sienten como pecadores merecedores del infierno, y que ellos le deben todo a la gracia de Dios; es el amor de Dios solo lo que ha hecho lo que ellos son. Ellos pierden su sentido de terror y un sentido de enemistad con Dios y son llenos de un sentido de profunda gratitud hacia Él.

Y el fruto final es, por su puesto, que nosotros amamos a nuestros hermanos: “todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él”. Miramos a los otros creyentes, y vemos en ellos la misma disposición que tenemos. Vemos que ellos le deben todo a la gracia de Dios, al igual que nosotros. Vemos que a pesar de su pecaminosidad Dios envió a Su Hijo a morir por ellos, tal como lo hizo por nosotros; y estamos conscientes de esta unión. Aunque hay muchas cosas acerca de ellos que no nos gustan, decimos “ese es mi hermano, mi hermana”.

Este artículo es un extracto tomado de: Martyn Lloyd-Jones. Life in God [Vida en Dios], pp. 19-20. Traducción de Misael Susaña.

¿Por qué es importante leer la Biblia?

Leyendo la BibliaCuando supe que algunos de mis hermanos en la fe no leían la Biblia, quede atónito. Y cuando digo “leer la Biblia” no me refiero a leerla sólo cuando la iglesia se reúne, sino que me refiero a la disciplina de la lectura diaria de la Biblia. Entonces vino a mi mente la siguiente pregunta: ¿qué si la no-lectura de la Biblia no es algo tan solo de “algunos”, sino de “muchos”? No pasó mucho tiempo antes de que mi temor se confirmara. En el 2012, LifeWay hizo una encuesta en la que preguntó, a aquellos que asisten a la iglesia y que afirman querer agradar a Jesús, con cuánta frecuencia ellos leían la Biblia:

Tan solo el 19% afirmó leer la Biblia “cada día”. El 26% afirmó leer la Biblia “unas pocas veces a la semana”. El 14% afirmó leerla “una vez a la semana”. El 22% afirmó leerla “al menos una vez al mes”. Y el 18% afirmó leerla “rara vez” o “nunca”1.

¡Qué triste realidad! Alguien dijo acertadamente que la Biblia no está supuesta a ser un pastel para ocasiones especiales, sino un pan para consumo diario.

No debemos sorprendernos de que los no-cristianos, cuyo corazón no ha sido cambiado por el Espíritu Santo, no les interese leer y obedecer la Biblia; pero sí debe sorprendernos que uno que profese ser cristiano actúe de la misma manera. Pensemos seriamente en todo esto.

En Salmos 119, David dijo acerca de la Palabra de Dios que era su deleite (v. 24), más dulce que la miel (v. 103), el objeto de su amor (v. 97), mejor que el oro y la plata (v. 72). No es de extrañar que él haya mencionado la meditación en la Palabra de Dios varias veces (8 veces) en este salmo. No es de extrañar tampoco que él le haya pedido a Dios: “Inclina mi corazón a tus testimonios” (véanse vv. 33-40). Has tuya esa petición justo ahora.

En el próximo artículo, si Dios quiere, consideraremos algunas razones de por qué es importante leer la Biblia.


1 http://www.lifeway.com/Article/research-survey-bible-engagement-churchgoers

1ra parte; 2da parte