Cuando las buenas acciones no son suficientes.

“Todos los caminos del ser humano son limpios a sus ojos, pero las intenciones las juzga el Señor” (Proverbios 16:2. NVI).

La primera parte de este versículo parece indicar que la tendencia natural del ser humano no es tener una percepción demasiado baja de sí mismo, sino demasiado alta. Esto contradice la idea popular de muchos psicólogos. Fijémonos en que el texto dice “a sus [propios] ojos”, es decir, según su propia percepción. ¿Percepción de qué? De sus “caminos”, que en este contexto se refiere a sus acciones.

¿Cómo suele percibir el ser humano sus acciones? Como limpias, puras y buenas; y no solo algunas, sino todas. Creo que por eso, aun cuando hacemos lo malo, buscamos justificarlo (“tuve que hacerlo porque…”), minimizarlo (“no es para tanto”) o culpar a otros (“lo hice por culpa de él o de ella…”).

Creo que esa misma tendencia explica por qué muchas personas reconocen, en teoría, que son pecadoras, pero no sienten verdadero dolor por su pecado ni consideran necesario cambiar de rumbo.

Las intenciones del corazón

La segunda parte del versículo introduce un contraste marcado con la palabra “pero”. Es como si el proverbista estuviera diciendo: al final del día, no importa tanto cómo te ves a ti mismo ni cómo evalúas tus acciones; lo que realmente importa es cómo Dios te ve a ti y a tus obras.

Todos compareceremos algún día delante de Dios para ser juzgados por Él. Y, sin importar los argumentos o justificaciones que presentemos, Dios tendrá la última palabra. La sentencia final viene de Él.

La palabra que la Biblia NVI traduce como “juzga” significa literalmente “pesa”. Podemos decir lo que queramos acerca del valor o del peso de nuestras acciones delante de Dios, pero al final Él las tomará, las pondrá en la balanza y determinará cuál es su verdadero peso. Y Su balanza no está manipulada: no añade peso de más ni quita peso de menos. Su juicio es perfectamente justo.

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Nuevo nacimiento, conflicto RD-Haití y guerra Israel-Hamas.

En el capítulo 8 de su libro Finally Alive [“¡Más vivo que nunca!” en español], John Piper dice que él piensa mucho en la relevancia. Y también dice que la relevancia que guía sus sermones y sus escritos es el tipo de relevancia que hace una diferencia significativa en las vidas de su audiencia sea que ellos lo sientan así o no.

Muchas personas piensan que el nuevo nacimiento, o la regeneración, “no tiene nada que ver con los problemas reales que el mundo está enfrentando”. A lo que Piper responde:


Estarían equivocados, en primer lugar, al no ver que lo que Jesús quiso decir con el nuevo nacimiento es sumamente relevante para el racismo y el calentamiento global, y el aborto y la atención médica y todos los demás temas de nuestros días.

[…]

Y se equivocarían, en segundo lugar, al pensar que esos son los problemas más importantes en la vida. No lo son. Estos son cuestiones de vida o muerte. Pero no son los más importantes, porque se ocupan del alivio del sufrimiento durante esta breve vida terrenal, no del alivio del sufrimiento durante la eternidad que sigue. O para decirlo positivamente, tratan sobre cómo maximizar el bienestar por ochenta años aproximadamente, pero no con cómo maximizar el bienestar en la presencia de Dios por ochenta billones de años y más.

[…]

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Oh, gran Dios + Regeneración

OH, GRAN DIOS – La IBI

REGENERACIÓN

La canción anterior fue inspirada en la siguiente oración del Valley of Vision [Valle de la visión]:

Oh, Dios del cielo más alto,
ocupa el trono de mi corazón,
toma entera posesión y reina supremamente,
derriba cada deseo rebelde,
que ninguna vil pasión resista tu santa guerra;
manifiesta tu enorme poder,
y hazme tuyo por siempre.
Tú eres digno de ser
alabado con cada respiración,
amado con cada facultad del alma,
servido con cada acción en vida.
Me has amado, desposado, recibido,
comprado, lavado, favorecido, vestido,
adornado,
cuando era indigno, vil, sucio, contaminado.
Estaba muerto en iniquidades,
sin ojos para verte,
sin oídos para escucharte,
sin gusto para saborear tus gozos,
sin inteligencia para conocerte;
Pero tu Espíritu me ha dado vida,
me ha traído a un nuevo mundo como una
nueva criatura,
me ha dado percepción espiritual,
ha abierto tu Palabra como luz a mí, guía,
paz, gozo.
Tu presencia es un tesoro de paz sin fin para mí;
Ninguna provocación puede separarme de tu compasión,
porque me has atraído con cuerdas de amor,
y me perdonas cada día, cada hora.
Oh, entonces, ayúdame a caminar digno de tu amor,
de mis esperanzas, y mi profesión.
Guárdame, porque no puedo hacerlo solo;
Protégeme para que ningún mal me acontezca;
Que deje a un lado cada pecado admirado por muchos;
Ayúdame a caminar a tu lado, descansar en tu brazo,
mantener conversaciones contigo,
que de ahora en adelante pueda ser sal de la tierra
y una bendición a todos.

3 verdades sobre el cristiano y el pecado.

1. EL CRISTIANO HA MUERTO AL PECADO

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria” (Colosenses 3:3, 4).

El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo. Cuando Jesucristo murió, el cristiano también murió al pecado. Cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Lo segundo es tan cierto como lo primero. Morir al pecado y vivir para con Dios significa que ahora se tiene la capacidad de desear a Dios y hacer las cosas que a Él le agradan.

2. EL CRISTIANO DEBE MATAR AL PECADO

“Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos [Lit., dad muerte a los miembros que están sobre la tierra] a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

Aunque ciertamente el cristiano ya ha muerto al pecado, todavía el pecado mora en él (a esto se le llama “pecado remanente”). El pecado ha perdido su dominio en el cristiano, pero todavía tiene fuerza. Y es por eso que no siempre deseamos a Dios y no siempre hacemos las cosas que a Él le agradan. Debemos, pues, dar muerte al pecado remanente. Dar muerte al pecado significa luchar contra el pecado, en dependencia del Espíritu Santo, no satisfaciendo los deseos de la carne para que estos se debiliten.

3. EL CRISTIANO ES AQUEL QUE LUCHA

“Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:6, 7).

Lo que diferencia a un no-cristiano de un cristiano no es que el primero siempre peca, mientras que el segundo nunca peca. Lo que los diferencia es: un no-cristiano tiene un estilo de vida o una práctica ininterrumpida (ni por tristeza debido al pecado ni por un resistir la tentación) de pecado; pero un cristiano presenta oposición al pecado, tiene el firme propósito y esfuerzo de hacer morir todo lo pecaminoso que queda en su vida. Y aunque hay tropiezos, también hay victorias (1 Jn. 5:4). Y aunque el progreso es lento, éste es seguro (1 Ti. 4:15).