La resurrección de Jesús.

Desde Getsemaní Jesús «comenzó a entristecerse y a angustiarse» y le dijo a Sus discípulos que Su alma estaba muy afligida, hasta el punto de la muerte (Mt. 26:37, 38). Su agonía fue tal que Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre (Lc. 22:44).

Después que había sido arrestado, lo golpearon (Lc. 22:63, 64), lo azotaron con un látigo –hecho para desgarrar la piel hasta los huesos (Mc. 15:15)–, lo coronaron con espinas (Mc. 15:17), lo golpearon en la cabeza con una caña (Mc. 15:19), lo crucificaron –estuvo sobre la cruz por más de siete horas (Mc. 15:25,33)–, y allí murió (Lc. 23:46). Su muerte fue confirmada por el centurión que estaba delante de Él (Mr. 15:39), por soldados con experiencia en el área (Jn. 19:33) y por un soldado que le traspasó el costado con una lanza (Jn. 19:34).

¡Pero allí no acabo todo, nuestro Señor Jesucristo, después de tres días en una tumba, resucitó! Así se relata en los cuatro evangelios (Mt. 28:1-10; Mc. 16:4-8; Lc. 24:1-12; Jn. 20:1-10) y la historia lo confirma (la tumba está vacía). Todo esto ocurrió conforme a las Escrituras (Sal. 16:8-11), conforme a las palabras del mismo Jesús (Mt. 16:21).

¿LOS DISCÍPULOS SE LLEVARON EL CUERPO?

Los argumentos en contra de la resurrección no son nuevos, Mateo 28:11-15 relata como los principales sacerdotes y los ancianos dieron una gran cantidad de dinero a la guardia que custodiaban el cuerpo de Jesús, para que dijeran lo siguiente: “Sus discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras nosotros dormíamos”. Ese argumento presenta grandes problemas:

  1. La guardia fue enviada con el propósito de asegurar el sepulcro, impidiendo que los discípulos robaran el cuerpo de Jesús (Mt. 27:62-66). ¿Cómo es posible que toda la guardia se durmiera aun sabiendo cuál era su misión y que su negligencia en ésta sería pagada con sus vidas (Mt. 28:14; Hch. 12:19)?
  2. Si la guardia estaban realmente dormida, ¿cómo, entonces, supieron que fueron los discípulos de Jesús quienes robaron el cuerpo?
  3. Una piedra grande había sido rodada a la entrada del sepulcro y había sido sellada (Mt. 27:60,66); ¿cómo los soldados no sintieron que los discípulos de Jesús movían la piedra grande?

C. S. Lewis dijo: “Nunca sabes realmente cuánto crees en algo hasta que su verdad o falsedad se convierten en un asunto de vida o muerte para ti”. Todos los discípulos de Jesús fueron perseguidos y todos –con excepción de Juan– sufrieron una muerte violenta. Eso ocurrió porque, según Hechos 4:2, los discípulos «enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos». ¿Qué transformó a un grupo de hombres que habían dejado a Jesús y huido (Mt. 26:56) en un grupo de hombres que sufrieron las más violentas muertes por causa del nombre de Jesús (Hch. 4:20)? La venida del Espíritu Santo en Pentecostés y la resurrección de Jesús.

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS ES DE SUMA IMPORTANCIA

La doctrina bíblica de la resurrección de Jesús1 no es algo trivial para el cristianismo, sino que es una doctrina sumamente importante para éste. En 1 Corintios 15, el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dedica todo un capítulo a la resurrección, porque algunos decían que no había resurrección de muertos (v. 12). La resurrección de Jesús es parte importante del evangelio, como Pablo les recordó a los corintios en los versículos 3 y 4: “Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”.

Albert Mohler, hablando acerca de la resurrección de Cristo y la realidad del Evangelio, dijo: “La resurrección de Jesucristo de la muerte separa al cristianismo de toda mera religión –cualquiera que sea su forma. El cristianismo sin la literal y física resurrección de Jesucristo de la muerte es meramente una religión entre muchas. “Y si Cristo no ha resucitado”, dijo el Apóstol Pablo, “vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe” (1 Corintios 15:14). Además, “todavía estáis en vuestros pecados” (v. 17b). Pablo no podría haber escogido un lenguaje más fuerte. “Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima” (v. 19)”. B. W. Johnson dijo: “Sin la resurrección, el sepulcro de Cristo sería la tumba de todas nuestras esperanzas”. Y John MacArthur, basado en 1 Corintios 15:13-19, enumeró seis consecuencias desastrosas en caso de que la resurrección no sea una realidad:

  1. La predicación de Cristo sería absurda (v. 14).
  2. La fe en Cristo sería inútil (v. 14).
  3. Todos los testigos y predicadores de la resurrección serían mentirosos (v. 15).
  4. Nadie sería redimido del pecado (v. 17).
  5. Todos los creyentes del pasado serían aniquilados (v. 18).
  6. Los cristianos serían las personas más dignas de lástima en el universo (v. 19).

1 Corintios 15:20 dice: “Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron”. Así se marca un maravilloso contraste en el versículo 20. ¡Jesucristo ha resucitado! Por lo tanto, nuestra predicación [de Él] no es vana; nuestra fe [en Él] no es vana; no somos hallados falsos testigos de Dios; estamos redimidos del pecado; los que durmieron en Cristo no perecieron y no somos los más dignos de conmiseración. Todo esto, porque Jesucristo ha resucitado –la Biblia lo relata y la historia lo confirma–. El cristianismo no es meramente una religión entre muchas. Jesús no fue meramente un gran profeta, filósofo o maestro entre muchos; Jesús es superior y una de las pruebas más contundentes de esto es Su tumba vacía.

JESÚS ES TODO LO QUE ÉL HA PROFESADO SER

La resurrección confirmó que Jesús es todo lo que Él había profesado ser. Si Jesús no hubiese sido todo lo que había profesado ser, no hubiese resucitado –Dios no resucitaría a un mentiroso y engañador–; pero Jesucristo resucitó. Es como si Dios dijera: sí, Jesús es el Hijo de Dios (Jn. 2:18-22; Ro. 1:4); sí, Jesús es Señor y Cristo (Hch. 2:36); sí, Jesús es Príncipe y Salvador (Hch. 5:31); sí, Jesús es Juez (Hch. 17:31).

JESÚS LOGRÓ SALVACIÓN NUESTRO FAVOR

La resurrección confirmó que Jesús logró salvación a nuestro favor. Motyer dijo: “La resurrección es el “Amén” del Padre al “Consumado es” del Hijo”. Gracias a Jesús hay arrepentimiento y perdón de pecados (Hch. 5:30, 31); gracias a Jesús somos vistos y tratados como justos (Ro. 4:25); gracias a Jesucristo somos salvos del dominio del pecado (Ro. 6; 1 Co. 15:17); gracias a Jesucristo nosotros también resucitaremos en gloria (1 Co. 15:20-23).

Jonathan Edwards lo dijo de la siguiente manera: “Si Cristo no hubiese resucitado, eso sería evidencia de que Dios aún no estaba satisfecho por [nuestros] pecados. Ahora, la resurrección es Dios declarando su satisfacción; de ese modo Él declaró que era suficiente”.


1 La doctrina bíblica (cristiana) de la resurrección enseña que como Cristo (primicias de los que durmieron) ha resucitado, así también todos los que son de Cristo resucitarán en Su venida (1 Co. 15:20-23).

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