Más formas creativas de iniciar una conversación sobre el evangelio.

Tomando un cuestionario: “¡Hola! Hoy estoy haciendo un pequeño cuestionario en el parque, preguntándole a la gente acerca de lo que creen. ¿Tienes tiempo para responder algunas preguntas?”. A menudo, el cuestionario llevará a una discusión más larga.

Dando pistas: “Me dirijo a un estudio bíblico. Vamos a estudiar Apocalipsis esta noche”. Mencionar las actividades cristianas en las que estás involucrado les da a otros la oportunidad de hacer preguntas. Es como lanzar una carnada para ver si la muerden.

Usando eventos actuales: “Es increíble el terremoto de _________. ¿Has estado viendo las noticias? ¿Te has preguntado alguna vez por qué Dios permite que sucedan cosas así?”. Incluso Jesús se acercó a la gente de esta forma: Él utilizó un evento actual en las noticias para llevar la atención de las personas a su necesidad de arrepentimiento (Lc. 13:1-5).

Usando una ilustración: Curt, un amigo mío, usa un zapato blanco y un zapato negro. Cada vez que la gente le pregunta “¿Qué pasa con tus zapatos?”, él explica que su zapato negro representa a su antigua vida (viviendo en el pecado y la oscuridad) y su zapato blanco representa su nueva vida en Cristo. Otra amiga, Mirren, usa un botón que dice “¿SI?”. Cuando la gente le pregunta al respecto, ella les dice lo que significa: “Si murieras hoy, ¿irías al Cielo?”.

Respondiendo preguntas ordinarias de una manera no ordinaria: “Gracias por preguntar. Todavía no sé a dónde voy a ir a la universidad, pero mi objetivo principal en la vida es…”. “La escuela va bien. Una cosa que aprendí recientemente es…”. “Nuestra familia está bien. Dios respondió a la oración por nosotros de una manera realmente alentadora recientemente…”. Cada pregunta que nos hacen es una oportunidad que aprovechar.

Simplemente diciendo si puedes hacerle una pregunta interesante: “¿Qué crees que sucede cuando alguien muere? ¿Crees que la paz con Dios es un regalo gratis o algo que tienes que ganar? ¿Tienes alguna creencia espiritual?”.

Este artículo es un extracto de: Grace Mally. Will Our Generation Speak? [¿Hablará nuestra generación?]. Adaptación y traducción de Misael Susaña.

“Te perdoné toda aquella deuda”.

Cuando Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces debía perdonar a su hermano que pecara contra él, Pedro pensaba que siete veces era una cantidad generosa. Pero Jesús le dijo que setenta veces siete. Y el punto de Jesús no es que debemos perdonar hasta 490 veces, el punto de Jesús es que siempre debemos estar dispuestos a perdonar a aquel que viene a nosotros pidiendo perdón, arrepentido.

El perdón de nosotros hacia nuestros semejantes está basado o motivado por el perdón de Dios hacia nosotros. Eso es lo que Jesús nos enseña en la parábola de los dos deudores (Mateo 18:23-35). Si Dios me ha perdonado una deuda tan grande a mí, ¿qué me detiene de perdonar una deuda tan pequeña a mi semejante?

El rey, por compasión, perdonó la deuda del siervo que le debía 10,000 talentos, pero éste último no perdonó la deuda del consiervo que le debía 100 denarios. En aquel tiempo, 100 denarios equivalían a 100 días de trabajo. ¿Piensas que esa era una deuda grande? No en comparación con la deuda del siervo para con el rey –y que le fue perdonada–. Un solo talento equivalía al trabajo de 15 a 20 años; es decir, que la deuda que el rey le perdonó al siervo era equivalente a 150,000 ó 200,000 años de trabajo. ¡Eso sí era mucho!

El rey de la parábola es Dios. Y la deuda perdonada es el perdón de todos nuestros pecados –algo que nosotros no hubiéramos podido lograr con nuestro propio esfuerzo–. Es cierto que nuestro pecado es grave, pero nunca será más que Su perdón. Tristemente pecamos diariamente, pero Su perdón es más que suficiente para toda una vida de pecado. Es imposible que tus pecados sequen el océano del perdón de Dios que fluye desde la cruz de Jesús.

Termino volviendo a repetir lo siguiente: si Dios me ha perdonado una deuda tan grande a mí, ¿qué me detiene de perdonar una deuda tan pequeña a mi semejante?

Haz esto y siempre tendrás éxito al evangelizar.

Si te dijera que tengo la clave del éxito en el evangelismo, posiblemente te reirías pensando que estoy bromeando. Pero ¿qué si te dijera que hablo en serio? Antes de que me acuses de haber caído en una presunción pecaminosa, acordemos lo que no significo por “éxito”.

Muchos entienden “éxito” al evangelizar como la respuesta en arrepentimiento y fe de la persona a la cual se le predica el evangelio. Ese no es el éxito al cual me refiero y ya verás por qué.

En 1 Corintios 3:5-7 se dice: “¿Qué es, pues, Apolos? Y ¿qué es Pablo? Servidores mediante los cuales vosotros habéis creído, según el Señor dio oportunidad a cada uno. Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento”. Nótese que tanto Pablo como Apolos fueron instrumentos utilizados por Dios por medio de los cuales los corintios creyeron.

Pablo y Apolos predicaron la Palabra (“planté… regó”), pero el buen fruto de fe (“crecimiento”) fue producido por Dios. Más adelante, en 1 Corintios 4:2, se dice que lo que Dios requiere de Sus administradores es que sean fieles: “Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel”. Por “éxito” significo el buen cumplimiento de la tarea que se nos ha asignado. Continúa leyendo Haz esto y siempre tendrás éxito al evangelizar.