¿Hasta cuándo, oh Señor?

Como Dios tuvo una manera, un propósito y seguridad en la destrucción de las naciones para Israel; así también Dios tiene una manera, un propósito y seguridad en la destrucción del pecado remanente en la vida del cristiano.

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De ningún modo lo echaré fuera –¡bendita seguridad! [II]

A absolutamente todo aquel que va a Jesucristo, Él le promete: “de ningún modo lo echaré fuera”. En la traducción al español no se nota mucho que aquí el griego es enfático. Jesucristo utilizó aquí una negación enérgica, es como si Él hubiera dicho: “Yo nunca, nunca rechazaré a aquel que viene a mí”; o: “en ninguna manera rechazaré a aquel que viene a mí”.

¡Oh, cuánto consuelo y seguridad hayan en esas palabras los pecadores que van por primera vez (no-cristianos todavía) como también los pecadores que ya han ido anteriormente (ya cristianos)! No existe la más mínima posibilidad de que Jesucristo rechace a quienes van a Él, más bien, Él los perdona, los salva y los recibe como parte de la familia de Dios. ¡Aleluya!

¿Hubo siquiera alguien que haya ido a Jesucristo y haya sido echado fuera por Él? ¡No! ¿Crees tú que serás el primero en ser echado fuera? ¿Crees tú que serás echado fuera aun cuando el primero de los pecadores fue recibido (1 Ti. 1:15, 16)? Los que están en el infierno no están allí porque fueron a Jesucristo y Él los echó fuera, sino porque ellos nunca fueron a Jesucristo.

Charles Spurgeon dijo: “Oh, de esto podemos estar seguros: El no rechazará una audiencia con nosotros ni nos echará fuera. Aquellos de nosotros que a menudo hemos estado y aquellos que nunca antes han ido, vayamos juntos, y veremos que Él no cerrará la puerta de Su gracia en la cara de ninguno de nosotros”. Sigue leyendo

De ningún modo lo echaré fuera –¡bendita seguridad!

Muchos maestros o líderes de las religiones en este mundo han mostrado a sus seguidores un camino a seguir, pero no le han garantizado salvación. No es así con Jesucristo, el Hijo de Dios. El Señor Jesucristo no vino a mostrar un camino, sino que Él mismo es el camino –y Su resurrección lo confirmó– y todos los que van a Él tendrán, sin duda alguna, salvación. Uno de los pasajes bíblicos en los cuales encontramos esta verdad es Juan 6:37b que dice:

“al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera”.

Las palabras de Jesucristo no son: “a los justos que vienen a mí”; ni: “a los que tienen algo bueno que ofrecer”. Por lo tanto, estas palabras son para todos, para todos los pecadores –sí, incluso los más terribles pecadores–. Las palabras de Jesucristo tampoco son: “sólo al que viene a mí por primera vez”. Sí, las palabras de Jesucristo están dirigidas a aquellos que van por primera vez (no-cristianos todavía), pero no únicamente a ellos; estas palabras también son para aquellos que han ido a Él anteriormente (ya cristianos). Las palabras de Jesucristo son: “al que viene a mí” –punto–. Allí no hay ninguna condición aparte de dar la espalda al pecado (arrepentimiento) e ir confiadamente (fe) a Jesucristo. Por lo tanto, no importa si eres un gran pecador y no importa si vas por primera vez o por milésima vez. Mientras vayas a Él, está promesa segura es para ti: “de ningún modo lo echaré fuera”.

Aquellos que se oponían a Jesucristo lo llamaron “amigo de pecadores” (Mt. 11:19) y decían que Él «recibe a los pecadores y come con ellos» (Lc. 15:2). Y Jesucristo mismo afirmó: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lc. 5:32).

J. C. Ryle dijo: “Quizá nuestra vida anterior haya sido muy mala. Quizá nuestra fe actual sea muy débil. Quizá nuestro arrepentimiento y nuestras oraciones sean muy pobres. Quizá nuestro conocimiento de la religión sea muy escaso. ¿Pero venimos a Cristo? Esa es la cuestión. De ser así, esta promesa nos pertenece. Cristo no nos echará fuera. Podemos recordarle valientemente su propia palabra”.

1ra parte; 2da parte

¿Qué de aquellos pasajes donde se presenta a Dios arrepintiéndose?

Cuando la Biblia dice que «Dios no es… hijo de hombre, para que se arrepienta» (Nm. 23:19) quiere significar [negativamente] que la mente de Dios no cambia, es decir no se arrepiente, en el mismo sentido que los hombres y [positivamente] que Dios siempre actúa de la misma manera ante las mismas circunstancias de acuerdo a Su decreto eterno.

Cuando leemos en la Biblia que «se arrepintió Jehová» (Gn. 6:6; RV1960) o que a Dios le pesa algo (1 S. 15:11), no debemos pensar que alguna circunstancia inesperada le tomo por sorpresa, por lo tanto, Él tuvo que cambiar Sus planes. Dios conoce perfectamente lo que va a pasar en el futuro y más que conocer, El lo decretó (Is. 46:9,10). Tampoco debemos pensar que Dios cambió en Su ser y Su decreto eterno. Dios en Su decreto eterno ha decidido actuar de esas variadas maneras con Sus criaturas sin ser inconsistente con Su carácter. Dios ha dicho que castigará a los pecadores (“En un momento yo puedo hablar contra una nación o contra un reino, de arrancar, de derribar y de destruir”, Jer. 18:7); pero también Dios es el mismo que ha dicho que si los pecadores se arrepienten, serán perdonados (“pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella”, Jer. 18:8). Debido a que Dios es inmutable Él siempre estará justamente airado contra el pecado y los pecadores, pero también Dios siempre será misericordioso y clemente con el pecador que se arrepiente.

Sam Storms dice:

“Dios siempre es y actúa en perfecta armonía con la revelación de sí mismo y de su voluntad en la Escritura. Por ejemplo, la Escritura nos dice que Dios es bueno, justo, y amante. La inmutabilidad, o constancia, simplemente afirma que cuando las circunstancias en alguna situación requieren la bondad, justicia, o amor como la respuesta apropiada por parte de la Deidad, eso es precisamente lo que Dios será (o hará, según sea el caso). Para decir lo mismo negativamente: si Dios debe ser bueno, justo, o amante cuando la circunstancia lo demande, o como sus promesas lo requieran, Él de ninguna manera será malo, injusto u odioso” (Tough Topics, p. 56).

APLICACIÓN

Cristiano, gloríate en Jesucristo, alégrate y dale gloria a Él; porque tú has sido unido a Él y sabe que «tantas como sean las promesas de Dios, en El todas son sí; por eso también por medio de El, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros» (2 Co. 1:20). En Jesucristo, nuestro justo representante ante Dios, todas las promesas de Dios son seguras. ¿Salvación? Sí y amén; ¿Perdón de todos los pecados? Sí y amén; ¿Amparo? Sí y amén; ¿Vida eterna? Sí y amén.

1ra parte; 2da parte