¿Cómo sé si Dios me está llamando a ser pastor?

Una vez escuché la historia de un hombre que sembraba maíz y vio en el cielo que las nubes formaban “SSM”. Este hombre, entonces, fue apresuradamente a donde un ministro diciéndole que Dios lo estaba llamando al ministerio pastoral. “¿Cómo lo sabes?” –preguntó el ministro–. A lo que aquel hombre respondió diciendo que “SSM” eran las iniciales de “Su Santo Ministerio”. El ministro lo vio y le dijo que no, que “SSM” eran las iniciales de “Sigue Sembrando Maíz”.

El llamamiento pastoral no viene por una señal en el cielo ni por la voz audible de Dios. Eso hace que la pregunta del ministro de la historia sea pertinente: ¿cómo puede un hombre cristiano saber si Dios lo está llamando a ser un pastor?

EL DESEO

Aquel a quien Dios llama al pastorado desea ser un pastor. Este es un deseo que Dios mismo ha puesto en el corazón de este hombre. Es su deseo, su anhelo, su gozo, su pasión, glorificar a Dios a través de la edificación de la iglesia y la conversión de los incrédulos.

En 1 Timoteo 3:1 Pablo aprueba el deseo de algunos por el ministerio pastoral: “Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer”. Y en 1 Pedro 5:2 Pedro dice que el pastorado debe ejercerse voluntariamente, con deseo sincero: “pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo”. Eso fue lo que llevó a Spurgeon a decirle a sus estudiantes: “no entres al ministerio si puedes evitarlo [estar contento realizando cualquier otra profesión]”. Continúa leyendo ¿Cómo sé si Dios me está llamando a ser pastor?

“¡Mi labor es tan inútil!”.

Chico triste

“En vano he trabajado, en vanidad y en nada he gastado mis fuerzas” –eso dijo el profeta en la primera parte de Isaías 49:4–. ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Eres un pastor o un maestro de la Biblia que te has esforzado en transmitir fielmente la Palabra de Dios en todo tiempo pero no ves fruto en aquellos a quienes enseñas? ¿Eres un padre o una madre que te has dedicado en enseñar fielmente la Palabra de Dios a tus hijos pero no ves fruto? ¿Piensas que has gastado tus fuerzas en balde? A veces los frutos están ahí, pero no los vemos. Otras veces están creciendo –aunque lentamente–.

Ahora, para el profeta Isaías fue diferente; pues Dios le dijo desde el principio de su ministerio: “Ve, y di a este pueblo: “Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis.” Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado”. Por eso él dice que había trabajado en vano y gastado sus fuerzas en nada. Continúa leyendo “¡Mi labor es tan inútil!”.

Cuando nos distraemos de lo más importante.

Al final de Lucas 10 se relata como Jesús entró en una aldea y visitó la casa de Marta y María (hermana de ella). Mientras María es descrita como aquella «que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra» (v. 39); Marta es descrita como aquella que «se preocupaba con todos los preparativos»  (v. 40). Cuando Marta le dice a Jesús que le diga a su hermana que la ayudara, Jesús le responde: “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (vv. 41, 42).

Jesús en la casa de Marta y María¿Es importante hacer las tareas domésticas? ¡Claro! ¿En dónde, entonces, está el problema? El problema no es que Marta está haciendo las tareas domésticas, sino que se preocupa exageradamente y trabaja excesivamente. Esto, al mismo tiempo, lleva a Marta a enfocarse de tal manera en las cosas que la distrae de la persona más importante –Jesús–. El querer hacer las muchas tareas domésticas (que es importante) ha hecho que Marta descuide en ese momento su relación con Jesús (que es lo más importante). Para ponerlo en las palabras de Mateo 6: Marta está tan afanada con las añadiduras que descuidó el reino de Dios y su justicia.

Pero Jesús dice que una cosa es necesaria –ésta es nuestra principal necesidad–: una relación personal con el Salvador y Señor Jesús, en la cual frecuentemente hablamos con Él (a través de la oración) y Él nos habla (a través de Su Palabra). Esa es la buena parte que nunca será quitada ni a María ni a ninguno de aquellos que la escogen.

CONCLUSIÓN

A las amas de casa: hacer las tareas domésticas no es pecado; pero afanarse al hacerlas y descuidar tu relación con el Señor sí lo es. Cuídate de que tal cosa suceda.

A los que ministran como pastores, diáconos, predicadores, etc.: es muy probable que Marta estuviera trabajando para [que fuera agradable la estancia de] Jesús. Sin embargo, Jesús le dijo que ella había descuidado esa sola cosa que es necesaria. Recuerdo a un predicador decirle a un grupo de recién graduados del seminario que Jesús está más interesado en el trabajo que hacemos con Él que en el trabajo que nosotros hacemos por Él. Trabajar para el Señor no está mal, pero éste debe ser el resultado de nuestra relación con Él (en la cual oramos y estudiamos la Palabra no sólo para otros, sino también para nosotros mismos). Cuídate de enfocarte tanto en el ministerio que haces que te distraigas del Señor para el cual ministras.

De última hora: ¡Moisés ha muerto!

El libro de Josué comienza con noticias abrumadoras (muy preocupantes): “después de la muerte de Moisés” (Josué 1:1). ¿Por qué digo noticias abrumadoras? Porque Dios utilizó a Moisés para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y llevarlos a la tierra prometida, «una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Éx. 3:7, 8). Moisés era el líder del pueblo, era un profeta único a quien el Señor conocía cara a cara; a través de él, Dios hizo señales y prodigios ante los egipcios, y hechos grandiosos y terribles ante los ojos de todo Israel (Dt. 34:10-12). Pero antes de que el muy numeroso pueblo de Israel poseyera la tierra prometida, Moisés muere.

Quietos, sepan
“Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra” (Salmos 46:10).

Entonces, Dios dijo lo siguiente a Josué: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel… tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría” (vv. 2, 6). Dios estaba consciente de que Moisés había muerto, sin embargo, Él no le preguntó a Josué qué harían ahora que Moisés no estaba, Él no le dijo al pueblo que “regresaran a sus casas” porque ya no valía la pena seguir adelante. Dios no entró en pánico ante la muerte de Su siervo Moisés. Nótese que inmediatamente después de decir que Moisés había muerto, Dios le dice a Josué: “levántate, cruza…  tú darás a este pueblo posesión de la tierra”. Es como si Dios hubiera dicho: “¿Murió Moisés? Bien, ¡Josué, manos a la obra!”. Moisés, “el gran líder” según muchos, había muerto, pero no la obra de Dios.

No creamos que somos “la gran cosa” (dicho de otra manera: lo máximo; la última Coca-Cola del desierto), ni creamos que otro hombre es “la gran cosa”. Dios es un gran Dios, cuya gloria es ser el [único] indispensable; y nuestro privilegio es formar parte, como Sus instrumentos, de lo que Él está haciendo.