Cómo no aconsejar a quien sufre.

Aconsejar a alguien que sufre no es una tarea fácil, sin embargo, muchos se apresuran a hacerlo como si fuera una tarea fácil. Y tratando de ayudar al que sufre, lo desayudan. Aconsejar a alguien que sufre requiere sabiduría de lo alto; requiere no sólo tener una teología correcta en la cabeza, sino también saber aplicarla correctamente a la persona que sufre.

En ocasiones, lo más sabio que podemos hacer es decir que Dios tiene un buen propósito y, después, acompañar en silencio a la persona que sufre.

La buena noticia es que Dios está dispuesto a darnos de Su sabiduría. Y como parte de eso tenemos en los amigos de Job un ejemplo de cómo no se debe aconsejar a quien sufre.

NO OLVIDES EL JUICIO FINAL

Elifaz le hizo a Job las siguientes preguntas: “Recuerda ahora, ¿quién siendo inocente ha perecido jamás? ¿O dónde han sido destruidos los rectos? Por lo que yo he visto, los que aran iniquidad y los que siembran aflicción, eso siegan” (4:8, 9). Básicamente, él le dijo a Job que Dios recompensa a los justos y castiga a los impíos.

¿Es eso cierto? ¡Claro que sí! Pero no siempre vemos eso en el aquí y el ahora. Es en el juicio final de Dios en donde todos los justos serán recompensados y todos los impíos serán castigados. Ten eso en cuenta al momento de aconsejar. Continúa leyendo Cómo no aconsejar a quien sufre.

El Dios que perdona y castiga la iniquidad.

“Te ruego que me muestres tu gloria” –fue la petición de Moisés a Dios en Éxodo 33:18–. Dios, entonces, le respondió que Él pasaría con Su gloria y que Moisés vería Sus espaldas; pero no Su rostro, porque nadie podía verlo y vivir (Éx. 33:20-23).

Ya en el capítulo 34, se dice que Dios pasó por delante de Moisés y proclamó: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (vv. 6, 7). ¡Esa es la gloria de Dios! Y cuando Moisés la vio, él se inclinó y adoró (v. 8).

Dos de los atributos que Dios proclamó fueron Su clemencia y Su justicia. Clemencia, que también se traduce como gracia, significa favor. Y cuando decimos que la gloria de Dios es ser clemente significamos que Dios se complace en mostrar Su favor hacia aquellos que lo necesitan y, al mismo tiempo, no lo merecen. Y es debido a esa gracia que Dios perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado. Todo aquel que se vuelve a Dios e implora Su perdón será atendido favorablemente, sin importar la gravedad de su pecado. Continúa leyendo El Dios que perdona y castiga la iniquidad.

¿Quiénes son los que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio?

Mientras el futuro del cristiano es brillante y feliz, el futuro del no-cristiano es oscuro, tenebroso. Y mientras para el cristiano lo mejor está por venir, para el no-cristiano lo peor está por venir. Esa verdad debería dar consuelo al cristiano en aflicción y hacer que el no-cristiano se vuelva a Dios.

Ese es básicamente el mensaje de Pablo en 2 Tesalonicenses 1:6-10. Usando las palabras del pasaje: mientras que a los cristianos Dios les dará alivio, ellos glorificarán y admiraran la gloria del Señor Jesucristo; a los no-cristianos Dios los retribuirá con aflicción, y sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. Estos últimos, a quienes Dios retribuirá con aflicción, son descritos como «los que no conocen a Dios» y «los que no obedecen al evangelio».

NO CONOCEN A DIOS

La primera descripción que se da de los no-cristianos es que no conocen a Dios. Y, en la Biblia, conocer a Dios no es meramente asentir a ciertos datos acerca de Dios. Conocer a Dios, en la Biblia, es tener una relación personal con Dios a través de Jesucristo. Y eso es algo que los no-cristianos no tienen. Y no sólo eso, sino que a ellos tampoco le importa tener ese tipo de relación con Dios. Como ellos quieren vivir sin Dios, de espaldas a Él, lejos de Él; ellos entonces estarán excluidos de Su presencia. En este contexto, C. S. Lewis estaba en lo correcto cuando dijo: “En última instancia, sólo hay dos clases de personas: las que le dicen a Dios: “hágase Tu voluntad”, y aquellas a quien Dios dice, en el último instante: “hágase tu voluntad”. Todos los que están en el infierno lo han decidido así”.

NO OBEDECEN A EL EVANGELIO

La segunda descripción que se da de los no-cristianos es que no obedecen el evangelio. Ese evangelio es el evangelio de Jesucristo que hace que el cristianismo sea más que una mera religión. Mientras otras religiones dicen que el hombre debe subir para alcanzar a Dios, el cristianismo dice que Dios bajó para rescatar al hombre. Mientras otras religiones dicen que debemos ser buenos para ser salvos, el cristianismo nos dice que los malos pueden ser salvos porque Dios es bueno.

En resumen, el evangelio es que debido a la vida, muerte y resurrección de Jesucristo hay salvación para los pecadores. Pero esas buenas noticias demandan una respuesta de los pecadores y la respuesta apropiada es arrepentimiento y fe. El pecador debe tener el propósito y esfuerzo, en dependencia del Espíritu, de alejarse del pecado y acercarse a Dios. Y, al mismo tiempo, el pecador debe tener la plena convicción de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que ha prometido en Jesucristo. Si no hay este arrepentimiento y fe, entonces tampoco habrá alivio para el pecador –sólo aflicción y castigo de eterna destrucción–. ¡Oh, que ese no sea el caso de ninguno de mis lectores!

¿Por qué el inocente fue condenado?

Esposas

Cuando Jesús fue llevado al sumo sacerdote para ser interrogado, Jesús respondió que podían preguntarles a todos los que habían oído sus enseñanzas ya que Él había hablado abiertamente. Entonces, uno de los alguaciles le dio una bofetada a Jesús. Y Jesús dijo: “Si he hablado mal, da testimonio de lo que he hablado mal; pero si hablé bien, ¿por qué me pegas?”. Jesucristo era inocente, Él no había cometido ningún crimen ni en palabra ni en acción; por lo tanto, no merecía ser abofeteado ni castigado de ninguna otra forma. Jesucristo fue el único que nunca pecó y siempre hizo lo correcto delante de los ojos de Dios.

LAS AUTORIDADES

Las autoridades conocen las leyes más que el pueblo y, por lo tanto, son capaces de encontrar delitos en alguien fácilmente. Aun así, Pilato (procurador romano de Judea) dijo acerca de Jesús: “yo no encuentro ningún delito en El” (Jn. 19:6).

LOS CONOCIDOS

Los conocidos no son ni amigos que pueden estar a favor ni enemigos que pueden estar en contra, hasta cierto punto su testimonio es imparcial. Jesús fue crucificado entre dos ladrones. Aunque es muy probable que hubieran escuchado acerca de Jesús, ellos no andaban con Jesús. Y uno de ellos dijo: “Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero [Jesús] nada malo ha hecho” (Lc. 23:41). Continúa leyendo ¿Por qué el inocente fue condenado?