El regalo de Dios para navidad.

«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6. RVR1960).

El embajador y su motivación.

En 2 Corintios 5 el apóstol Pablo habla de sí mismo como un “embajador de Cristo”. ¿Qué es un embajador? Es un oficial que representa a un gobierno en sus relaciones con el otro. El mensaje de un embajador puede ser una declaración de guerra; como fue el mensaje que los mensajeros de Amasías dieron a Joás (2 Re. 14:8). Pero el mensaje de Pablo no era de guerra, sino un mensaje de paz.

EL EMBAJADOR

Como embajador de Cristo, Pablo buscaba persuadir a los hombres y les rogaba: “¡Reconcíliense con Dios!”. Ese ruego de Pablo implica –al menos– tres cosas:

En primer lugar, el ruego de Pablo implica que el mundo no está en paz con Dios. Si el mundo estuviera en paz con Dios, el ruego de Pablo no tuviera sentido. Dije que el mensaje del apóstol no es una declaración de guerra no porque no exista una guerra. De hecho, ahora mismo, hay una guerra entre la humanidad y Dios.

Los hombres (varones y hembras) se rebelan contra Dios al quitar a Dios del trono de sus corazones, pecan al vivir –en el mundo de Dios– a su propia manera y no a la manera de Dios, traspasan los límites que Dios les ha puesto y van tras aquellas cosas que Él prohíbe. Y Dios, en Su justicia, no puede simplemente ignorar eso; Él está enojado contra los pecadores y los castiga.

En segundo lugar, el ruego de Pablo implica que la guerra puede acabar. Y es en este sentido que dije al principio que Pablo tiene un mensaje de paz. ¿Cuál es el mensaje de paz que Pablo tiene? En palabras del mismo apóstol: “que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones” (2 Corintios 5:19). Nótese que Pablo no fue quien tomó la iniciativa de que el hombre y Dios hicieran las paces. Esto es lo asombroso: a pesar de que fue el hombre quién inició la guerra con Dios, Dios es quien tomó la iniciativa para reconciliar al hombre consigo mismo.

Sigue leyendo El embajador y su motivación.

¿Por qué rechazar el racismo? 4 razones

El racismo es la exaltación de un grupo étnico que lleva a la discriminación o al maltrato de otros que no forman parte de ese grupo. Y el racismo es un asunto serio, ya que, como dice David Platt, de esta doctrina se derivó “la Esclavitud en los Estados Unidos, el Holocausto en Alemania, la Masacre Armenia en Turquía, el Genocidio en Ruanda y la matanza japonesa de seis millones de coreanos, chinos, indochinos, indonesios y filipinos”. Y su más reciente víctima fue George Floyd, ciudadano estadounidense de color que murió mientras era arrestado por cuatro policías.

Sin mencionar la palabra “racismo”, la Biblia tiene mucho que decirnos acerca de éste. En este artículo vamos a ver 4 razones por las cuales debemos rechazar el racismo.

1. PORQUE TODOS SOMOS IMAGEN DE DIOS

En Génesis 1 se relata como Dios creó todo lo que existe. Pero a diferencia del resto de la creación, cuando Dios estaba a punto de crear al hombre (varón y hembra), Él dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (v. 26). Y así Él lo hizo: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (v. 27).

Según esos versículos, toda persona –independientemente de su sexo, color de piel o nacionalidad– ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Eso le da una dignidad que no tiene nada más en la creación. Esa es la razón por la cual Dios dijo en Génesis 9:6 que debe ser castigado aquel que mate a otro ser humano. Y esa es la razón por la cual en Santiago 3:9 se dice que está mal bendecir a Dios y después maldecir al ser humano.

2. PORQUE SÓLO HAY UNA RAZA

En Hechos 17:16 Pablo dijo lo siguiente: “y de uno hizo todas las naciones del mundo [lit. toda la raza humana] para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación”. Según este versículo, independientemente de la época y del lugar, todas las personas proceden de uno y ese uno es Adán. Eso se confirma en Génesis 3:20 que dice: “Y el hombre le puso por nombre Eva a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes”. Sigue leyendo ¿Por qué rechazar el racismo? 4 razones

Somos como niebla que se desvanece.

Hay una canción muy popular, lanzada en el año 2009, que dice lo siguiente en sus primeras líneas: “Como si fuera mi último día / voy a vivir en la vida”. Posiblemente tú la hayas cantado. Pero, ¿vivimos con la consciencia de que hoy puede ser nuestro último día? ¿Vives con esa consciencia?

En la última parte del capítulo 4 de la carta de Santiago, el autor dirige su atención a los dueños de negocios que dicen: “Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia” (v. 13). Sin embargo, la exhortación de Santiago es aplicable a todos nosotros también.

La razón por la cual no deberíamos hablar de esa manera se da en el siguiente versículo: “no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Solo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (v. 14). Santiago (inspirado por Dios) dice que nuestra vida es como un vapor o la niebla. ¿Y cómo es la niebla? Es efímera, aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. No sabemos lo que pasará con nosotros mañana. Tal vez, al momento de escribir esto, Santiago estaba pensando en Proverbios 27:1 que dice: “No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día”.

En el versículo 15, Santiago pasa a enseñarnos la manera correcta de hablar –y de vivir–. Esa es: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”. El llamamiento aquí es a vivir reconociendo que si algo ha de pasar –desde lo más pequeño hasta lo más grande–, primero debe ser querido por Dios. Todo evento está condicionado a la soberana voluntad de Dios. Sigue leyendo Somos como niebla que se desvanece.