Haz esto y siempre tendrás éxito al evangelizar.

Si te dijera que tengo la clave del éxito en el evangelismo, posiblemente te reirías pensando que estoy bromeando. Pero ¿qué si te dijera que hablo en serio? Antes de que me acuses de haber caído en una presunción pecaminosa, acordemos lo que no significo por “éxito”.

Muchos entienden “éxito” al evangelizar como la respuesta en arrepentimiento y fe de la persona a la cual se le predica el evangelio. Ese no es el éxito al cual me refiero y ya verás por qué.

En 1 Corintios 3:5-7 se dice: “¿Qué es, pues, Apolos? Y ¿qué es Pablo? Servidores mediante los cuales vosotros habéis creído, según el Señor dio oportunidad a cada uno. Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento”. Nótese que tanto Pablo como Apolos fueron instrumentos utilizados por Dios por medio de los cuales los corintios creyeron.

Pablo y Apolos predicaron la Palabra (“planté… regó”), pero el buen fruto de fe (“crecimiento”) fue producido por Dios. Más adelante, en 1 Corintios 4:2, se dice que lo que Dios requiere de Sus administradores es que sean fieles: “Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel”. Por “éxito” significo el buen cumplimiento de la tarea que se nos ha asignado. Continúa leyendo Haz esto y siempre tendrás éxito al evangelizar.

Una introducción al evangelismo.

Evangelizar es proclamar que por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo hay salvación para todo pecador que se arrepiente de sus pecados y confía en Él como el Salvador y el Señor.

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El ministerio se trata de Jesús.

Filipenses es conocida –junto a Efesios, Colosenses y Filemón– como una de las cartas de la prisión; ya que Pablo la escribió mientras se encontraba encarcelado, posiblemente en Roma. Pero Filipenses también es conocida como la carta del gozo ya que en ésta se muestra la vida cristiana como una vida de gozo (Flp. 1:4, 25; 2:2, 29; 4:1).

En Filipenses 1:15 el apóstol dice: “Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad”. Pablo da una descripción más detallada de los que predican por envidia y rivalidad en el versículo 17: “aquéllos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones”. Y da una descripción de los que predican de buena voluntad en el versículo 16: “éstos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio”.

Aparte de Jesucristo, alguien dijo, no ha habido un predicador más grande en la historia de la iglesia que el apóstol Pablo. Algunos se convirtieron a sí mismos en rivales del apóstol. Ellos envidiaban el ministerio y el éxito del apóstol Pablo. Ellos predicaban el evangelio con motivaciones incorrectas: querían avanzar su propia agenda o glorificarse a ellos mismos y al mismo tiempo causar angustia al apóstol.

Pero en vez de causar angustia a Pablo, ellos le causaron gozo: “¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré” (v. 18). Dios en Su soberanía utilizó incluso las motivaciones incorrectas de algunos para que el evangelio de Jesucristo fuera proclamado y los pecadores fueran salvados.

Y Pablo se gozó porque él no estaba compitiendo con nadie. El anhelo de Pablo no era hacer su nombre famoso sino hacer a Jesucristo famoso en este mundo. Él no utilizaba el evangelio para avanzar Su propia agenda, sino que Él era un instrumento de Dios para avanzar Su reino.

¿Y qué hay de ti? ¿Alguna vez has estado incomodo, porque tú no eres quien estás al frente, mientras otros alaban a Dios en una plataforma? ¿Alguna vez te has pasado todo el sermón de otro soñando cómo sería que tú estuvieras en su lugar? ¿Alguna vez has leído un buen material bíblico, pero no lo has compartido porque no fuiste tú quien lo escribió? ¿Alguna vez has agradecido a Dios por la forma en la cual Él está usando a otros o sólo oras para que Dios te use? ¡Oh, que Dios nos dé un corazón cuyo gozo sea que Cristo –¡y sólo Cristo!– sea proclamado! Porque al final del día el ministerio se trata de Él.