4 formas creativas de iniciar una conversación sobre el evangelio.

Evangelizar es una de las obras a las que Dios nos llama a participar a nosotros, aquellos que hemos creído en el evangelio de Jesucristo y hemos sido salvados por Su sola gracia. Antes de hacer esta obra muchos somos somos asaltados por la ansiedad. Pero después de hacerla sabemos que valió la pena el esfuerzo.

En este artículo veremos cómo hacer una de las partes más difíciles al momento de evangelizar: iniciar la conversación.

Acercarte a una persona y preguntarle si sabe cuál es la pregunta del millón, que es: ¿irás al cielo cuando mueras? Escucha su respuesta. Hazle saber que nadie, por defecto, va al cielo y qué tiene que hacer para ir a él.

Puedes acercarte a una persona y preguntarle: ¿venderías uno de tus ojos por $1 millón? ¿y tus dos ojos por $20 millones? Nadie en su sano juicio haría tal cosa. Cuando la persona responda negativamente, dile que Jesús enseñó que entrar al cielo es más valioso que tener ambos ojos (Marcos 9:47) y que nada es más valioso que salvar el alma (Mateo 16:26).

También puedes ofrecerle una atractiva suma de dinero a las “buenas personas”. Muchas persona creen que son buenas porque no son como “otros”; pero cuando son expuestos a las demandas de la ley de Dios, terminan admitiendo que no son tan buenas como pensaban. Pregunta: ¿Amas a Dios por encima de todo? ¿Alguna vez te has enojado tanto contra alguien que quisieras que muriera? ¿Has mirado a otra persona con lujuria? ¿Has tomado algo que no te pertenece? ¿Cuántas mentiras has dicho en tu vida? El punto de todo esto es mostrar que no hay personas suficientemente buenas para ganar el cielo. Pero aun así, Dios, en Jesús, ofrece gratuitamente algo muchísimo mejor que el dinero –la salvación–.

Otra cosa que puedes hacer es una prueba de inteligencia: ¿Qué es más grande que Dios, peor que el maligno, los muertos lo comen y que si los vivos lo comen, entonces mueren? Respuesta: nada. Dile a la persona que somos fácilmente engañados y que algo en lo que no podemos darnos el lujo de estar equivocados es con respecto a nuestra relación con Dios y dónde pasaremos toda la eternidad. Para eso, haz preguntas como “¿hay un Dios?”, “¿son los estándares de Dios iguales a los nuestros?”, “¿hay un infierno?”, “¿no vamos al infierno viviendo una buena vida?”. Comparamos la respuesta con lo que la Biblia enseña. Hay otra prueba de inteligencia para los más matemáticos: “mil” más “cuarenta”. Ahora súmale otros “mil”. Súmale “diez”. “Mil” más. Súmale “cuarenta”. Ahora súmale “diez” más. ¿Cuál es el total? Respuesta: 3100.

Living Waters [Aguas Vivientes] es un ministerio que ayuda a los cristianos a compartir su fe de forma efectiva y bíblica. En su tienda en línea puedes recursos como estos para evangelizar.

Para más información sobre cómo evangelizar, te invitamos a escuchar el sermón Una introducción al evangelismo y a leer el artículo Formas de evangelizar.

Spurgeon sobre “6 razones por las que Dios salva a los peores pecadores”.

Primero, porque ilustra el gran poder del evangelio. El Señor parece haber dicho: “Extenderé mi mano y salvaré a algunos de los peores pecadores para que, a lo largo de todo el tiempo, se sepa que mi evangelio puede lograr la salvación de todo tipo de pecadores –incluso de los más despreciados–. Por muy depravados y caídos que sean, no pueden haber ido más allá del alcance del evangelio de mi Hijo”.

Segundo, porque magnifica Su misericordia. Cuando, en gran ternura, Él viene y mira el pecado como una enfermedad; entonces, mientras peor es la enfermedad, más es Su compasión.

Tercero, porque confunde a la justicia propia. “Debido a que dices que no necesitas un Salvador, no tendrás un Salvador. No vine a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Baja de tu elevado pináculo, Sr. Fariseo, que le agradeces a Dios que no eres como los demás hombres. Párate al lado del pobre recaudador de impuestos que has despreciado y grita como él: “Dios, sé propicio a mí, pecador”; y luego ve si Dios no te tratará con misericordia también.

Cuarto, porque anima a los predicadores del evangelio. Te contaré un secreto: los ministros somos, a menudo, un grupo de hombres muy débiles de corazón. Dios, a menudo, alienta a Sus siervos sacando de entre los impíos algunos de estos grandes pecadores, lavándolos más blancos que la nieve en la preciosa sangre de Jesús y llevándolos a su reino en la tierra, en anticipación del tiempo en que serán recibidos en su reino arriba.

Quinto, porque anima a otros grandes pecadores a venir a Él. Conocí a un hombre que dijo: “Temo que no puedo ser salvo, porque he sido un pecador tan terrible”; pero, un día, se encontró con uno de sus viejos compañeros, que solía maldecir, beber y mentir, y al saber que había sido salvado, él se dijo a sí mismo: “¡Oh! Yo también podría ser salvo”.

Sexto, porque Él obtiene de ellos gran amor, celo intenso y mucho fervor. Cuando el Señor salva a un gran pecador, ¡cómo lo amará ese pecador y cómo hablará de él a otros pecadores! Una mujer, que ha sido sacada de gran pecado a los caminos de la virtud y el honor, es la que se regocijará en rescatar a otros de una vida de pecado y vergüenza. Si encuentra a un hombre al que se le ha permitido conocer las profundidades del pecado, él es el que se deleitará en ir a buscar a los que se hunden en esa terrible inundación.

Este artículo es un extracto, tomado por Misael Susaña, de: Charles H. Spurgeon. A Marvellous Change [Un cambio maravilloso]. Traducción de Misael Susaña.

 

La Palabra de Dios es incomparable.

Salmos 119, el capítulo más largo de la Biblia, es un salmo que expone las excelencias de la Palabra de Dios. Y entre todas las cualidades de la Palabra de Dios que el salmista da, él dice en el versículo 18 lo siguiente: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”.

La palabra “maravillas” significa algo incomparable, extraordinario. La misma palabra se utiliza en Éxodo 34:2 cuando Dios dijo que haría maravillas que no se habían hecho en toda la tierra. Y nótese que esta palabra –“maravillas”– se le adscribe a la Palabra de Dios. Es decir, la ley de Dios es maravillosa o la ley de Dios contiene maravillas. La oración del salmista no es que Dios haga a Su ley maravillosa, sino que Dios abra sus ojos para reconocer las maravillas que la ley ya contiene.

Es muy importante entender eso. La labor del predicador no es adornar la Palabra de Dios para hacerla más interesante –como si ésta fuera aburrida–. ¡No! La película Los Vengadores: endgame es aburrida en comparación con la Palabra de Dios. Y si no lo creemos así, necesitamos que Dios abra nuestros ojos espirituales.

La labor del predicador, durante la preparación del sermón, es orar que Dios abra sus ojos espirituales para ver. La labor del predicador, durante la presentación del sermón, es ser fiel a la Palabra de Dios –sin desviarse a la derecha o a la izquierda y sin agregarle o quitarle–. Porque la Palabra de Dios es maravillosa por sí misma.

Y la Palabra de Dios es en donde encontramos el maravilloso evangelio de Jesucristo. El himno Cordero de gloria lo expresa de la siguiente manera:

Dios al mundo descendió;
mi castigo en sí tomó;
Pena y muerte él sufrió,
mas con poder resucitó.

Al Cordero gloria,
oh, qué excelsa historia;
El nos salva por su amor,
¡Dad al Cordero gloria!