4 verdades profundas en Robot Salvaje.

Robot Salvaje (The Wild Robot) es una película animada dirigida por Chris Sanders y basada en la serie de libros (que lleva el mismo nombre) de Peter Brown. La cinta tuvo un estreno mejor de lo esperado y terminó superando los 330 millones de dólares a nivel mundial.

La historia sigue a Roz, una robot diseñada para servir a los humanos que, tras un accidente, naufraga en una isla. Allí, poco a poco, aprende a adaptarse a la naturaleza, establece vínculos con los animales y termina criando a un pequeño ganso huérfano llamado Brillo.

Más allá de hacerme valorar aún más el amor de mi madre, la película ilustra con claridad las siguientes cuatro verdades:

La maternidad

Cuando una zarigüeya —madre de una numerosa camada— le dice a Roz: “este gansito es tuyo”; ella responde que no, argumentando que el pequeño “emite ruidos y hace que las tareas sencillas sean complicadas o imposibles”. Añade además: “No cuento con la programación para ser madre”. A lo que la zarigüeya replica: “Nadie la tiene, así que improvisamos”.

Este diálogo resulta profundamente contracultural. Vivimos en una época en la que muchos consideran a los hijos, en el mejor de los casos, como un obstáculo. Sin embargo, la Biblia los presenta como una bendición y declara dichosos a los padres que los tienen (Salmos 127:5).

En una cultura donde no pocas madres recurren al aborto bajo la idea de no estar listas para la maternidad, la decisión de Roz de criar a Brillo —en lugar de entregarlo a morir— plantea un reto que merece ser asumido.

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