¡Eso sí es amor verdadero!

Decir “te amo” a tu pareja es algo a lo que le damos mucha importancia. Se han hecho extensas investigaciones sobre quién es el primero en decir “te amo” en una relación. Se han escrito artículos sobre cuándo decir “te amo” por primera vez. Y se han dado incontables razones por las cuales las mujeres no deberían ser las primeras en decir “te amo”.

Ahora, cuando leemos 1 Juan 4 aprendemos que Dios es el que nos dice primero “te amo” y nosotros somos los que decimos “yo también te amo”. No lo contrario. Dios tomó la iniciativa de amarnos y nosotros –los que hemos sido regenerados por Su Espíritu– respondimos con amor primero hacia Él y después hacia nuestros hermanos. 1 Juan 4:10 dice:

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados”.

NO AMÁBAMOS A DIOS

En el versículo 10, el apóstol Juan describe en qué consiste el amor, específicamente el amor que Dios tiene por nosotros. Él comienza diciendo: “no en que nosotros hayamos amado a Dios”. Y eso es contrario a como muchos se ven hoy en día; ellos piensan que aman a Dios simplemente porque ellos creen que Dios existe y porque ellos no maldicen a Dios con sus labios. Pero para que el hombre (varón y hembra) sea salvo primero tiene que confesar o ponerse de acuerdo con Dios en lo siguiente: ni tú ni yo amábamos a Dios.

El hombre no nace con un corazón inclinado hacia Dios. El hombre no siempre ha estado buscando de Dios. Más bien, como vemos más adelante en este pasaje, nosotros éramos pecadores y eso es todo lo contrario a ser personas justas y buenas. Nosotros éramos indiferentes a Dios. A nosotros no nos importaba la voluntad de Dios.

Según Efesios 2 nosotros seguíamos la corriente de este mundo, éramos hijos de desobediencia; nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestra voluntad hacían cosas que desagradaban a Dios. Y según Romanos 5 nosotros éramos impíos con un carácter contrario al carácter santo de Dios y éramos sus enemigos con un corazón rebelde a Dios y Su ley.

DIOS SÍ NOS AMÓ A NOSOTROS

Si el amor no está en que nosotros amábamos a Dios, ¿en dónde está el amor? Juan responde: “sino en que Él nos amó”; y después se agrega: “a nosotros” –a ti y a mí–. Aunque Él es digno de nuestro más ferviente amor, nosotros no le amábamos. Aunque nosotros no éramos dignos de tan grande amor, Él nos amó.

A pesar de seguir la corriente de este mundo, de ser desobedientes, de pensar, desear y hacer lo que le desagradaba; Dios nos miró y Su corazón se conmovió, toda Su compasión se encendió. A pesar de tener un carácter contrario a Su carácter y de ser rebeldes; el corazón de Dios se regocijó haciéndonos bien. Obviamente no por nada en nosotros, porque ¿qué teníamos nosotros, sino mucho pecado? Sino que fue porque Él, teniendo abundante amor y siendo Él mismo amor, quiso enamorarse de nosotros.

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Respuestas a las tres causales del aborto [II]

En el artículo anterior vimos que la vida es sagrada, en el sentido de que ésta es digna de veneración y respeto. Y concluimos que, aunque dentro de una mujer, desde la concepción una vida diferente a la vida de la madre comienza. En este artículo voy a responder a las tres causales bajo las cuales muchos demandan que se modifique la Constitución para así despenalizar parcialmente el aborto.

1. CUANDO EL EMBARAZO ES FRUTO DE VIOLACIÓN O INCESTO

Es cierto que una violación sexual es algo muy traumático para la mujer. Nuestros ojos deberían llenarse de lágrimas y deberíamos apretar nuestros puños cada vez que sabemos de una mujer que ha sido violada. Y exigimos que todo el peso de la ley caiga sobre el culpable. Y vuelvo a repetir, sobre el culpable. Si no se hace así, entonces se estará tratando de solucionar un mal con otro mal.

¿Qué pensarías si después de testificar acerca de un robo que alguien hizo a otra persona el juez termina sentenciándote a treinta años de prisión? Algo similar pasa cuando se practica el aborto fundamentado en este primer argumento. La violación sexual es un crimen que debe ser castigado. Pero cuando se practica un aborto, porque el embarazo fue fruto de una violación, se está castigando a la persona incorrecta.

¡La criatura en el vientre es inocente! ¿Por qué castigar con una sentencia de muerte a quien no ha hecho nada malo?

2. CUANDO EXISTE MALFORMACIÓN CONGÉNITA DEL FETO

Una malformación congénita o una enfermedad que se manifiesta desde antes del nacimiento es algo duro tanto para la criatura que va a nacer como para los padres de ésta. Pero eso tampoco es una razón válida para abortar, recordemos que estamos hablando de la vida de una persona –aunque en desarrollo, sigue siendo una vida–. Por lo tanto, debemos cuidarla y defenderla.

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Respuestas a las tres causales del aborto.

La vida es sagrada, en el sentido de que ésta es digna de veneración y respeto. Por eso la celebramos, la cuidamos y la defendemos. Ahora, en el debate sobre el aborto, algunos de los que lo apoyan también dicen con sus bocas que la vida es sagrada. Ellos afirman que quien se aborta no tiene vida todavía y, por lo tanto, no es alguien, sino algo. Y es por eso que, antes de responder a las tres causales del aborto, me gustaría que consideremos cuándo comienza la vida.

¿CUÁNDO COMIENZA LA VIDA?

Según la Constitución Dominicana (2015), la vida comienza desde la concepción; es decir, desde el momento en el que el espermatozoide entra en el óvulo y da lugar al desarrollo del embrión. El artículo 37 de nuestra Constitución dice:

“Derecho a la vida. El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

Eso no es algo que se encuentra sólo en la Constitución Dominicana; la Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) también reconoce que la vida comienza desde la concepción. En su artículo 4.1, este tratado internacional dice:

“Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”.

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La Mujer Maravilla, nuestro pecado y el amor de Dios.

La Mujer Maravilla es una superheroína ficticia de DC Comics. Diana de Temiscira es una princesa guerrera amazona con superpoderes, hija de la reina Hipólita y del dios Zeus. Y en el 2017 se lanzó la película Wonder Woman, dirigida por Patty Jenkins, la cual relata cómo después de que el avión de Steve Trevor se estrellara en la costa de la isla de las amazonas, la princesa Diana fue con él para matar a Ares (el dios de la guerra) y así acabar con la Primera Guerra Mundial.

TODOS SOMOS CULPABLES

Casi al final de la película Diana se lleva un par de sorpresas. Al matar a Erich Ludendorff, quien ella pensaba que era Ares, Diana ve sorprendida que los hombres no dejan de pelear. Steve Trevor entonces le explica que “las personas no siempre son buenas. Con Ares o sin Ares. Tal vez es lo que son… Todos somos culpables”.

Después, ella se encuentra frente a frente con el verdadero Ares y éste último le dice que los seres humanos “siempre han sido y siempre serán débiles, crueles, egoístas y capaces de los peores horrores”. Y agrega: “durante todos estos años he luchado solo, susurrando en sus oídos ideas, inspiración, para crear fórmulas, armas. Pero no los obligo a usarlas. Ellos provocan sus guerras”.

Esa es una triste verdad que muchos no están dispuestos a admitir. La Biblia dice: “Dios hizo rectos a los hombres, pero ellos se buscaron muchas artimañas” (Ecl. 7:29). Tras la desobediencia de Adán en el jardín del Edén y la entrada del pecado al mundo, el “SEÑOR ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres para ver si hay alguien que entienda, alguien que busque a Dios. Pero todos se han desviado, a una se han corrompido; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno” (Sal. 14:2, 3). Y eso no quiere decir que las personas son tan malas como pueden serlo, por la gracia común de Dios eso no es así. Sin embargo, si El retirara esa gracia, veríamos como las personas son “capaces de los peores horrores”.

Santiago 1 dice que cuando somos tentados no deberíamos decir que es Dios quien nos está tentando. Pero para sorpresa de muchos Santiago tampoco dice que deberíamos decir que es Satanás quien nos está tentando –aunque ciertamente él tienta–. Santiago dice lo siguiente: “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión” (Stg. 1:14). Porque como dijo Jesús: “Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias” (Mat. 15:19).

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