Según la revelación de Dios en Su Palabra, no existen “mentiras piadosas” ni “mentiras blancas”. Y una verdad a medias también es una mentira. Esos calificativos no son más que intentos humanos de suavizar la gravedad de un pecado que Dios toma muy en serio.
En este artĂculo, quiero compartir al menos tres pasajes bĂblicos que nos muestran con claridad la seriedad del pecado de la mentira:
Juan 8
AquĂ encontramos una intensa discusiĂłn entre JesĂşs y algunos judĂos que se consideraban el pueblo de Dios por ser descendientes fĂsicos de Abraham. Sin embargo, JesĂşs les confronta mostrándoles que una descendencia fĂsica no significa una descendencia espiritual.
El razonamiento de JesĂşs es contundente: los hijos reflejan las obras de su padre. Si ellos fueran verdaderos hijos de Abraham, harĂan las obras de Abraham; y la obra principal de Abraham fue creer en el MesĂas. Pero ellos no estaban creyendo en JesĂşs, el MesĂas prometido, por lo tanto, no eran hijos de Abraham en el sentido espiritual.
TambiĂ©n afirmaban ser hijos de Dios. Pero JesĂşs aplica el mismo razonamiento: si fueran hijos de Dios, amarĂan al Hijo de Dios. Como no amaban a JesĂşs, evidenciaban que no eran hijos de Dios.
Entonces surge la pregunta inevitable: Âżde quiĂ©n eran hijos? JesĂşs responde con una declaraciĂłn fuerte y directa: eran hijos del diablo, porque estaban haciendo sus obras. Él explica que el diablo ha sido homicida desde el principio —y ellos querĂan matar a JesĂşs—, pero tambiĂ©n añade algo clave para nuestro tema: el diablo “no se ha mantenido en la verdad… no hay verdad en Ă©l… habla mentira… es mentiroso y el padre de la mentira” (v. 44).
En el libro de GĂ©nesis, Dios le dijo a Adán que si comĂa del árbol prohibido iba ciertamente a morir. Pero Satanás dice que si comĂan del árbol no iban a morir, sino que serĂan como Dios. Tristemente, Adán y Eva prefirieron creer la mentira de Satanás que la verdad de Dios y murieron.
Ellos rechazaban la verdad acerca de JesĂşs y no creĂan en Él como el Salvador prometido.
Cada vez que una persona miente, en el mejor de los casos, se asemeja más a un hijo del diablo que a un hijo de Dios. Y en el peor de los casos, una persona que miente manifiesta que es hijo del diablo. Me imagino al diablo desde las gradas, cada vez que se habla mentira, gritando: “¡Ese es mi hijo! ¡Estoy orgulloso de ti!”.
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