Jesús no es [sólo] un maestro bueno.

A partir del encuentro del joven rico con Jesús, el pastor Misael Susaña nos enseña que Jesús es mucho más que un maestro bueno y nos enseña cómo debemos responder a eso.

¿Quién es Dios para decirme lo que debo hacer?

Vivimos en un tiempo en el cual meterse en los asuntos de otra persona es casi un crimen. Se enseña que si no te han pedido consejo, no deberías darlo. Y si por un momento se te olvida y lo haces, es muy probable que te respondan con un “ocúpate en tus propios asuntos”.

Ahora, cuando abrimos la Biblia y pasamos sus páginas, nos encontraremos con un Dios que nos da consejo sin nosotros habérselo pedido primero. Por ejemplo, tan temprano como en Génesis leemos las siguientes palabras que Dios dijo al hombre: “del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás” (Génesis 2:17). Ahora, los consejos de Dios son más que esos consejos que tú y yo damos, Sus consejos son más bien mandatos que Dios espera que obedezcamos. Es por eso que en el versículo 16 se dice: “el SEÑOR Dios ordenó al hombre”. Y, muy unido a lo anterior, Dios castiga a aquellos que no obedecen Sus mandamientos. Él dejó eso claro en la orden que le dio al hombre: “porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (v. 17).

Si yo fuera el que te diera un consejo sin tú antes habérmelo pedido, te dijera que debes tomarlo (no meramente que puedes tomarlo) y si te amenazara con castigarte por no tomarlo; en el mejor de los casos, me preguntarías quién me creo yo para hablarte de esa manera.

DIOS ES CREADOR

Si alguna vez te has preguntado, o si alguna vez alguien te ha preguntado, “¿quién es Dios para decirme lo que debo hacer?”; Génesis tiene la respuesta. Génesis 1:1 dice: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”. Dios no es como tú y como yo. Dios es el Creador de todo lo que existe.

Él es el Creador del tiempo (en el principio), del espacio (los cielos) y la materia (la tierra). Él es el Creador de las plantas y los animales. Él es el Creador del hombre (varón y hembra): “Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

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Obediencia por Su Espíritu.

Una de las líneas de la última estrofa de Mi vida es Cristo [All I have is Christ], en su letra original, dice: “La fuerza para obedecer tus mandamientos / nunca podría venir de mí”. Y la traducción oficial al español de esa misma línea dice: “Tus mandamientos seguiré / por tu poder en mí”. Allí hay dos verdades no contradictorias, sino complementarias.

En Ezequiel 36 Dios le recuerda a Israel la conducta y obra pecaminosa de ésta. Él les dice que la conducta de ellos fue impura al ellos abandonar a Dios y abrazar distintos ídolos. Dios también les dice que fue debido a eso que Él derramó Su furor sobre ellos y los esparció entre las naciones (vv. 16-19).

Dios, entonces, se propone vindicar la santidad de Su santo nombre que había sido profanado (v. 23). ¿Cómo Él vindicaría Su santo nombre? Recogiendo Su pueblo de todas las naciones, llevándolos a su propia tierra, limpiándolos de sus inmundicias y haciendo que ellos cumplan Sus ordenanzas (vv. 24-32).

En Ezequiel 36:27 Dios promete lo siguiente: “Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas”. Dios sabe que dejados a nuestras propias fuerzas nunca vamos a poder obedecer Sus mandamientos. ¿Qué hace Dios, entonces, para asegurarse de que le obedezcamos? Él pone en nosotros Su Espíritu; quien no sólo nos inclina a Sus mandamientos, sino que también nos da el poder para obedecerlos.

Ezequiel está hablando exactamente lo mismo que Jeremías comienza a hablar en el capítulo 31, el nuevo pacto. Nuevo pacto que fue ratificado por la sangre derramada de Jesús, quien les dijo a Sus discípulos: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos” (Mc. 14:24). Y nuevo pacto del cual tú y yo somos beneficiarios si hemos confiado en Jesús. Porque tal como nos enseñó el apóstol Pablo: “los que son de fe, estos son hijos de Abraham” (Gál. 3:7).

Si tú eres cristiano, Dios ha puesto Su Espíritu Santo dentro de ti. ¿Para qué? Para que puedas obedecer Sus mandamientos. Así que, cuando seas tentado a pecar y pienses que no puedes hacer otra cosa que no sea pecar, recuerda que el Espíritu Santo está dentro de ti y no peques. En medio de la tentación puedes cantar: “Tus mandamientos seguiré / por tu poder en mí”.

¿No es eso asombroso? La tercera persona de la trinidad mora dentro de ti. Y ahora se te ha dado la capacidad para hacer eso –obedecer los mandamientos de Dios– que no podrías hacer en tus propias fuerzas. Eso es gracia.