Me gusta escribir con la luz.

Me encanta la fotografía. Me encanta tomar mi cámara fotográfica, encuadrar, enfocar y presionar el disparador, para así capturar una imagen. Me gusta tanto la fotografía porque por ella puedo capturar y contemplar [por un largo tiempo] la bella imagen de la creación de Dios, una creación que cuenta la gloria de Dios (Sal. 19:1). Detenerme y contemplar la creación de Dios en detalle hace que mi corazón se llene de emoción y entone una alabanza al Creador.

Lamentablemente, muchos se han acostumbrado al ritmo rápido de este mundo y no observan con detenimiento la creación de Dios. Otros se han acostumbrado de tal manera a la creación de Dios, que muchas veces no les parece tan maravillosa como en realidad ella es (Sal. 72:18; 77:14; 86:10). Pero con la fotografía yo puedo capturar algunos detalles de la creación de Dios, contemplarlos y repetir las palabras del salmista: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. En ellos puso una tienda para el sol, y éste, como un esposo que sale de su alcoba, se regocija cual hombre fuerte al correr su carrera. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el otro extremo de ellos; y nada hay que se esconda de su calor” (Salmos 19:1-6). Y cantar las palabras de Folliott S. Pierpoint en su himno Por la excelsa majestad:

“Por la excelsa majestad de los cielos, tierra y mar… Por la calma nocturnal, por la tibia luz del sol, por el amplio cielo azul, por el árbol, por la flor; Te ofrecemos, oh Señor, alabanzas con fervor. Por la mente, el corazón, los sentidos que nos das, que tu inmensa creación nos permiten apreciar; Te ofrecemos, oh Señor, alabanzas con fervor”.

Como es errático atribuir el adjetivo “profesional” a la cámara en vez de al fotógrafo, así de errático también es sólo exclamar “¡qué gran foto!” y no exclamar “¡qué gran Dios!”. Me gusta resumirlo de la siguiente manera: «No: “Wow!”; sino: “¡Aleluya!”. Más que una gran foto, un gran Dios». Sí, se reconoce al fotógrafo, pero como aquel que ha recibido una gracia, no como el autor último de ésta.

Dice la Palabra de Dios, que El vio todo lo que había hecho y concluyó que todo [lo que El había hecho] era bueno, en gran manera (Gen. 1:31). Aunque la creación fue sujeta a vanidad (Ro. 8:19-21) por causa del pecado del hombre, aun así, ésta no ha perdido toda su belleza (Sal. 8:1-4).

Mi exhortación es que te detengas y contemples la maravillosa creación de Dios, no porque Dios es la creación y la creación es Dios –como dicen los panteístas–, ni para que adores la creación; sino porque la creación tiene algo que contar, contempla la creación y oye historia de la gloria de Dios que ésta anuncia, y así levantes tus manos, tu corazón y tu voz en alabanza a Dios, «al único que hace grandes maravillas» (Sal. 136:4).

Puedes ver mis fotografías aquí: http://500px.com/misaelsm

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