Al inicio de esta serie de artículos vimos que en Colosenses 3:9 se nos manda a no mentir los unos a los otros. Pero el texto no se queda ahí. El mismo versículo añade: “puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos”, y el versículo 10 continúa: “y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento”.
El “viejo hombre” hace referencia a esa naturaleza que es esclava del pecado. El “nuevo hombre”, en cambio, señala la nueva naturaleza que ha sido liberada de esa esclavitud y ahora quiere agradar a Dios y le obedece.
«La gramática griega indica que este es un evento que ya ocurrió. Un cambio de identidad ya se ha producido en la vida de los creyentes. Ahora deben adecuar su comportamiento a su nueva identidad» (ESV Global Study Bible).
Es decir, el apóstol Pablo fundamenta el mandamiento de no mentir en una realidad: si eres un verdadero creyente, hubo en ti una naturaleza dominada por prácticas pecaminosas —entre ellas la mentira—, pero ahora hay una nueva naturaleza, creada “según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.
Esto no significa que ya no debas esforzarte por dejar la mentira y hablar la verdad. Al contrario, implica dos realidades importantes:
Primero, tus esfuerzos por abandonar la mentira y hablar la verdad son evidencia de que eres una nueva creación en Cristo Jesús. Segundo, tus esfuerzos no serán en vano. Tus esfuerzos darán buenos resultados. Y eso porque Dios te ha provisto todo lo necesario para obedecer este mandamiento —y todos los demás.
Así que, cuando estés siendo tentado a mentir, o incluso cuando puedas anticipar (evita todo lo que pueda tentarte a pecar) situaciones en las que serás tentado, toma la siguiente decisión—en dependencia del Espíritu Santo—: “No voy a mentir, porque Dios es mi Padre. No voy a mentir, porque en Cristo mis viejas prácticas han sido crucificadas. No voy a mentir, porque el Espíritu Santo que vive en mí me ha dado una nueva identidad y un nuevo poder para obedecer”.
Y no enfrentes la tentación desarmado. Usa la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.
De hecho, diversos estudios —como los realizados por Randolph-Seng y Nielsen— sugieren que cuando a una persona se le recuerda un mandamiento justo antes de enfrentar una tentación, la probabilidad de mentir disminuye significativamente.
Por eso, te animo a memorizar la Palabra. Especialmente aquellos textos que hemos considerado hoy, y otros que hablen sobre el tema. Hazlo con la esperanza de que, en el momento de la tentación, el Espíritu Santo te los recuerde y así puedas resistirla.
Consejo extra
En Génesis 12 y 22 se relata que Abraham recurrió a la mentira porque estaba dominado por el miedo. Esto nos ayuda a ver algo importante: muchas veces, la mentira no es el problema principal, sino el fruto visible de un problema más profundo: el miedo.
Si ese es tu problema, si la raíz de la mentira es el temor al hombre, entonces la solución bíblica es aprender a temer a Dios más que a los hombres. Recuerda que temer a los hombres más que a Dios es como preferir bofetear un león en vez de un gato.