EL CANTO PUEDE AYUDARNOS A USAR PALABRAS PARA DEMOSTRAR Y EXPRESAR NUESTRA UNIDAD
Cantar nos permite pasar largos perĂodos de tiempo comunicando los mismos pensamientos, la misma pasiĂłn y la misma intenciĂłn. Los cientĂficos han encontrado que cantar colectivamente produce un cambio quĂmico en nuestros cuerpos que contribuye al sentido de uniĂłn.
Dios es honrado cuando cantamos solos, cuando una persona musicalmente dotada lleva a cabo un solo, cuando un coro canta o cuando diferentes segmentos de una iglesia cantan uno al otro –tomando turnos. Pero el Ă©nfasis predominante de la Escritura son creyentes confesando juntos sus creencias comunes. El libro de Apocalipsis no da la impresiĂłn de que JesĂşs muriĂł por solistas independientes, personas que cantarĂan por ellas mismas en sus propias nubes o en diferentes secciones de la tierra renovada. El muriĂł para redimir un coro universal. Eso significa que cada voz en la iglesia importa. Somos llamados a cantar con otros, especialmente en el contexto de nuestra iglesia local. La pregunta no es: «¿Tienes buena voz?»; sino: «¿Tienes una canciĂłn?».
Canta canciones que unan a la iglesia en vez de dividirla. Debemos apreciar los diversos gĂ©neros musicales y estilos que Dios ha dado a diferentes culturas, grupos Ă©tnicos y generaciones. Pero la mĂşsica en la iglesia nunca fue destinada para ser «algo para cada persona». Debe haber un estilo musical en comĂşn que hable a la mayorĂa de los individuos en nuestra iglesia y ocasionalmente introducir nuevas canciones y estilos, para que podamos apreciar la gloria de Dios expresada en nuevas maneras de mĂşsica. Pero lo más importante debe ser el sonido de las propias personas. Dios nos manda en numerosas partes de la Escritura a adorarle con instrumentos (Sal. 33:2, 3; 81:2; 150), cuyo propĂłsito principal es apoyar el canto apasionado, lleno de fe y centrado en el evangelio. Es por eso que siempre animo a los lĂderes en la iglesia a tomar tiempo para cantar a capela; sea una lĂnea, un verso o una canciĂłn completa. El sonido que une a la iglesia debe ser el sonido de las voces, no el de un estilo musical en particular. Cuando las personas se enfocan en ese sonido (el de las voces) y en el hecho de que JesĂşs lo hizo posible, el estilo se vuelve secundario. Continuar leyendo Kauflin sobre «¿QuĂ© pasa cuando cantamos?» [III]