Ante el Trono Celestial – Sovereign Grace Music

LETRA

Ante el trono celestial
El intercede hoy por mí
Gran Sacerdote es Jesús
Quien por siempre vivirá
Y en sus manos por su amor
Mi nombre ya grabado está
Y mientras en el cielo esté
Nadie de El me apartará
Nadie de El me apartará.

Cuando he caído en tentación
De sentir condenación
Al ver al cielo encontraré
Al inocente quien murió
Y por su muerte el Salvador
Ya mi pecado perdonó
Pues Dios el justo aceptó
Su sacrificio hecho por mí
Su sacrificio hecho por mí.

He aquí el Cordero Redentor
Quien al morir resucitó
El inmutable gran Yo Soy
El Rey de gloria y majestad
Unido a El no moriré
Pues con Su sangre me compró
Mi vida escondida está
En Cristo Dios y Salvador
En Cristo Dios y Salvador.

Letra original de Charitie Lees Bancroft (1841-1892), letra diferente y musica de Vikki Cook
©1997 Sovereign Grace Worship (ASCAP)

Kauflin sobre «¿Qué pasa cuando cantamos?» [III]

EL CANTO PUEDE AYUDARNOS A USAR PALABRAS PARA DEMOSTRAR Y EXPRESAR NUESTRA UNIDAD

Cantar nos permite pasar largos períodos de tiempo comunicando los mismos pensamientos, la misma pasión y la misma intención. Los científicos han encontrado que cantar colectivamente produce un cambio químico en nuestros cuerpos que contribuye al sentido de unión.

Dios es honrado cuando cantamos solos, cuando una persona musicalmente dotada lleva a cabo un solo, cuando un coro canta o cuando diferentes segmentos de una iglesia cantan uno al otro –tomando turnos. Pero el énfasis predominante de la Escritura son creyentes confesando juntos sus creencias comunes. El libro de Apocalipsis no da la impresión de que Jesús murió por solistas independientes, personas que cantarían por ellas mismas en sus propias nubes o en diferentes secciones de la tierra renovada. El murió para redimir un coro universal. Eso significa que cada voz en la iglesia importa. Somos llamados a cantar con otros, especialmente en el contexto de nuestra iglesia local. La pregunta no es: «¿Tienes buena voz?»; sino: «¿Tienes una canción?».

Canta canciones que unan a la iglesia en vez de dividirla. Debemos apreciar los diversos géneros musicales y estilos que Dios ha dado a diferentes culturas, grupos étnicos y generaciones. Pero la música en la iglesia nunca fue destinada para ser «algo para cada persona». Debe haber un estilo musical en común que hable a la mayoría de los individuos en nuestra iglesia y ocasionalmente introducir nuevas canciones y estilos, para que podamos apreciar la gloria de Dios expresada en nuevas maneras de música. Pero lo más importante debe ser el sonido de las propias personas. Dios nos manda en numerosas partes de la Escritura a adorarle con instrumentos (Sal. 33:2, 3; 81:2; 150), cuyo propósito principal es apoyar el canto apasionado, lleno de fe y centrado en el evangelio. Es por eso que siempre animo a los líderes en la iglesia a tomar tiempo para cantar a capela; sea una línea, un verso o una canción completa. El sonido que une a la iglesia debe ser el sonido de las voces, no el de un estilo musical en particular. Cuando las personas se enfocan en ese sonido (el de las voces) y en el hecho de que Jesús lo hizo posible, el estilo se vuelve secundario. Sigue leyendo Kauflin sobre «¿Qué pasa cuando cantamos?» [III]