En una ocasión, un escriba (experto en las Escrituras) se acercó a JesĆŗs y le preguntó cuĆ”l era el mandamiento mĆ”s importante de todos. La respuesta de JesĆŗs fue: āAmarĆ”s; amarĆ”s a Dios con todo tu ser y [el segundo] amarĆ”s a tu prójimo como a ti mismoā (Mc. 12:30,31). AsĆ JesĆŗs nos enseñó que el amor por Dios, producido por el EspĆritu Santo, es el motor que nos mueve a obedecer con gozo todos Sus mandamientos; JesĆŗs tambiĆ©n nos enseñó que el amor hacia nuestros semejantes es una manifestación de nuestro amor por Dios (1 Jn. 4:20-21).Ā En Marcos 12:32 se relata como el escriba asintió a las palabras de JesĆŗs: āMuy bien, Maestro; con verdad has dichoā. A lo que JesĆŗs responde de la siguiente manera: āNo estĆ”s lejos del reino de Diosā (v. 34). Ese escriba no estaba lejos… Pero aĆŗn no estaba dentroĀ del reino de Dios.
Al igual que aquel escriba, hoy hay personas que no estĆ”n lejos del reino de Dios. Estas personas visitan regularmente la iglesia (el templo), leen la Palabra de Dios, son consideradas como Ā«buenas personasĀ» dentro de la sociedad e incluso pueden āal igual que el escribaā ver como ciertas las palabras de JesĆŗs. Pero, tambiĆ©n al igual que aquel escriba, estas personas necesitan entrar en el reino de Dios al ir a Jesucristo con arrepentimiento y fe. Para ser salvados del pecado, de la condenación eterna y para gozar de la comunión con el SeƱor Jesucristo es necesario, no meramente estar cerca, sino estar dentro del reino de Dios.
A ti que todavĆa no estĆ”s dentro del reino de Dios, te digo que si no entras por Jesucristo (Jn. 10:9), allĆ, cerca del reino de Dios, pero aĆŗn fuera, morirĆ”s. Ā”Oh, que este no sea tu caso! AsĆ que, ven y entra en el reino de Dios. ConfĆa en Jesucristo como tu Ćŗnico Salvador y SeƱor, ve a Ćl arrepentido de todos tus pecados y entrarĆ”s en el Reino de Dios; serĆ”s salvado, todos tus pecados serĆ”n perdonados y gozarĆ”s de la comunión con el SeƱor Jesucristo.